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Un califato en pleno siglo XXI

Por si fuera poca la inestabilidad que reinaba en Irak desde hace más de una década o desde la caída del régimen de Saddam Hussein en 2003, se suma ahora el anuncio grandilocuente de la creación de un Califato en pleno siglo XXI por parte del líder, autoproclamado Califa y por tanto sucesor del Profeta Mohamed, del muy mentado, pero poco conocido grupo, Estado Islámico, antes llamado Estado Islámico del Levante, que incluye a Siria, Irak y Libano.

Por si fuera poca la inestabilidad que reinaba en Irak desde hace más de una década o desde la caída del régimen de Saddam Hussein en 2003, se suma ahora el anuncio grandilocuente de la creación de un Califato en pleno siglo XXI por parte del líder, autoproclamado Califa y por tanto sucesor del Profeta Mohamed, del muy mentado, pero poco conocido grupo, Estado Islámico, antes llamado Estado Islámico del Levante, que incluye a Siria, Irak y Libano.

Abu Bakr Al Bagdadi pretende la lealtad de todos los musulmanes y exige obediencia a los postulados y dictámenes de su grupo, del cual se desconoce prácticamente todo desde su origen hasta su financiación. Por más que se lo emparente con la rama de Al Qaeda en Irak declaraciones y anuncios recientes de la cúpula al qaedense revelan serias diferencias, probablemente producto de las ansias de poder y cierta euforia exhibida por los radicales del EI que continúan ganando terreno al interior de Irak y Siria, lo cual preocupa no sólo al gobierno iraquí de Nuri Al Maliki sino a países vecinos como Arabia Saudí o Turquía.

La rivalidad histórica entre suníes y chiíes se agravó con las tensiones surgidas en Siria tras el inicio de las revueltas en 2011 que degeneraron en guerra civil. Además, una sumatoria de prácticas clientelares y falta de estatura política por parte del gobierno chií de Al Maliki en Irak encendió la mecha de la lucha sectaria.

La comunidad internacional comienza a inquietarse en serio ante el avance de este grupo (suní) integrado por un número aún sin definir, pero se estima entre 5.000 y 10.000, milicianos árabes y musulmanes venidos de países distantes como Afganistán y Marruecos, el sur de España o Bélgica y Estados Unidos, tratándose estos últimos de conversos.

Y no es que el Estado Islámico pueda constituirse en una amenaza mayor a la que en su día fue Al Qaeda sino que su osadía al proclamar un califato y por tanto reivindicar el liderazgo de la Umma o nación de musulmanes allí donde habiten, los convierte en un grupo a temer desde el momento en que el caos y desbarajuste que reina en la región facilita el flujo y tránsito de todo tipo de amenazas para la paz, desde armas, dinero para financiar operaciones clandestinas hasta el ingreso de jóvenes atraídos por los éxitos y aureola de grandeza de un nuevo grupo que desafía a gobiernos despóticos y corruptos tanto como a ese archienemigo, cada vez más difuso, que sigue siendo Occidente.

Si acaso las veleidades de Al Bagdadi de constituirse en el único sucesor del Profeta, desconociendo así otros títulos nobiliarios respetados por millones de fieles musulmanes como el cargo de Príncipe Comendador de los Creyentes que ostenta Mohamed VI en Marruecos, o el linaje de los hachemíes en Jordania, directamente emparentados con el Mensajero de Ala, pueden ser a la postre su mayor debilidad.

O bien millones de musulmanes se sentirán insultados por este anuncio de Al Bagdadi y rechazarán de plano su pretensión de constituir un único y vasto Estado islámico o bien se convertirá en un efecto llamada para miles de potenciales yihadistas, lo que forzaría una reacción enérgica por parte de Al Qaeda al verse directamente amenazada. Por otra parte, el desencanto de la población con políticos y líderes islamistas que una vez alcanzaron el poder al calor de las revueltas árabes, no pudieron ofrecer soluciones económicas perentorias apelando exclusivamente al fervor religioso o el estricto apego al código islámico o sharia, resultó en un rechazo generalizado a la imposición de políticas en base a interpretaciones sesgadas y obsoletas de las sagradas escrituras.

La lucha fratricida entre suníes y chiíes esconde una pugna por el poder entre países rivales como Arabia Saudí e Irán que amenaza con arrastrar a otros como Turquía, que en las últimas semanas se vio obligada a pactar con sus enemigos de antaño, los kurdos iraquíes. El caos de Siria permitió la expansión de grupos beligerantes desde Irak cuya presión está forjando nuevas alianzas políticas y en el horizonte se vislumbra el rediseño de fronteras en una región donde el tribalismo, la falta de adecuación de prácticas religiosas a una modernidad arrolladora y la injerencia de terceros para la explotación de ingentes recursos naturales conspira contra el establecimiento de ese intangible cada vez más lejano que es la paz y la estabilidad.

Así las cosas, la intervención de potencias como Rusia, Estados Unidos o la Unión Europea estará garantizada por tiempo indefinido. ¡El resto es historia!


* Responsable de la Cátedra de Islam y Mundo Árabe. Universidad Católica de Uruguay

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