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Doscientos años después *

Juan Carlos Luzuriaga (del Instituto Militar de estudios Superiores del Uruguay) desarrolla un documentado enfoque sobres “Aspectos militares de las Instrucciones del año XIII”

Juan Carlos Luzuriaga (del Instituto Militar de estudios Superiores del Uruguay) desarrolla un documentado enfoque sobres “Aspectos militares de las Instrucciones del año XIII”

Aparece en este trabajo la oposición sin descanso que se dio entre la capital Buenos Aires y los orientales.

Elijo para comentar, entre otros temas interesantes, el capítulo dedicado al disfrazado de general, Manuel de Sarratea.

Luzuriaga escribe: “El segundo Triunvirato de Buenos Aires, decidió enviar al Ayuí el 23 de abril de 1812 a Manuel de Sarratea, su presidente de turno. Se le otorgó la jerarquía de general para llevar adelante el Sitio de Montevideo y además sujetar al control de la Capital, las fuerzas de Artigas. Sarratea arribó el 13 de junio de 1812. (Archivo Artigas, T IX, P 2).

Un informe reservado de Sarratea a Buenos Aires, el 23 de junio, muestra la queja de reiteradas desobediencias de Artigas y la siguiente descripción: “Las tropas que componen la fuerza de su ejército constituidas en grupos informes de lanceros y fusileros, mezclados con el nombre de Divisiones, ni tienen subordinación, ni componen batallones ni escuadrones, ni admiten las subordinaciones de estas, aplicables a las maniobras precisas de la guerra; solo son temibles al país que pertenecen por los excesos y violencias con que lo han a?igido, pero de ningún modo puede aventurarse con ellos el honor de nuestras armas”. (A.A. T X, p 8)

“ Sarratea es nombrado comandante del Ejército de
Operaciones para el Litoral y la Banda Oriental; y Viana como jefe de Estado Mayor.” (A.A. T IX, p 10)

“ Nos imaginamos a un elegante Sarratea, de ?amante vestuario y con una escolta acorde, deslumbrando con su apariencia y su palabra convincente a los comandantes de milicias. Varios se le sumaron; entre ellos la mano derecha de Artigas en la organización del ejército, Eusebio Valdenegro, y el comandante de los Blandengues, Ventura Vázquez.
Algunos “jefes divisionarios paralelamente se negaron a obedecer las órdenes de Viana y Sarratea.” “Desde Buenos Aires se ordenó que en una sucesiva circunstancia similar no se dudara en fusilar a los o?ciales de cualquier graduación que no cumplieran órdenes.”
(A.A. T IX, p 40)

“Por esas fechas, el día 15 de octubre, el orden de batalla de las milicias artiguistas daba cuenta de unos 1940 hombres.”(A.A. TIX, p 220)

Sarratea persistió en su confrontación más o menos abierta con Artigas y hasta se propuso asesinarlo.” (A.A. T p 267)

“Finalmente, fue obligado a retirarse a Buenos Aires por Rondeau y sus o?ciales, para poner ?n a la desintegración del ejército.”
Comento: Luzuriaga limitado por el espacio, cierra así su valioso estudio, pero la relación Artigas-Sarratea sigue y culmina en una segunda etapa, con el triunfo del oriental, mediante un par de intervenciones magistrales a cargo de sus de sus aliados, los charrúas.

Después del Tratado Rademaker-Herrera, se restablece el sitio de Montevideo y vuelven los tres ejércitos al asedio de Montevideo: uno al mando de Rondeau, otro al mando de Sarratea y el tercero, ahora el más débil, al mando de Artigas.

En esa situación, el jefe de los orientales vence a Sarratea, mediante un recurso típico de la guerra de recursos, usual en el desierto verde de “La Sierra”. El día 16 de enero de 1813, sucede la primera acción; un ataque sin derramamiento de sangre.

