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Combate contra Daesh

El lunes pasado se cumplieron dos años desde que una coalición internacional integrada por 60 países y dirigida por Estados Unidos, iniciara bombardeos sobre posiciones del grupo Daesh en Siria e Irak.

El lunes pasado se cumplieron dos años desde que una coalición internacional integrada por 60 países y dirigida por Estados Unidos, iniciara bombardeos sobre posiciones del grupo Daesh en Siria e Irak.

Sin embargo, los resultados de esta lucha asimétrica y con clara ventaja para las potencias aliadas, han sido excesivamente exiguos. Solo en los últimos cuatro meses es que se logró un avance tangible en cuanto a recuperación de parte del territorio controlado por Daesh (12% según el diario The Guardian) especialmente ciudades estratégicas en Irak. En 2015 la intervención de la coalición internacional solo supuso recuperar el 14% del territorio en manos de Daesh.

Esto permite varias lecturas y abona las tesis conspirativas. Parece evidente que salvo Francia, por razones conocidas, otras naciones europeas no contribuyen de igual manera, ni con aviones ni con apoyo logístico, que sí brindan países suníes como Arabia Saudí, y otras monarquías árabes como Jordania o Emiratos Árabes Unidos. Aunque es difícil ganar una guerra desde el aire, no es creíble que la aviación del país más poderoso del planeta no haya podido erradicar la amenaza que este grupo ultrarradical supone. Es más, en esa coalición no se ha invitado a participar, al menos no formalmente, a dos actores relevantes en el conflicto en cuestión: Irán y Siria. Las autoridades y Fuerzas de Seguridad iraquíes que lograron recientemente recuperar el paso y asestar duros golpes a Daesh, admiten regularmente haber recibido apoyo táctico y logístico de oficiales iraníes. La falta de unidad y consenso en cuanto a cómo y cuándo debía intensificarse esta lucha contra el enemigo terrorista, destapó las tensiones a la interna de una Unión Europea dividida, pero también la falta de sintonía entre el presidente Obama y un Putin enérgico y desafiante.

De no haber sido por su apoyo decisivo al régimen y las fuerzas leales a Al Asad, hoy ese gobierno ya no estaría en su lugar. Lo que parece claro es que se continúa apostando a la fragmentación y el confesionalismo en una región donde la diversidad de pueblos (árabe, persa, turco o kurdo, por ejemplo) y credos (musulmanes de diversas ramas, cristianos católicos y ortodoxos, yazidíes, drusos y otras minorías) facilita el fenómeno conocido como balcanización. Irak es en los hechos un país dividido en tres regiones y Siria va camino de ello. Libia es tierra de nadie y la vulnerabilidad de sus instituciones así como la fractura en dos gobiernos o bandos no presagia un futuro próspero.

Si analizamos quiénes ganan con el botín de guerra quizás encontremos a los culpables de haber engendrado este monstruo que ahora nos desafía con su barbarie.

Así las cosas, no hay mucho que celebrar dos años después de esta contienda que lleva ya la friolera de 15.000 bombardeos, aunque los muertos no los pone Daesh sino el pueblo sirio e iraquí. Según ONU, el número de civiles muertos por los bombardeos de la coalición internacional, 470.000 o el 11% de la población siria, supera ya el de las víctimas civiles del gobierno sirio, el 27% de los cuales fueron niños.

Asimismo resulta extraño que el coste diario de la acción de 60 países juntos, represente ocho millones de dólares, una cifra irrisoria si se compara con otras intervenciones internacionales. Sea el rediseño de fronteras o un nuevo reparto de los ingentes recursos naturales de la región, el combate a Daesh siembra dudas que merecen ser despejadas.


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