Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Conciencia y voluntad

Hace unos días fui a visitar al presidente Sanguinetti para conocer su perspectiva sobre las relaciones laborales y los desafíos en la materia que enfrentará el próximo gobierno de coalición encabezado por el Partido Nacional.

Al margen del productivo peloteo que mantuvimos sobre este tema, también hablamos acerca de los cambios que ha sufrido la política en los últimos años a nivel mundial. Particularmente comentamos el devenir de la misma en España, desde la brillante Transición a la actualidad.

Debo confesar que lo atormenté a preguntas, y agradecerle que me bancó con paciencia, y mucha empatía para con este herrerista. Escuchar de primera mano las impresiones de quien trató con Adolfo Suárez, con Don Juan Carlos, con Mitterrand, Chirac, Reagan, y Bush, entre otros, es muy interesante, sobre todo para contrastar las mismas con anécdotas que también me ha contado otro gran Presidente, mi querido mentor Luis A. Lacalle Herrera. Conocer los puntos de vista disímiles de estos dos hombres que han sido tan relevantes en la historia de nuestro país sobre hechos fundamentales, es un privilegio.

Pero lo que de verdad me llamó la atención fue percatarme cómo a pesar de sus diferentes visiones sobre la cosa política, ambos coinciden en que entre los atributos necesarios con que debe contar quien pretenda llevar adelante un buen gobierno están los que por mi cuenta defino como conciencia y voluntad.

Analizar campañas políticas, o evaluar el desempeño de los candidatos solo por hitos relevantes del proceso electoral propiamente dicho, me parece una simplificación absurda que no debería ser más que un accesorio a la hora de definir el voto.

Entiendo que además de injusto, sería imprudente juzgar a los dos candidatos que se perfilan como favoritos para las elecciones solo por como les fue en el debate, o por su performance en tal o cual programa.

A pesar de estar en el siglo XXI, y reconociendo el papel que juegan en la comunicación política los medios contemporáneos en cuanto a la formación de opinión, creo que, para el observador interesado, los mismos no disimulan lo esencial, sino que lo potencian, en cuanto revelan las verdaderas virtudes como las que dan título a esta columna.

Aclaro desde ya que no hablaré del candidato del Frente Amplio. No da. No sería polite en este momento. Y nosotros los herreristas, los blancos, no cultivamos ese estilo. No somos así, y debemos ser guardianes de los valores intrínsecos a nuestro sentido de pertenencia e identidad. Eso nos define y nos diferencia. Nunca se justifica el vale todo.

Me referiré solo a Luis, y tengo absoluta certeza de que no me equivocaré en lo que sostengo a continuación, así como también estoy convencido que el aprecio para nada entorpecerá mi análisis. Por el contrario, el conocimiento me permite dar fe a cabalidad.

Luis tiene conciencia.

Tiene una gran conciencia cultivada a lo largo de más de dos décadas de trabajo metódico, disciplinado, y organizado. Circunstancia que se traduce en un conocimiento bien claro de la realidad nacional con una macrovisión que no ha perdido de vista jamás la dimensión humana que hay detrás de los grandes temas de la política.

Su acción va de villas a ciudades ida y vuelta mil veces. Su pensamiento, en la línea de que la política necesita como faro el sentido de lo posible, está enmarcado en un acercamiento a la materia prima de la realidad nacional completamente reflexivo, pero además fundamentalmente empático con el otro. Sobre todo, con el que está enfrente y con el que piensa distinto, privilegiando a las personas.

Y esto, que así escrito parece tan sencillo, es un ejercicio que revela el mayor compromiso con el desempeño serio y profesional de una vocación tan noble (como castigada), pero en la que tantos erran al no lograr interpretar la realidad circundante y el mundo en el que se está inmerso.

A nuestro candidato no le falla esa sensibilidad, así como tampoco derivan sin rumbo sus principios morales y éticos, los que como hemos visto lo convierten en un extraño y ponderado ejemplar en su medio, con el valor de pedir disculpas, de reconocer errores, o de plantarse afirmando sus ideas y su juego siempre leal con el adversario.

Conciencia que con el transcurso del tiempo ha formado equipos de gente sin dogmas comprometida con una sola causa: la del Uruguay, pero que no han perdido de vista la autocrítica en el convencimiento de que solo mediante la excelencia que surge del conocimiento y del trabajo se pueden mejorar las condiciones de vida de un pueblo que por años ha estado sometido al talenteo.

Luis tiene voluntad.

Y de esto vaya si puedo dar testimonio.

Una voluntad inquebrantable de ir para adelante, de ver siempre lo bueno, de no dejar a nadie atrás, de no abandonar nunca los principios más caros del ser humano como la dignidad, la solidaridad, la buena fe, y la cooperación con miras al futuro mejor de nuestra colectividad. Nada de esto es menor.

Por esto lo han honrado con su reconocimiento pares de todos los partidos.

La voluntad de Luis es una voluntad generosa que se complementa con la conciencia que refería antes.

Una sin la otra no se entiende, la voluntad es el catalizador de esa conciencia. Y ambas son lo que se advierte: una unidad que lo convierten en la persona idónea para hacerse responsable de un país que necesita en forma inmediata poner rumbo al futuro con certezas y sin divisiones.

A esta altura algún lector no entenderá el porqué de esta columna en la que confluyen un llamado político y la expresión de convicciones y afectos personales.

Pero es la verdad, nos jugamos mucho, y esta es la manifestación sincera de alguien que cree que Luis es lo mejor que le puede pasar al país, es el testimonio de quien conoce al candidato de todas las horas, desde que esto era un lejano sueño, y que hoy da fe a quien quiera escuchar, de que no encontrará persona con más ganas, con mejores intenciones, con más vocación, con más entrega, con más disposición, con más capacidad de liderazgo, ni con más concienzuda preparación para ejercer la presidencia.

Sí, con conciencia y voluntad. Como los grandes líderes.

Es el momento de Luis, es ahora.

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