Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

El mejor momento

Vivimos tiempos duros. Todos, pero todos, estamos dejando el mejor esfuerzo en este partido contra la adversidad.

El peligro de esta pandemia rodea al país en forma muy agresiva, y a pesar de los excelentes oficios del gobierno, se nos ha colado en casa. En esta época nadie es una isla. Ahora padecemos otro aspecto negativo de la globalización, la inmediatez que se demuestra absoluta en todo sentido, incluida la biología.

El mundo desarrollado ha caído víctima de esta enfermedad, y a pesar de que allí se han destinado infinitos recursos, la misma ha hecho temblar hasta los cimientos de los países más poderosos.

Los orientales no vamos a aflojar ni a fallar. No seremos materialmente ricos, pero sí lo somos en voluntad. Con ella saldremos adelante. Aquí no se ha dicho la última palabra. Nada esta perdido.

Estoy orgulloso del Presidente. Estoy orgulloso de los Ministros y de los funcionarios de todas las dependencias que le están poniendo pienso, corazón, y muchas horas de dedicación a este asunto tan dinámico. Siento admiración por nuestro sistema político tan monolíticamente patriota en las difíciles. Pero fundamentalmente estoy orgulloso del país en el que vivo y de su gente. Los aplausos espontáneos a quienes en diferentes niveles de los servicios de salud cuidan de nosotros son un reconocimiento bien merecido a esos valientes servidores, pero extensivos también a todos aquellos que dejan cuerpo y alma en silencio tratando de mantener empresas a flote, trabajando en las líneas de producción, acompañando enfermos, atendiendo en los supermercados y farmacias, vigilando, limpiando, o a duras penas ganándose la vida honestamente en las calles.

En estos días grises, de miedos, incertidumbres, edificios vacíos, comercios cerrados, caras angustiadas, y falta de abrazos, he sentido la verdadera cercanía, y confieso que la he encontrado donde menos la esperaba.

Hace no tanto tiempo hablaba de la necesidad de tender puentes, de caminar hacia el que piensa distinto. Nunca pensé que tan rápido la historia nos pondría a todos a prueba, para demostrarnos que el camino es uno, y que a pesar de las diferencias debemos recorrerlo juntos. Siempre supe que entre orientales no tenia sentido darnos la espalda, cuando podíamos darnos la mano.

No sería honesto ni leal con mucha gente, si no contara que eso es lo que se vive a diario.

De un día para el otro este azote de dimensiones bíblicas hizo salir de todos su mejor faceta. En estas semanas que ya parecen años he participado de distintos ámbitos, y entre diversos actores, con diferentes intereses y variadas ideas; donde antes podían existir legítimas diferencias y encontrados puntos de vista hoy hay búsqueda de coincidencias, espíritu de equipo, metas en común, sensibilidad, solidaridad, y sobre todo, veo que los años gastados en enfrentamientos por cuestiones mundanas no han mellado ni vuelto más oscuro el corazón de nadie. Todo lo contrario.

Veo políticos, empresarios, sindicalistas, trabajadores, técnicos, jóvenes, niños, adultos, viejos, militantes de diversas causas, liberales, conservadores, de izquierda, de derecha, de centro, ateos, agnósticos, religiosos, los veo a todos alineados con un solo objetivo: ganarle a esta peste.

Y la verdad es que eso en medio de un baile así reconforta y anima.

No tengo dudas de que lucharemos contra esta enfermedad hasta el final, hasta vencerla. Y sé que lo haremos juntos. Nuestra principal fortaleza es la voluntad de salir adelante, y la misma no sería tan poderosa si no estuviera alimentada por la diversidad de puntos de vista. Es lo que la enriquece y empodera.

La historia está llena de ejemplos heroicos de sociedades que parecían apáticas, o interesadas en una vida más fútil, pero que sometidas a estrés reaccionaron a la altura de las circunstancias y así comenzaron una mejor etapa de su peripecia.

En una columna que escribí hace años, y cuyo foco estaba puesto precisamente en el poder de la voluntad humana ante la adversidad, contaba como el 2 de mayo de 1808, los españoles se aburrieron de bancar los berretines de Napoleón y sus tropas asentadas en la península. Se cansaron de la prepotencia, y reaccionaron en una forma de manifestación de voluntad colectiva como casi nunca se ha visto. Cuenta Pérez Reverte que en el “Memoriale di Sant’Elena” el Conte di Las Cases cita a Napoleón quien habría dicho que los españoles “Desdeñaron su interés sin ocuparse más que de la injuria recibida. Se indignaron con la afrenta y se sublevaron ante nuestra fuerza corriendo a las armas. Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”.

El pueblo español actuó como un solo hombre. Fue una comunión de voluntades que decidieron decir ¡basta!, y se la jugaron.

Creo que precisamente esto es lo que está pasando hoy en Uruguay.

El país entero y unido se ha sublevado contra esta enfermedad y ha decidido decirle basta a la pandemia.

Los orientales, a pesar de lo que cuesta la faena nos hemos autoimpuesto las obligaciones que requieren ser cumplidas para superar las difíciles circunstancias, y hemos despertado como un país más rico en solidaridad, con más sensibilidad, y espabilado ante el duro desafío.

Harold Bloom, refiriéndose al Ulysses de Alfred Tennyson, decía algo así como que la poesía nos hace hablar con lo que tiene de mejor y de más sabio nuestro ser. Creo que es verdad. A veces, en los momentos más complicados, la poesía sintetiza en la forma más pura la actitud de una nación.

Dice el Ulysses:

“A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar de que no tenemos ahora el vigor que antaño movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: un espíritu ecuánime de corazones heroicos, debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida a combatir, buscar, encontrar y no ceder.”

Así somos los orientales. Este difícil trance que hoy nos pone a prueba nos encuentra como nunca. Con un gran liderazgo, con un sistema político responsable, con nuestros corazones preparados y sensibles, con una voluntad de hierro, unidos con el objetivo de cuidar a los más débiles y superar lo antes posible la tormenta. Combatiendo, buscando, sin ceder.

Sigamos alineados. Ganaremos.

Tengamos fe en nosotros mismos y disciplina.

Aunque no lo parezca, estamos en nuestro mejor momento.

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