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Alto caballero eterno

Cumple años, este mes, un personaje imaginario tan real como muy pocos, al que bien conoce mi lector. Me refiero a Sherlock Holmes. Le recordamos, hoy, junto con su creador, Sir Arthur Conan Doyle, quien tenía cinco años menos que su literaria criatura.

Cumple años, este mes, un personaje imaginario tan real como muy pocos, al que bien conoce mi lector. Me refiero a Sherlock Holmes. Le recordamos, hoy, junto con su creador, Sir Arthur Conan Doyle, quien tenía cinco años menos que su literaria criatura.

Los personajes literarios también tienen su biografía, y en el caso de Sherlock Holmes su progenitor le inventó una vida centenaria. Además de ser el detective más célebre de la historia, Holmes realizó otras tareas. Decía Chesterton que no hay quien, culto o inculto, no conozca a Sherlock Holmes, un personaje que hizo “que su nombre sea algo tan descriptivo”.

Sherlock Holmes nació en 1854, y acaba de cumplir 161 años. Era un hombre alto, delgado, de nariz afilada, excéntrico y antisocial. Le gustaba tocar el violín, fumaba en pipa, usaba una larga capa. Fue modelado por Conan Doyle, aseguran, con algunos rasgos del Dr. Joseph Bell (de la “Royal Infirmary”, de Edimburgo) así como con algunas manías del propio autor.

El creador de Holmes, Conan Doyle, era médico, fue combatiente en África del Sur y escribió varios libros de historia, los que eran sus preferidos, aunque no fue por ellos que pasó a la posteridad. Lo hizo describiendo las andanzas de Holmes, un personaje que ha logró salir de sus libros y vivir con los lectores.

Las aventuras de Sherlock Holmes están contadas por quien fuera no sólo su entrañable amigo, sino también su fiel escudero: el Dr. John Watson. La primera de sus aventuras ocurrió cuando Sherlock Holmes (quien vivía ya en la célebre dirección del 221B de Londres) solucionó el famoso caso que se cuenta en el libro “Estudio en escarlata”, el 31 de octubre de 1886. Como todas sus andanzas son narradas desde la visión personal de Watson, éste habitualmente se permite elogiar las deducciones del héroe, al que admira sin límites. Recordemos de paso, pues hay mucha literatura sobre la literatura, que la célebre frase que todos conocen, “elemental, Watson”, no es de Conan Doyle ni aparece en ninguno de sus libros. Fue dicha en una de las películas de Holmes.

En sesenta y seis cuentos y cuatro novelas, Sherlock Holmes se convirtió en el parámetro de la literatura policial, gracias a la singular seducción que tiene esta criatura. Con sus preciosismos deductivos y sus arabescos mentales, libró eternas partidas de ajedrez entre el bien y el mal. Su eficacia derivaba de sus dotes singulares, como las de ser capaz de identificar 75 perfumes diferentes, descubrir parentescos por la grafología y determinar la estatura de un hombre por su huella. Era legendario su don de observación.

Sir Conan Doyle le imaginó, además de su oficio de detective, una larga vida a Holmes. Cuando abandonó los quehaceres que le dieron fama, se fue de Londres para dedicarse a la apicultura, que mucho le interesaba. Fue entonces cuando Holmes se convirtió en escritor, y dio a conocer su “Manual Práctico de Apicultura, con algunas observaciones sobre la Segregación de la Abeja Reina”.

Sherlock Holmes (el personaje) murió en 1947, a la avanzada edad de 103 años. Se cumplen 68 años de su adiós. Borges, que fue un lector atento del detective y mucho lo admiraba, le dedicó un poema célebre, donde dice: “Atiza en el hogar las encendidas ramas/ o da muerte en los páramos a un perro del infierno. / Ese alto caballero no sabe que es eterno...”. 

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