Tres días después, Sarratea le escribe a Artigas, una nota amable.
“Cuando entre los defensores de una causa justa se excitan diferencias... cualquier extravío en la opinión merece generosa disculpa.” “No obstante he sabido con asombro que el 16 a la noche, se han tomado algunas caballadas de las divisiones del ejército y los bueyes del parque.” (A. A. T IX , p 206)

El golpe asestado fue demoledor: le sacaron al ejército de Sarratea 2.700 caballos y 700 bueyes; (A.A. T IX p 8). sin que nadie en su campamento registrara el movimiento de semejante tropilla. Este manejo magistral de los caballos, silencioso en la noche, junto a la presencia de las tribus charrúas, acampadas en la estancia de Tomás García de Zúñiga, me lleva a pensar en una hazaña de los indios. Es evidente que los caballos sustraídos fueron llevados por la senda pisoteada del abastecimiento de los tres ejércitos, que llegaba desde esa estancia.

“El 2 de febrero, Sarratea publica un bando que declara a Artigas traidor a la patria. Harto, de recibir agresiones, Artigas le previene: “Parece que usted hace el último esfuerzo para aburrirme.” (A. A. T.IX p 8). “Vuelva (el señor Sarratea) a sentir el peso de nuestros recursos contra él.” (A. A. T XX, p 260) Y esa misma noche, le sacan a Rondeau, la totalidad de los caballos que quedaban en manos de los porteños. Nicolás de Vedia, un oriental, que sirve a las órdenes de Rondeau, escribe el siguiente parte: “A eso de las dos de la mañana tuve aviso de que habían sido sorprendidos los dragones que cuidaban los 300 caballos del cuarto escuadrón, por una partida numerosa del señor Artigas; que se llevaban éstos y que además arreaban bueyes con los cuales se encaminaban al parque que está a retaguardia de este ejército. En consecuencia, hice salir la gente de imaginaria. Volvieron a las dos o tres horas sin haber sentido rumor. El resultado de los partes que se me acaban de dar es que los caballos del cuarto escuadrón (y aun aquellos de los guardias) que los cuidaban, han sido arrebatados… Se me avisa que los caballos pertenecientes al señor coronel y otros oficiales, han sido también, llevados.” (A. A. TIX , p 263)

Después de esta segunda operación, Sarratea duró en el tiunvirato, nueve días. El 22 de febrero fue destituido; y para volver a Buenos Aires ¡Tuvo que pedirle a Artigas los caballos necesarios ! (A. A. T IX, p 282)
Rondeau informó a su gobierno: “El coronel Artigas echó al instante mano de los infinitos recursos que tenía para hacer conocer la importancia de ellos e imponerse a este ejército, hasta arrojar de la provincia al general Sarratea. Empezó a escasear ganado para nuestras tropas, quedó cortada nuestra correspondencia con la capital, y el primer golpe que nos hizo sentir, fue el apresamiento de boyadas y caballadas ejecutado por una maniobra tan rápida que, cuando fue sentida ya la presa era irrecuperable. En un país desprovisto de todo, despoblada la campaña, sin agricultura ni más vituallas que la carne, era segura una victoria cortando al enemigo estos recursos: siempre vence el que está mejor montado. Nosotros estábamos a pie; el ejército oriental a caballo: éste tenía fuerzas sobradas para un choque contra los que pudieran excusarse del sitio. El ejército oriental nos cortó la provisión de ganados hasta el punto de clamar nuestros soldados por falta de alimentos. Un segundo apresamiento de caballos dejó al regimiento de dragones casi a pie.” (A. A., T IX, p 314).

Dos aspectos determinaron el éxito de Artigas: la guerra de recursos solo se podía aplicar en “un país desprovisto de todo”, como dice Rondeau; y Artigas contó la complicidad de Rondeau, a quien le devolvió los caballos que le había sacado, ni bien se fue Sarratea.
El gobierno de Buenos Aires, burlado y derrotado, apabullado, resentido, aprobó lo actuado. Este fue el segundo triunfo de Artigas.

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* Sexta nota sobre “Las instrucciones del año XIII, 200 años después.” Obra coordinada por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro, Ed. Planeta, Montevideo (2013).

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