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El caso Bardanca

En el diferendo que Montecarlo TV mantiene con la empresa Tenfield y por el cual ha presentado una denuncia ante la URSEC, el periodista Mario Bardanca es rehén en el contencioso. Según el texto de la denuncia, para que el canal pueda volver a emitir los goles del campeonato local, Tenfield le exige a Montecarlo que rompa su vínculo con la empresa argentina FOX y despida a Bardanca. Tal exigencia mereció un comunicado de la Asociación de Periodistas del Uruguay, en el cual condena de manera enérgica esa pretensión.

En el diferendo que Montecarlo TV mantiene con la empresa Tenfield y por el cual ha presentado una denuncia ante la URSEC, el periodista Mario Bardanca es rehén en el contencioso. Según el texto de la denuncia, para que el canal pueda volver a emitir los goles del campeonato local, Tenfield le exige a Montecarlo que rompa su vínculo con la empresa argentina FOX y despida a Bardanca. Tal exigencia mereció un comunicado de la Asociación de Periodistas del Uruguay, en el cual condena de manera enérgica esa pretensión.

El conductor del informativo central del canal, Fernando Vilar, afirmó en un programa radial que Tenfield nunca le había exigido el despido de Bardanca y reconoció que este siempre había sido “exacerbadamente crítico” con Tenfield. ¿Se puede ser crítico a medias? Esto contradice los argumentos de la denuncia de Montecarlo ante la URSEC. Sin embargo, el medio ratificó los términos de esa denuncia. Ya existían antecedentes de la bajada de dedo de la empresa de Casal al periodista.

En agosto de 2000, Tenfield había prohibido a Enrique Yanuzzi y al propio Bardanca viajar en un vuelo contratado por la empresa que trasladaría a la Selección hasta Bogotá, a pesar de que los medios en los que los periodistas trabajaban estaban dispuestos a pagar los costos de ese viaje. Años después, Bardanca dejó Canal 10 por presiones similares.

Lo menos que puede decirse de este episodio, ubicado en un contexto en el que la libertad de prensa rige de manera absoluta en Uruguay y cuando la de trabajo no debiera estar en juego —sin contar la libertad comercial y la libre competencia, que también se cuestiona— es que huele muy mal y parece extraído de otro siglo y otra década, cuando los militares en el gobierno censuraban compatriotas y decretaban despidos por ideas. Silenciar periodistas y condenarlos al ostracismo, prohibirlos o impedirles trabajar por intereses mezquinos, es una actitud deleznable sin importar desde donde provenga.

No conozco personalmente a Bardanca, pero como profesional lo único que ha hecho es expresar sus opiniones ante una cámara. Y si esas opiniones desagradan a los televidentes o a una empresa en particular, hay otras instancias que pueden transitarse: desde cambiar de canal para el caso del televidente o realizar una denuncia por difamación e injurias por parte de la empresa si se siente perjudicada.
Todo lo demás, en lo referente a las presiones, es propio de una novela de Mario Puzo.

El caso Bardanca desnuda nuevamente una realidad uruguaya: ciertos códigos que muchos esgrimen para medir la conducta en distintos ámbitos, lejos de estar vinculados con la ética o el buen proceder, son en realidad hábitos mafiosos reñidos con un estado de derecho.
Y eso sucede también en ámbitos políticos y gremiales y en muchas corporaciones en donde se plantean luchas de poder. Sería ocioso dar ejemplos, pero las presiones indebidas han estado en estos tiempos presentes en demasiados asuntos en disputa.

Llama la atención también que fuera del comunicado de APU y el apoyo de sus compañeros del programa Estadio Uno, no hayan existido expresiones solidarias con el colega por parte de connotados periodistas deportivos de alta exposición y predicamento.

Si las hubo, yo no las escuché ni las vi. Ni hablar de los que cobran un sueldo en Tenfield. El silencio, en estos casos, no solo expresa prescindencia sino también es una forma de complicidad, cuando no de miedo.

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