Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

¡Basta ya!

Hace unos años, la sociedad vasca, agobiada de soportar la prepotencia terrorista que la azotaba, construyó una iniciativa popular que cruzaba fronteras políticas, sociales y económicas, con el objetivo principal de oponerse a la violencia, vindicar el Estado de Derecho, y dar apoyo a las víctimas.

Hace unos años, la sociedad vasca, agobiada de soportar la prepotencia terrorista que la azotaba, construyó una iniciativa popular que cruzaba fronteras políticas, sociales y económicas, con el objetivo principal de oponerse a la violencia, vindicar el Estado de Derecho, y dar apoyo a las víctimas.

Recuerdo un multitudinario acto celebrado en el Palacio Kursaal de Donosti, donde izquierda y derecha se dieron la mano contra la violencia, y donde una de las hermanas de Miguel Ángel Blanco -concejal del PP asesinado por la banda armada- llamó a tener “coraje, decisión y rebeldía democrática” para enfrentar la difícil situación que se vivía en Euskadi.

Esta iniciativa denominada “Basta ya”, organizó numerosos actos de protesta clamando por la paz y las víctimas, los que se caracterizaban por una convocatoria heterogénea, donde se mezclaban los votantes de los dos principales partidos políticos españoles y algunos votantes de los partidos nacionalistas.

Fue una genuina manifestación ciudadana de hartazgo colectivo por la barbarie, que se expresaba de diferentes maneras, pero que tenía como denominador común el hecho de que tanto personas de izquierda como de derecha no bancaban más la cosa.

Era otro mundo, sin Facebook, Twitter, ni WhatsApp, la gente salía a la calle a protestar porque no había otra manera de hacerse oír. La catarsis colectiva ante las salvajes agresiones y la solidaridad ante el injusto dolor individual de las víctimas era mucho más visible. Rompía los ojos ver aquellas manifestaciones por las principales ciudades españolas en las que miles caminaban conmovidos.

Los hechos de violencia que hoy sufrimos en Uruguay también nos rompen los ojos, sin importar nuestro color político.

No hay forma de estar ajeno. Es tan intenso el sentimiento de impotencia, que a pesar de vivir en el mundo de las redes sociales, el descontento colectivo ha saltado de estas a la calle como nunca antes. Lo vemos en cada concentración, en cada caceroleo, bocinazo, o charla cotidiana.

Y esto es porque el Frente Amplio ha fallado; porque ha incumplido su mandato como partido que gobierna para todos los orientales.

Es su obligación darnos seguridad. Y este mandato no está sujeto a interpretación ideológica alguna, ni a lo que piensen “las bases” mientras tratan de encontrar releyendo El Capital una justificación materialista del delito que relativice su inacción.

No pueden buscar en las causas del delito un atenuante a su pasividad, ni pueden azuzarnos frías estadísticas sobre la inseguridad.

No tienen derecho a decirnos que no debemos resistir, así como tampoco a insultar nuestra inteligencia con versos como el de que una de las ventajas de la inclusión (obligación) financiera es andar con plástico en el bolsillo en lugar de llevar dinero.

Las manifestaciones de los últimos días indican que Uruguay empieza a despertar. Empezamos a animarnos a tener “coraje, decisión y valentía democrática” para exigir al Frente Amplio que nos cuide, como es su obligación, tanto en materia de seguridad ciudadana como en otros aspectos del quehacer nacional.

Y en esta exigencia, no caben colores partidarios, todos estamos en el mismo barco, todos queremos paz y seguridad.

Por esto, resulta inoportuna la declaración de prensa del partido de gobierno del 5 de octubre.

¿Qué le hace pensar al FA que la “construcción de propuestas consensuadas” en materia de seguridad con el resto del sistema político relativiza su responsabilidad?

¿Qué extraña razón lleva al Frente Amplio a reafirmar su “irrenunciable apego al sistema democrático y a las instituciones”?

¿Qué lo hace creer que expresar su “sensibilidad” es un acto genuino de solidaridad?

Solo la lejanía de la gente lo puede llevar a expresar tales quimeras.

El Gobierno, si escuchara, debería acatar de inmediato el indubitable mandato que hoy clama por seguridad.

Todo el sistema político, sin medir costos, ha participado de la construcción de propuestas. ¿Por qué no las han implementado si les sobran los votos? ¿Son estas propuestas suficientes?

Es la emergencia la que hace que nuestra sociedad se una y grite ¡basta ya! como lo ha hecho esta semana pidiendo medidas inmediatas.

No se trata de torcerle el brazo a la izquierda gobernante haciendo que renuncie a sus postulados o que sacrifique a sus actores. Se trata de que esta entienda que todo el espectro ideológico de los gobernados quiere paz y seguridad.

No nos merecemos ser rehenes de Marx, Engels, y un par de trasnochados más. Teoricen en el comité, no en el Gobierno. El Gobierno es nacional, no partidario.

No hace gimnasia política la oposición cuando pide respuestas, sí la hace el Frente Amplio con su declaración. Y eso sí es falta de sensibilidad, con todo el país incluidos sus votantes. Porque víctimas de esta situación somos todos.

No nos merecemos siquiera la “sensación térmica” de inseguridad. ¿O no espabilan que vivir sintiéndonos seguros es también un derecho humano?

Dennos tranquilidad hoy en forma pragmática, y mientras tanto sigan buscándole la vuelta teórica a cómo revertir las causas del delito.

Ojalá la encuentren, pero no podemos seguir esperando por esto.

Los orientales, como los vascos en su momento, estamos hartos del delito. Y esto es un sentir nacional que cruza las fronteras partidarias.

Nada hace pensar que vengan cambios, por esto nuestra sociedad debe ponerse ya a construir los consensos necesarios para este y otros temas, y a buscar los líderes que sean capaces de mirar más allá de sus propias ideas.

Nuestro futuro como nación trata precisamente de esto, de mirar para adelante sin lastres ideológicos.

El colectivo “Basta ya” unió a populares y socialistas en Euskadi en pos del bien común. Uruguay tiene que hacer lo mismo, tiene que unirse sin colores.

Uruguay debe sacarse la venda ideológica, darse cuenta de los años que llevamos perdidos, y pensar con pragmatismo y sin prejuicios quién podrá hacer de nuestro país un lugar mejor para nosotros y para los que vendrán.

Mientras tanto, releo la declaración de prensa del Frente Amplio y, como Dylan, me pregunto: “Yes, ’n’ how many times can a man turn his head, pretending he just doesn’t see?” (¿Cuántas veces puede un hombre mirar para otro lado y fingir que no lo ve?).

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)