Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Principios y "posverdá"

Todo este rollo de Venezuela, la posición adoptada al respecto por los diversos países en particular, y especialmente la postura asumida por la OEA y la Unión Europea, dan mucho para pensar en clave local y descifrar el posicionamiento histórico de nuestros principales partidos.

Esto es porque detrás de las respectivas actitudes del Frente Amplio y del Partido Nacional se encuentra un insoslayable accionar éticopolítico que solo puede comprenderse a la luz de la valoración que cada uno da al tema de los principios, y como se posicionan ante el moderno flagelo de la posverdad en los asuntos públicos.

En todas las colectividades políticas es posible encontrar conductas individuales ejemplares y cuestionables, por esta razón no referiré a casos puntuales, dado que a los efectos de esta columna lo que interesa es el comportamiento de las organizaciones.

La pregunta que surge es ¿existe una ética a la que los partidos políticos deban ceñirse? Por supuesto que sí, y esa conducta abarca tanto la atención al desempeño de los miembros de los mismos de acuerdo a determinados estándares legales (nótese que no refiero a orgánicos), como al accionar institucional de las fuerzas políticas. Estas actúan y juegan en un sistema estatal democrático liberal, que conlleva determinadas obligaciones y sensibilidades dispuestas por la ley no escrita, por la Constitución, y la ley positiva en lo interno (inherentes a la forma republicana de gobierno), y por las convenciones de las que el Estado es parte en lo internacional (tanto en lo bilateral, como en lo multilateral). Existe una ética que marca el camino por el que deben andar los políticos (actores individuales), y los partidos (actores colectivos).

Es tanto así, que los principios democrático-republicanos que inspiran al Partido Nacional, han sido a lo largo de su historia el faro que ha iluminado incesantemente su trayectoria. No es necesario reparar en la contemporánea oposición a los abusos de Chávez y Maduro, para ver que los mismos siempre fueron cuidados con permanente desvelo por nuestra colectividad. Desde los tiempos de Oribe, Saravia, Herrera, Wilson, y Lacalle Herrera, los blancos hemos sido vigilantes y defensores de las libertades colectivas e individuales tanto en lo interno como en el ámbito externo.

La ética política del Partido Nacional resulta a todas luces intachable, en cuanto siempre hemos sabido pararnos del lado correcto del conflicto allí donde las libertades y los derechos fundamentales estuvieran en riesgo. Así lo hicimos durante el gobierno de facto en Uruguay, durante la transición, y en el último gobierno nacionalista; así asumimos la postura correcta frente al régimen cubano, frente al terrorismo, y hoy ante la dictadura venezolana y el triste hacer de nuestro gobierno.

Me asombro cuando algunos refieren que el Frente Amplio ha perdido los principios por su lamentable connivencia con la tiranía venezolana. Me pregunto: ¿de qué principios se habla? ¡Si no se puede perder lo que no se tiene!

El Frente Amplio siempre tuvo un absoluto y total déficit en materia de principios democráticos. ¿O alguien lo duda? (Y que no pretendan marearnos con los índices de calidad democrática del Uruguay… que una cosa es Uruguay, y otra el partido de gobierno). Una fuerza política donde toda la vida ha estado presente el marxismo leninismo de por sí es una negación a las libertades, un partido que sistemáticamente ha defendido gobiernos autoritarios de ese signo no tiene autoridad ni calidad democrática, un conglomerado político en el que sus principales figuras supieron defender públicamente a miembros de la banda de asesinos terroristas de ETA, carece totalmente de principios.

Y no contar con ellos en este mundo posmoderno donde parece que todo vale es muy jodido, porque solo los inconmovibles principios éticos de raíz democrático republicana como los que históricamente ostenta el Partido Nacional son garantía de compromiso con las libertades.

Esa lamentable carencia de principios básicos —inseparables al ejercicio de una democracia liberal—, fundamentada en la persistente y ciega creencia de las patrañas voluntaristas más arcaicas y siniestras que la historia ha dado, solo puede ser defendida a base de cuentos, de mentiras repetidas tantas veces hasta que se logra imponer cierta forma de relato afín a los intereses de determinados sectores. Esto es lo que buena parte de la academia conoce como posverdad, o "toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público".

"Posverdá" en el caso de nuestro país, en cuanto la lamentable práctica ha sido además uruguayizada, con el agregado de determinados condimentos de corte totalitario propios de parte de la izquierda autóctona.

En base a la constante repetición de mentiras emotivamente estimulantes para consumidores proclives a productos del marxismo vernáculo el Frente Amplio ha distorsionado permanentemente la realidad histórica y presente para crear una "posverdá" compatible con sus intereses partidarios (atornillarse al poder).

Es así que "lucharon" contra una dictadura a la que vieron con buenos ojos, fueron parte de una "transición" en la que dejaron a nuestro candidato guardado en un cuartel, fueron "solidarios con unos pacíficos abanderados de la independencia de Euskadi" condenados por la justicia española a decenas de años de cárcel por sus crímenes de sangre, y ahora son "solidarios" con esas "democracias distintas" que se practican en Cuba y Venezuela, mientras las respectivas poblaciones disparan despavoridas porque sus derechos básicos son violados permanentemente (incluidos todos los del nuevo catálogo).

Cuenta un amigo que fue testigo de los hechos, que durante la noche del golpe de Estado y luego que Wilson hiciera su histórico discurso, cuando junto a Susana transitaban por el ambulatorio del Senado rumbo al auto y al largo exilio, se encontraron repentinamente con Vivián Trías, y este le dijo a Wilson: "ahora sí estamos los dos en el mismo lado", a lo que Wilson contestó: "¿contigo?, ni muerto".

Un claro ejemplo de donde han estado siempre los principios, y donde esta "posverdá".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos