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La decisión de Van Gaal

A los que vieron el partido entre las selecciones de Costa Rica y Holanda por los cuartos de final del Mundial les habrá producido asombro que el técnico holandés Louis van Gaal cambiase al arquero titular por el suplente, prácticamente cuando expiraba el tiempo del alargue y la dilucidación del resultado dependía de la tanda de penales. Se había guardado un cambio de un jugador de campo y prefirió hacerlo desde el convencimiento de que solo con la mal llamada “lotería de los penales” iba a ganar el encuentro. Entonces sacó al golero titular y mandó a la cancha a su reemplazo, por la sencilla razón de que este era por lo menos diez centímetros más alto, tenía brazos más largos y aparentemente estaba mejor dotado para atajar un tiro desde los doce pasos. Resultado: el cambio de Jasper Cillessen por Tim Krul le permitió a Holanda ganar el encuentro y seguir en el Mundial, porque Krul atajó dos de los cinco penales que le remataron.

A los que vieron el partido entre las selecciones de Costa Rica y Holanda por los cuartos de final del Mundial les habrá producido asombro que el técnico holandés Louis van Gaal cambiase al arquero titular por el suplente, prácticamente cuando expiraba el tiempo del alargue y la dilucidación del resultado dependía de la tanda de penales. Se había guardado un cambio de un jugador de campo y prefirió hacerlo desde el convencimiento de que solo con la mal llamada “lotería de los penales” iba a ganar el encuentro. Entonces sacó al golero titular y mandó a la cancha a su reemplazo, por la sencilla razón de que este era por lo menos diez centímetros más alto, tenía brazos más largos y aparentemente estaba mejor dotado para atajar un tiro desde los doce pasos. Resultado: el cambio de Jasper Cillessen por Tim Krul le permitió a Holanda ganar el encuentro y seguir en el Mundial, porque Krul atajó dos de los cinco penales que le remataron.

Lo que hizo van Gaal es un ejemplo que se aplica a todas las actividades: apelar a los mejores para cada tarea, a los expertos, sin importar el momento ni la situación. Y eso es producto de una cabeza muy diferente a las que habitualmente piensan por estas latitudes. La decisión que tomó van Gaal tiene varias lecturas interesantes que exceden lo deportivo. Por un lado expresa realismo y frialdad para encarar la solución de un problema. Por otro, valentía al ir en contra de lo que el 99% de sus colegas habría hecho en su lugar: poner antes un delantero para convertir, en vez de alguien solo para atajar. Y por último, conocimiento de los recursos con los que contaba. Pero lo principal fue que, como se dice actualmente, el técnico de Holanda se animó a pensar por fuera de la caja.

Si extrapolamos al escenario nacional la decisión de Van Gaal –y no estoy hablando de fútbol- podemos comprobar la abismal diferencia en los criterios que por aquí suelen aplicarse a la hora de elegir los mejores, a los más aptos y a los que pueden marcar una diferencia en cualquier desempeño. Esto se aplica en todos los niveles, desde la actividad pública hasta la privada, porque en nuestro país hay una caja enorme de prejuicios o condicionamientos cuando se trata de elegir el mejor para lo que sea: la edad, el color político, la popularidad, la amistad o su patología el amiguismo, el apellido, los lazos familiares, las creencias religiosas o filosóficas y también, aunque nos duela, cuestiones de género y hasta de raza. Todo eso sepulta en el fondo del cajón los méritos objetivos de cualquiera. Son tantos los filtros que deben pasar que a veces los que realmente son mejores no entran en competencia porque ni siquiera los dejan entrar a la cancha. Y esa calamidad suele dar por resultado una gran cantidad de incapaces con respaldo.

Creo que uno de los principales problemas que padece el Uruguay es ese pensamiento encajonado y blindado por los prejuicios. Ello determina postergar a los mejores en función de parámetros o atributos que nada tienen que ver con una valoración objetiva de sus virtudes. Nuestra cultura dominante no puede tolerar ni entender el ingreso del arquero de Holanda porque la decisión de van Gaal encarna una manera de pensar distinta, libre, objetiva y aplicada a una estrategia y es reflejo cultural de uno de los países más liberales y progresistas que existen. Van Gaal eligió lo mejor que tenía para el momento justo y no dudó. Pero, si perdía —eso estaba en las posibilidades—, nadie de los suyos lo habría cuestionado porque otra de las ventajas que nos lleva Holanda es que no tiene tres millones de directores técnicos.

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