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Definición anacrónica

Al reanudarse las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y tras el anuncio del levantamiento del embargo comercial norteamericano a la isla, algunos comentarios de prensa definieron el hecho como el último episodio de la Guerra Fría que durante más de cuatro décadas ambientó el mundo bipolar que surgió luego de la II Guerra Mundial. Sin dejar de reconocer que la recuperación del diálogo entre Cuba y Estados Unidos es sin duda un hito de nuestro tiempo, remitir este a un último gesto de esa guerra no declarada pero mucho más compleja que un enfrentamiento bélico directo es, en rigor, una definición anacrónica.

Al reanudarse las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y tras el anuncio del levantamiento del embargo comercial norteamericano a la isla, algunos comentarios de prensa definieron el hecho como el último episodio de la Guerra Fría que durante más de cuatro décadas ambientó el mundo bipolar que surgió luego de la II Guerra Mundial. Sin dejar de reconocer que la recuperación del diálogo entre Cuba y Estados Unidos es sin duda un hito de nuestro tiempo, remitir este a un último gesto de esa guerra no declarada pero mucho más compleja que un enfrentamiento bélico directo es, en rigor, una definición anacrónica.

Los historiadores en general concuerdan en las fechas de comienzo y final de la Guerra Fría, ubicando su inicio en 1947, apenas dos años después de la caída de Berlín y el posterior reparto del mundo tras las conferencias de Yalta y Postdam. Su final sin duda coincide con el desmembramiento de la Unión Soviética, que desaparece como estado cuando el 21 de diciembre de 1991 se firma el tratado que da lugar a la Comunidad de Estados Independientes, heredera legal de la URSS.

Cuatro días después, el día de Navidad, se declaró oficialmente disuelta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así, uno de los contendientes de esa guerra desgastante y global, librada en el terreno político, ideológico, económico, bélico y también en la carrera espacial, capitulaba y se desmoronaba por su propia inepcia y el descalabro de su economía. Estados Unidos, el otro miembro del enfrentamiento, se erigía en vencedor y las guerras que sobrevendrían ya no tendrían el signo de la bipolaridad de sistemas ideológicos en disputa ni el agobiante peso de los arsenales atómicos enfrentados que habían puesto al mundo al borde de la conflagración nuclear, tal como ocurrió durante la crisis de los misiles en 1962, que involucró precisamente a Cuba.

El término Guerra Fría fue acuñado por el financiero y consejero presidencial norteamericano Bernard Baruch. El 16 de abril de 1947, Baruch dio un discurso en el que afirmó: “No nos engañemos: estamos inmersos en una guerra fría”. Pero en realidad, esa guerra de fría no tuvo nada. El enfrentamiento entre las dos grandes potencias involucró mucho más que ese precario equilibrio del no enfrentamiento directo. Desde la Guerra de Corea a la crisis de Suez, el Muro de Berlín, la invasión a Bahía de Cochinos, la Primavera de Praga, la Guerra de Viet Nam o la caída de Salvador Allende, pasando por los hitos de la carrera espacial o el temor permanente a un estallido nuclear, durante cuarenta y cuatro años y decenas de episodios, el mundo fue rehén de una pulseada que involucró los cinco continentes y costó millones de vidas de un lado y otro de los alineamientos.

El bloqueo a Cuba y el empecinamiento norteamericano en sostenerlo, no hizo más que postergar las posibilidades de apertura política y económica en la isla y alentar el otro empecinamiento. Esa pervivencia de una medida tomada en un contexto histórico que el devenir de los hechos invalidó, no pertenecía ya a la lógica de la Guerra Fría sino que era producto de una terca ceguera. La mencionada disputa hace veinticuatro años que terminó pero muchos —de ambos bandos— parecieron no haberse enterado. El gran novelista británico John le Carré escribió algo notable sobre la arrogancia, soberbia y despilfarro de la Guerra Fría que se aplica a los dos rivales: “Desde nuestra supuesta rectitud ideológica, sacrificamos nuestra compasión ante el gran dios de la indiferencia.”


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