Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Me duele España

La palabra libertad puede ser muy insidiosa dependiendo de quien la utilice. Herrera nos enseñó que tras la tríada de “liberté, égalité, fraternité” (libertad, igualdad, fraternidad) se esconden muchos de los males endémicos de nuestra América.

Yo le agrego: muchos de los males perennes del mundo occidental. Otra sería la historia si nuestras naciones, aquí y en el Viejo Mundo, en lugar de haber caído víctimas de ese canto de sirenas, hubieran optado por atender más aquella inmortal declaración de “all men are created equal” (todos los hombres son creados iguales).

No debe haber frase con más fuerza en la historia contemporánea, y esto es porque en esos simples vocablos la misma encierra la profundidad de toda una doctrina filosófica que pone a la verdadera Ley y al Hombre por encima de cualquier construcción artificial que pueda asfixiar su sagrada dignidad.

"Me ahogo, me ahogo, me ahogo en este albañal y me duele España en el cogollo del corazón”, decía Unamuno refiriendo a su padecer por las circunstancias de aquella convulsa época que le tocó vivir. Es difícil mirar a España hoy y no sentirse identificado con la vieja expresión de una de las más grandes mentes que esta dio al mundo. Es complicado no sentir la misma asfixia, la misma angustia cuando se la ve atacada en sus cimientos.

España está perdida en un laberinto de metáforas que paradójicamente no tienen el más mínimo parecido con la realidad verdadera. Desnorteada, víctima de una megalomanía que en pos de servir a su propio ego, carente de votos, no ha dudado en hacerse fuerte en base a los más acérrimos enemigos, transita por un triste devenir que ha costado la vida a miles. Y el futuro a muchos más. La filosofía adquiere un lugar de relevancia cuando las naciones entran en graves crisis. En momentos de todo o nada, de vida o muerte, de libertad u opresión, es cuando conviene recordar que la palabra “libertad” no vale lo mismo si la pronuncia el cantamañanas de Rousseau, que si la invoca Locke. En boca de los chavistas, separatistas, y pro etarras, que apañan a la soberbia flaca de urnas, esta no vale nada.

Lo que queda de sensatez debe cuidar al Rey, y hacer pie en la Constitución del 78, garante de esas libertades que nos llenan de orgullo. Con una mano en el timón y otra en la escota, mantener el barco a flote, y esperar que pase la tormenta. Pasará, como siempre ha sucedido. Hace un tiempo, poco después del horror de los atentados de Atocha, publiqué el texto que a continuación transcribo. Una invocación poemática de los principales hitos de la historia española. En ella me baso para no tener dudas, España vencerá a sus enemigos. Sobrevivirá unida. Una vez más.

Soñé con Baza, y vi morir al hombre de Orce. Era España. Soñé con la negrura de la noche, y la furiosa tempestad golpeando el Finisterre. Era España. En mis sueños vi a Breogán, y vi a Milé contemplando a lo lejos las costas de Eire. Era España. Vi una Cruz dentro de un círculo. Era España. Soñé con montes verdes, y vi erguido un fuerte roble. Era España. Soñé con dos mujeres dando a luz a dos niños, eran Trajano y Adriano. Era España. Vi a Pompeyo fundar una ciudad sobre una aldea. Era España. Soñé con un campo de estrellas, y en mi sueño vi al hijo de Zebedeo preparar el camino que más tarde yo andaría. Era España. Soñé con el río Ebro en una fría noche de enero, escuché el Gratia Plena, y vi al Mayor, hincado ante el Pilar. Era España. Vi una barca de piedra, y vi a su cansado navegante llegar a su reposo en Galicia. Era España. Vi la gloria de Abderramán, y vi florecer Al-Andalus. Era España. Soñé con la gloria de Pelayo en Covadonga. Era España. En mis sueños me pareció estar en Niebla, vi a Alfonso el Sabio, El Rocío, y al Vicario ya cansado. Era España. Vi a Roldán caer en Ibañeta, y a Carlomagno llorarlo en Orreaga. Era España. Soñé con la justicia y la templanza, y vi cabalgar al Campeador. Era España. Soñé con Fernando e Isabel entrando en Granada, y escuché el llanto de Boabdil. Era España. Vi a Sancho, y luego a Carlos, en Olite. Era España. Vi a un valeroso caballero cayendo herido, y viendo a Dios, defendiendo la ciudad de Pompaelo. Era España. Soñé con tres pequeños barcos en el inmenso océano embravecido buscando su destino. Era España. Soñé con la Cruz clavada en la arena. Era España. Soñé con Cristo llegando a un mundo nuevo. Era España. Soñé con Javier en Goa. Era España. Vi a un manco romper folios, y volver una y otra vez a cargar tinta. Era España. Vi a Velázquez inventando la abstracción. Era España. En mis sueños escuché tocar a rebato la campana del monasterio de la Coelleira, vi correr la sangre templaria martirizada, y vi al Paisano en Vicedo. Era España. Soñé con el dolor y la muerte en un mes de mayo. Era España. Vi a Pastor Díaz escribiendo A Alborada, admirando los reflejos de la marea en la ría y soñando con la libertad. Era España. Soñé con Cuba que se iba. Era España. Otra vez vi confusión, locura y muerte. Era España. En mis sueños vi una tarde de humo, sangre, y dolor. Vi una Iglesia y un roble aún erguidos. Era España. Soñé con Unamuno en Salamanca aseverando: venceréis pero no convenceréis, y vi a Millán salvándole. Eran las dos Españas. Era España.

En una pesadilla vi la bala que mató a Federico, y vi morir a Machado de tristeza. Era España. Vi al gitano lamentarse en bulerías. Era España. Soñé con una madre en Barbastro implorando a otra Madre por la vida de su hijo que sería Santo. Era España. En mis sueños, vi a mi abuelo abandonando sus montañas sin volver la vista atrás. Era España. Vi a Rosalía, que lloró por todos. Era España. Vi la piedra en el paisaje, y vi a Oteiza. Era España. Soñé con Ondarreta, y vi a Chillida meditando junto al Peine. Era España. Vi a Cunqueiro soñando con Ulises. Era España. Soñé con mi Galicia, vi a la Virgen Moreniña, y vi a Ramón Sampedro sonriendo y volando rumbo al mar. Era España. En otra pesadilla, vi llorar a Nuestra Señora de Atocha, vi el azufre y el hierro retorcido, e imploré a Santiago por su eterna y divina protección. Ya cansado de soñar, vi morir al sol en el mismo lugar en que lo vio morir, aterrado, Junio Bruto. Era España. Es España.

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