Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Herrerismo y verdad

La campaña electoral comenzó torcida. Y la responsabilidad es del FA y de algunos dirigentes sindicales. De más nadie.

Han apelado a medios rastreros para golpear al Partido Nacional con ofensas, descalificaciones, mentiras, y falsas verdades. Todo lo cual, además de mal intencionado, es injusto para con un partido cuyos candidatos siempre han guardado un tono considerado en la cosa política.

¿O acaso está bien que exijan curriculum vitae a sus contendientes los miembros de un gobierno que no tienen nada para mostrar, que no sea simpatías con gobiernos, partidos e ideas de corte totalitario? ¿Es políticamente correcto montar una campaña desleal contra la iniciativa Vivir sin Miedo de Larrañaga, con base en una desgracia humana? ¿Desde ese dudoso pedestal pretenden ser jueces de los demás? Dan risa y miedo. Así no se juega en democracia, así no se respetan las instituciones en las que se funda nuestra república.

En forma deshonesta tratan de llevar el debate público a una inexistente intención de repetir algunas medidas que se tomaron durante contextos acuciantes (altísima inflación por ejemplo) en los años noventa, cuando nadie en el Partido Nacional tiene idea ni voluntad de hacerlo en un futuro. Y no es porque los blancos reneguemos del mejor gobierno que ha conocido este país, sino simplemente porque los tiempos son otros, los actores son diferentes, y el país y el mundo han cambiado. Lo que fue necesario en aquellos años, hoy no corre. Plantear nuevas soluciones a los problemas de hoy, es “evolucionar”, esto es lo único que propuso el Partido Nacional en la anterior elección, y lo que propone para la próxima. No tocar lo que anda bien (aunque tenga el sello del Frente Amplio), y arreglar lo que va mal.

Evolucionar. Entiendo que cueste comprender esto, dado que es un concepto difícil para quienes aún creen en el socialismo real y además sufren del complejo de génesis, pero más vale que vayan espabilando. Es lo que se viene.

Después de tantos años de mirarse el ombligo, Uruguay necesita elevar la mirada, y el Partido Nacio- nal está listo para poner al país nuevamente en buen rumbo.

Es por esto que me pa-rece fuera de lugar el tono que el FA quiere dar a la campaña.

Pretenden demonizar a los candidatos del Partido Nacional, haciendo foco en el Herrerismo, como si desde esta corriente de pensamiento alguna vez en la historia hubiera surgido una sola medida que no tuviera como meta la protección de los débiles, la lucha por las libertades, y la defensa del imperio de la ley (en lo interno, y externo).

Pifian señores, y feo. Para que lo entiendan, les comento que no existe herrerista defensor de una dictadura, tampoco que pretenda mantener a un gobierno totalitario mirando para el costado, no hay herrerista que reniegue del Estado de Derecho, o que no entienda, sostenga, y defienda, que la ley está por sobre la política. Nunca el Herrerismo en sus diferentes etapas defendió otros intereses que no fueran los de los menos privilegiados, jamás se opuso a nada que hiciera mejor al país, o al hombre más digno y más libre. El Herrerismo siempre ha estado en contra de las intervenciones y del imperialismo. Fue de los primeros en denunciar la subyugación de Cuba a los EE.UU., y acérrimo enemigo de la dictadura de los Castro (sí, de esa que ponderan quienes nos imaginan con cuernos y tridente).

Desde el Herrerismo ha surgido siempre el verdadero progreso del país. Hemos marcado con sentido común y pragmatismo políticas de Estado que han sido pilares del reconocimiento internacional que otrora tuvo Uruguay (hoy lamentablemente minado), y que determinaron un verdadero avance de las cuestiones sociales en lo interno.

Ningún tema trascendente del Uruguay que conocemos nos ha sido ajeno, las hemos corrido y peleado todas, y en todas hemos sumado nuestro aporte. Contribución que siempre ha estado bien atada a los grandes ideales que mueven a los países en serio: libertad, oportunidades en serio, progreso, protección para los necesitados, justicia, seguridad, y desarrollo.

Es por esto que indigna y rebela escuchar como desde el partido de gobierno, sí desde ese partido y sus satélites sindicales defensores de Maduro y de los Castro, se nombra al Herrerismo como si fuera cosa mala. Los herreristas somos ante todo parte de la gran familia blanca. Esa que integra a diversos sectores del Partido Nacional, a la que se suman día a día otros orientales que solo desean un cambio que les asegure un mejor porvenir. Familia que ha crecido de la mano de grandes figuras como Oribe, Saravia, Herrera, y Wilson, todas personas con virtudes y defectos, pero con una gran cualidad: nunca, ni por un minuto ninguna de ellas sufrió de mesianismo ni estuvo del lado incorrecto, en contra de la libertad, o a favor de la opresión. ¿Quienes nos critican podrán decir lo mismo?

Lo malo entonces no es ser blanco o herrerista, es meterse en la vida de las personas, cercenar su libertad, atropellar su dignidad convirtiendo a miles de compatriotas en prisioneros de dádivas negándoles oportunidades. Malo es ser tan cerrado y dogmático como para creer saberlas todas, y además arrogarse el derecho a decirle a los demás cómo deben vivir sus vidas.

Malo es dar la espalda a medio país, y no hacer co-mo los blancos, que siempre hemos tendido la mano a todos, sin importar de dónde vienen, sean trabajadores o empleadores, nacionales o extranjeros, colorados, independientes, o frentistas. Solo mirando a las personas y no a los colores. Siempre fieles al “ni me callo, ni me voy”.

Nadie en este país necesita que ningún gobernante le diga cómo debemos vivir nuestras vidas.

Su verdadera tarea, para la que fueron elegidos legítimamente no es eso, ni agitar cucos, sino que es gobernar para todos los orientales, con lealtad, eficiencia, y vocación de servicio.

Les queda un año, aún están a tiempo de cumplir con su deber.

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