User Admin

Doscientos años después *

Para seguir a Sarlo (Maestro en Filosofía y Sociedad de nuestra Facultad de Humanidades) esta nota debiera transcribir su aporte, copiando de principio a fin, lo que escribiera. Para encuadrar en el espacio del cual dispongo, me limito al capítulo final:

Para seguir a Sarlo (Maestro en Filosofía y Sociedad de nuestra Facultad de Humanidades) esta nota debiera transcribir su aporte, copiando de principio a fin, lo que escribiera. Para encuadrar en el espacio del cual dispongo, me limito al capítulo final:

-- “Al cabo de este ensayo, creo que pueden extraerse algunas conclusiones, tanto en el plano teórico como en la interpretación de la concepción artiguista de la representación política.

1º) En el plano teórico, el estudio de la cuestión de la representación política muestra la importancia notable que tiene su conceptuación analítica para caracterizar no solo los sistemas políticos contemporáneos, sino para interpretar experiencias históricas.

El análisis conceptual nos muestra que la comprensión del fenómeno de la representación política (a) no puede lograrse estudiándolo desvinculado de otros conceptos políticos, como soberanía, contexto institucional, responsabilidad, etc.; (b) que deben distinguirse aspectos estructurales y aspectos funcionales de la representación política; (c) que es preciso reconstruir el sentido justi?cante de la representación: si predomina una ?nalidad política, o razones tradicionales, culturales, religiosas, etc.; (d) que a los efectos de un período histórico concreto es posible realizar el análisis sobre la base de unos modelos simpli?cados, que representen los datos más relevantes a considerar. En nuestro caso, resultó su?ciente utilizar dos modelos simpli?cados de representación política que permiten explicar satisfactoriamente las tensiones presentes en el período considerado.-, y que cuentan con sólida fundamentación en la literatura teórica: la “representación por delegación” y la representación fiduciaria”. En ellos se expresan los proyectos políticos en pugna, en aquella instancia histórica.

2° Aplicando esos modelos teóricos, es posible observar que:
(a) La idea de libertad política de Artigas estaba asociada con la retención territorial y local (en “los pueblos”) de la mayor autonomía política posible para decidir cuestiones que les afectaran. Por lo tanto reforzada –quizá– en parte por las doctrinas provenientes de la revolución norteamericana, inspirada doctrinariamente por Montesquieu y otros pensadores liberales.
(b) El gran problema que debe encarar Artigas es cómo articular esa idea de libertad con su concepción de un Estado regional, necesariamente de grandes proporciones y complejidad social. Es evidente que entran aquí cuestiones de ingeniería institucional y política de enorme importancia estratégica y de gran novedad histórica, porque solo existía una experiencia semejante: la norteamericana. (c) Circunscribiéndonos al Año XIII, cuando se plantea en toda su intensidad el problema institucional y político del futuro Estado regional, el análisis conceptual permite ver que Artigas y el artiguismo concibieron un diseño institucional complejo a varios niveles.

1) Cada provincia (y en particular la Provincia Oriental) como
un Estado soberano e independiente, para el cual se piensa adoptar básicamente el modelo de representación por delegación, con fuertes señales (a veces contradictorias o poco claras) del modelo ?duciario.

2) Una liga o confederación de las provincias “hermanas” (incluida una redimida Buenos Aires y un Paraguay no aislacionista), con ?nes de autodefensa y ayuda mutua. Se trata de una unión o liga internacional, horizontal, donde todas las provincias mantienen su identidad, soberanía, libertad, etc.

3) Un Estado Federal (las Provincias Unidas) al cual las provincias –previamente confederadas– solo someten los “asuntos generales”, y por tanto con una competencia limitada.

(d) Es innegable que, más allá de la plausible idealidad, el problema institucional que se planteó el artiguismo era titánico, innovador, original, y nada conformista en lo político. Pero desde un punto de vista lógico, busca resolver algo así como la cuadratura del círculo institucional. Esa di?cultad aparece escondida bajo una terminología retórica, poco sistemática, que delata no solo el uso de fuentes doctrinarias e in?uencias variadas y no siempre armónicas, sino también –seguramente– las dudas y contradicciones que vivían Artigas y su entorno de colaboradores, asesores, consejeros, apoyos. Como toda doctrina que se va haciendo en medio de una lucha dura y compleja, presenta oscuridades, contradicciones y vacíos. Pero el propósito está claro: su proyecto de una sociedad liberal en lo político, igualitaria, republicana, solidaria.

Como tantos que se han sumergido en el estudio del pensamiento artiguista, el autor queda con la convicción de que la apuesta del artiguismo fue tan innovadora, ideal y necesaria que sentimos que ella está todavía pendiente, que merece que se siga estudiando; sin ir más lejos, está presente en la actual problemática del Mercosur, para cuya solución la doctrina institucional del artiguismo debería ser una inspiración. Comento: Nada puedo agregar al ensayo de Sarlo, como no sea una verificación de su importancia, encarando la realidad actual.
Representación quiere decir: “Conjunto de personas que representan a una entidad, colectividad o corporación” Parece muy sencillo, pero Sarlo demuestra hasta dónde, el empleo de ciertas palabras clave, de pronto se hace cosa sutil y grave.

Al día de la fecha, la Constitución que nos rige es una fuente de interrogantes sobre representatividad. Hay un largo camino a recorrer para perfeccionar los huesos estructurales del Uruguay.
El artículo 4° de nuestra Carta Magna dice: “La soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en la Nación, a la que compete el derecho exclusivo de establecer sus leyes.”

Y el artículo 79° dice: “El veinticinco por ciento del total de inscriptos habilitados para votar, podrá interponer, dentro del año de su promulgación, el recurso de referéndum contra las leyes.
La soberanía del Uruguay “en toda su plenitud” no descansa en los votos de ambas cámaras legislativas, descansa en lo que resuelva la mayoría de los ciudadanos (democracia directa).

La representatividad legal puede ser denigrada; los legisladores no siempre actúan libremente. Un órgano partidario - como sucedió - puede imponer su mandato. Pienso en el Plenario del Frente Amplio. El artículo 77 de la Constitución en su inciso 11 literal a) dispone: “El Estado velará por asegurar a los partidos políticos la más amplia libertad. Sin perjuicio de ello, los partidos deberán: a) ejercer efectivamente la democracia interna en la elección de sus autoridades.” ¿A quienes representa el Plenario del Frente Amplio? Representa a una pequeña minoría dentro del Frente Amplio. No ejerce pues, el Frente Amplio, efectivamente la democracia interna.

Otro abuso se intenta con los tratados internacionales, por ejemplo el tratado sobre DDHH ratificado por una ley común, sin representación política suficiente para reformar nuestra Constitución. Hay cuatro procedimientos para esa reforma, pero en los cuatro se exige contar con la aprobación de una consulta popular. Ninguna ley común que apruebe un tratado, tiene representación política suficiente, para cambiar la Constitución; tarea de la ciudadanía. La noción de la justa representatividad política, es decisiva para ajustarse a derecho.


* Séptima nota sobre “Las instrucciones del año XIII, 200 años después.” Obra coordinada por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro, Ed. Planeta, Montevideo (2013).


Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados