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Catálogo de la corrupción

El presidenciable Tabaré Vázquez dice que recorre el país y nadie le pregunta por Pluna. ¿Quiere decir que según su visión a nadie le interesa el asunto a pesar de la gravedad del caso? La falta de preguntas, de darse, podría ser consecuencia de diversas cosas. Por ejemplo, a que el público está acuciado por otras urgencias, como las magras jubilaciones, achicadas además por el IASS que afortunadamente el Partido Nacional procura derogar.

El presidenciable Tabaré Vázquez dice que recorre el país y nadie le pregunta por Pluna. ¿Quiere decir que según su visión a nadie le interesa el asunto a pesar de la gravedad del caso? La falta de preguntas, de darse, podría ser consecuencia de diversas cosas. Por ejemplo, a que el público está acuciado por otras urgencias, como las magras jubilaciones, achicadas además por el IASS que afortunadamente el Partido Nacional procura derogar.

La cuestión es que la extensa corrupción que ha caracterizado al lapso de gobiernos frenteamplistas, que, afortunadamente se está por cerrar, más allá de las palabras de Vázquez, merece quedar debidamente señalada. Con el caso Pluna y su danza de millones, los casinos municipales y sus extrañas pérdidas por 16 millones de dólares, así como varios temitas más (que tratamos en anterior comentario) en primer plano.

Pero a esta altura no es posible catalogar todos los episodios de corrupción. Ello desborda el espacio de esta columna. Por lo tanto nos limitamos a los asuntos que parecen ser más sonoros.

Apenas instalado el gobierno que presidió el doctor Vázquez, hubo indicios de lo que vendría: quienes eran competidores del titular del Poder Ejecutivo en el sector privado, fueron prontamente desplazados del servicio de radioterapia del Hospital Pereira Rossell.

En aquel entonces era vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, quien dio que hablar cuando “olvidó” incluir datos en sus declaraciones patrimoniales de 2004 y 2007, lo cual llevó a que un juez quisiera procesarlo. No pudo: Nin se amparó en sus fueros parlamentarios.

Ya se veía cómo iban rodando las cosas. Sin embargo hubo quienes pensaron que el período presidencial de José Mujica sería distinto. Lo ha sido, especialmente por el acrecido monto de algunas de las irregularidades. Tenemos en este lapso asuntos como la sobrefacturación de la empresa Clanider en el Hospital Maciel. Empresa de la que era coordinadora la esposa del ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Algo que tiene aires de prólogo para la corruptela que, corregida y aumentada se reveló recientemente en ASSE.

Un caso adicional es el de la empresa que procesaba su producción en condiciones insalubres, lo cual dio lugar a una sanción de la Unión Europea y pérdidas para Uruguay de 80 millones de dólares. Técnicos del MGAP recomendaron aplicar una sanción de 5.000 UR a la empresa. En los hechos la multa fue redimensionada a solo 100 UR. Tal vez no sea indiferente que cuando Mujica era candidato presidencial, la empresa en cuestión le prestaba su avioneta. Luego financió la banda presidencial.

En 2012 surgió la denuncia de que UTE pagaba sobreprecios a una empresa de la que era accionista el vicepresidente del ente. Al año siguiente vino lo de Pluna, ya mencionado. También lo de la regasificadora y la adjudicación de los canales de televisión digital.
Así nos hemos ido deslizando hasta el año actual, con las resonantes sobre facturaciones y coimas en ASSE y algunas otras historias, como la denuncia hecha por dos empresarios excluidos de la licitación correspondiente, por sobrecostos millonarios en la construcción de la planta de biodiesel de ALUR.

Lo reiteramos: estos son sólo algunos aportes adicionales relativos a la corrupción. Quizás llegará la hora del informe completo

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