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Los entes pudientes son insolventes

La En un libro llamado “1611 – 2011” escribí, bajo el título “Productos que se echaron a perder”: “En 1919, la Constitución en su artículo 100 autorizó la creación de empresas del Estado con fines de lucro.

La En un libro llamado “1611 – 2011” escribí, bajo el título “Productos que se echaron a perder”: “En 1919, la Constitución en su artículo 100 autorizó la creación de empresas del Estado con fines de lucro.

A la figura peligrosa de poner en manos de burócratas inamovibles de hecho, el trabajo de producir, se agregó, en muchos casos, algo peor: el objeto de la empresa se cumplirá gozando de un monopolio otorgado por ley. Esta concesión extraordinaria asegura el éxito lucrativo de la empresa y la prisión de los consumidores que serán obligados a pagar el precio que sea, para comprar lo que vende únicamente, el Estado.
La norma constitucional le permitió a los sucesivos gobiernos gravar a los consumidores de manera indirecta; impusieron tributos disfrazados de precios administrativos; una situación anterior a la Carta Magna del 1415.
Los entes autónomos que posteriormente fueron modelados por la Constitución, tardaron algo en degenerar, pero terminaron degenerándose, en razón directa a la debilidad de los sucesivos gobiernos, a los cuales les resulta más amable repartir ventajitas entre los funcionarios, que verter ganancias en Rentas Generales.
Pasó en el Uruguay (está pasando) lo que pasó en la Unión Soviética: los medios de producción en manos del Estado y monopólicos, hacen empresas colosales; y las corporaciones gremiales gigantescas, terminan siendo más poderosas que el gobierno; por consiguiente, funcionan sin excepción en beneficio del gremio; y en contra del interés general del país.
En 1985, cinco años antes de la caída del muro de Berlín, cuando el canciller de la Unión Soviética visitó Montevideo, en el curso de una cena con el Presidente Sanguinetti, Eduardo Shevarnadze dijo inolvidablemente:
-- Hemos llegado a la conclusión que la manera de formar los precios en el mundo capitalista, es superior a la nuestra.
“Pravda” el diario oficial soviético, publicó poco después un editorial donde se explicaba desembozadamente el error histórico en el cual había incurrido el socialismo ruso:
-- “Ni uno solo de los 170 sectores esenciales (de nuestra economía) ha cumplido los objetivos del plan, ni una sola vez durante los últimos 20 años... Esto trajo una reacción en cadena de esfuerzos (estériles) que nos ha llevado a una “anarquía planificada”... El desequilibrio ha afectado cada poro de nuestra economía.” (1)
Miro el presente: La paradoja que se da actualmente en el Uruguay, está en esa línea. El once de agosto pasado, el diario El Pais encabeza su carátula con un título a ocho columnas: “Deterioro fiscal es causado por situación de empresas públicas” y el tema, bien desarrollado por Horacio Bafico y Gustavo Michelin, no admite discusión:
-- “El deterioro fiscal no deriva directamente de una aceleración en el ritmo de expansión de las erogaciones directas de la administración central, sino por el desempeño de las empresas públicas. Son varios los aspectos que influyen en el deterioro de tales empresas, algunos reales y otros derivados de criterios contables.”
El planteamiento observa con acierto lo que está sucediendo en los últimos años. El desastre de las empresas públicas que pierden dinero administrando industrias monopólicas, es un hecho degenerativo, cuyas raíces vienen de más lejos.
Ute perdió unos cuatro mil millones de dólares comprando la electricidad que no supo producir, durante las sequías del 2003, 2006 y 2012. Pagó, en esas tres ocasiones, hasta 500 dólares por megavatio, cuando pudo haberlo producido con 31 dólares de uranio. Ese agujero enorme en dinero y en falta de visión, tuvo que ser cubierto por Rentas Generales, supongo; y terminó, engrosando el déficit, que se enjugó con deuda pública.
Lo que no previó ni lamentó Ute, ni antes ni después de su gran desastre, fue la carga que pagarán las generaciones futuras.
Después de haber acrecido nuestro Producto Interno Bruto, no solo ignoramos cómo se podrá industrializar el país, sino que las empresas del Estado monopólicas ¡se funden! Algo nunca visto. Los planes para producir la electricidad que reclaman nuestras nuevas materias primas (celulosa para fabricar papel; y hierro para producir acero) dependen de la energía barata que debe ofrecer Ute. ¡Y el tema no está en discusión!
La quiebra de nuestra empresa pública encargada de la electricidad, es un hecho suicida. Hace 50 años que Ute estudia cómo producir la energía necesaria y lo único que se le ocurrió, hasta la fecha, fue inventar alicientes para que la gente y la industria consuman menos electricidad. El reverso de un abastecimiento total y a bajo precio.
El caso de Ancap también es misterioso, no se llega a saber cómo hace para vender combustibles de calidad inferior a los que ofrece el mercado internacional, pero a mayor precio; y al mismo tiempo, logra perder cientos de millones de dólares, en un año.
La historia se repite. La gran catástrofe soviética se produjo a finales de la década 80 y fueron las empresas del Estado, las que provocaron el siniestro mayor de nuestro tiempo: la caída por implosión de la Rusia soviética. La misma suerte, en versión portátil, sufre Cuba, que también perdió la libertad, y puso su economía en manos de empleados públicos, a cambio de nada; y vive hundida en sus carencias.
Cuando China continental cobró conciencia del perjuicio que provocan las empresas del Estado, privatizó 370.000 entes industriales y comerciales y libre de ese error descomunal, se encaminó hacia una economía desarrollista en gran escala.
No digo que los entes autónomos del Uruguay provoquen una implosión a la manera soviética. Eso no sucederá por una razón aritmética: la actividad industrial y comercial del Estado abarca en el Uruguay una mitad de nuestra economía y no la totalidad. Digo pues que ese freno oficial le impide al Uruguay desarrollarse en la medida que podría. En el caso del monopolio se llega a extremos delirantes.(caso del agua potable, objeto de una enmienda constitucional risible).
Se trata de una situación sin salida. Basta recorrer la lista de los gobiernos que intentaron reformar el Estado y fueron avasallados. La máquina de impedir se encarga de mantener el estatu quo, sofocando las industrias con precios administrativos perniciosos, para el costo país. Todo lo que toca un monopolio se hace caro y despreciativo en su relación con la clientela (1).
Jiang Zemin el gobernante de China continental que desarrolló en su país la teoría neo liberal, explica porqué las empresas públicas que aumentan los costos, son dañosas.
-- “Las importaciones componen nuestro costo-país y nuestro costo es sagrado: debe ser el menor posible.
Hay pequeños países que son puntos fuertes: precios muy bajos, calidad superior y seriedad en el abastecimiento. Son nuestros socios preferidos.
El mundo camina a la multipolarización y esa liberalización comercial exige una mayor responsabilidad del Estado en su empeño por racionalizar los costos internos. Nuestras reformas le abrieron el camino a nuestra actividad, porque fuimos capaces de reducir los costos de producción.
Si abatimos nuestros costos, nuestra economía será más atractiva para la inversión y más atractiva para nuestros socios (clientes y abastecedores). Solo así lograremos medios de desarrollo suficientes.”
¿Qué pensará el Presidente de Ute, cuando oye estas ideas, después de haber pagado 500 dólares por un kilovatio hora?
(1) Carlos Maggi, “1611 – 2011”, Ed.Fin de siglo, Montevideo, 2012. Pág 70.

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