Tomás Linn
Tomás Linn

El voto del domingo

Con expectativas, con dudas, con calculada intención, los uruguayos que decidieron participar en la elección interna se preparan para hacerlo el domingo próximo.

Algunos votarán por quien creen que es la figura más prometedora dentro del partido al que adhieren. Otros lo harán para despejar el camino desde ya y encontrarse con la mejor opción posible en noviembre, cuando sea la segunda vuelta. Habrá votos emocionales y votos racionales y quienes no se sientan cautivados por ninguna de esas motivaciones, simplemente no concurrirán a las urnas. Como corresponde a lo que por definición es una elección interna, esta no es obligatoria.

Más allá de lo que digan las encuestas, los posibles resultados generan intriga. Se dice que Daniel Martínez, dentro del Frente Amplio, lleva una cómoda delantera. Sin embargo el precandidato comunista Óscar Andrade marcó mayor presencia a partir del debate y se supone que Carolina Cosse cuenta con el apoyo de un aceitado aparato del MPP que querrá hacerse notar el día de la elección. Como sea, todos los candidatos frentistas enfrentan el endiablado desafío de superar un duro desgaste después de 15 años de gobierno, con seguidores que ya no sienten la fervorosa adhesión de antaño.

La situación del Partido Colorado es más interesante. Prácticamente desahuciado desde que Pedro Bordaberry anunció que se retiraba, se vio revitalizado con la presencia de dos candidaturas que provocaron un llamativo despertar. Por un lado está el resurgimiento del expresidente Julio Sanguinetti, que vuelve a imponer su viejo liderazgo con renovado ímpetu. Por otro lado, está el economista Ernesto Talvi que apuesta a una renovación partidaria que mucha gente sigue con igual entusiasmo. Nadie espera milagros, pero sí que la suma de los votos de ambos consoliden un repunte de su partido.

Los blancos han revivido la ya conocida rivalidad entre Jorge Larrañaga y Luis Lacalle con un Lacalle más aplomado (se notan los cinco años transcurridos desde su última campaña), siguiendo una estrategia planificada y estudiada durante todos estos años.

Les apareció sin embargo un genuino ‘outsider’ que según dicen las encuestas, estaría marcando bien y que se dedica a hacer promesas demagógicas.

Es difícil saber la razón por la cual hay gente que lo apoya; en realidad tampoco se sabe si esa gente es mucha o poca. Sin duda, razones hay y es necesario entenderlas. Pero una cosa es entender el fenómeno y otra suponer que es bueno. No lo es. Se ha hecho evidente su forma sucia de hacer campaña (que se ve más en los calumniosos avisos no firmados que con la demagogia desplegada) y lo sorprendente es que cuando alguien se lo señala, actúa como si fuera la víctima, el ofendido, dando la apariencia de que hay una descarnada disputa interna en el Partido Nacional, cuando no la hay.

Una de las explicaciones de por qué han surgido estos y otros fenómenos similares es, se dice, porque la oferta política tradicional es muy pobre.

Por cierto pasó la época de aquellos líderes que pisaban fuerte: los Batlle y Sanguinetti en filas coloradas (aunque este último ha vuelto por sus fueros); los Ferreira Aldunate y los Lacalle Herrera en el Partido Nacional o los Seregni, Vázquez y Mujica en el Frente.

Los de hoy son otros tiempos, otros lenguajes y otro liderazgos. Quizás la oferta más pobre sea justamente la oficialista. Sin ser aquellos caudillos, el Partido Nacional tiene un avezado político que se destaca en el Senado y otro tal vez joven para este país de viejos, pero que está muy preparado y habla desde otra generación, la que se viene. El Partido Colorado tampoco tiene malos candidatos. Uno es una persona nueva, no en el escenario nacional pero sí en el político, de sólida formación y firme presencia. El otro es una figura ya de cierta edad, sabia y lúcida que mantiene intactas todas sus mañas.

La idea de que la oferta es pobre, parece haber sido impuesta desde el oficialismo. Los frentistas están decepcionados con sus propios líderes y su única coartada para volver a votarlos pese a su enojo, es decir que el resto de la oferta es aún más deplorable. Es una excusa, es como decir: “lo nuestro es malo pero lo de ellos es igual de malo”.

Lo insólito es que todos, incluso los que nunca pensaron en votar el Frente, entraron en esta lógica y compraron el verso.

El domingo, una vez abiertas las urnas y contados los votos, empieza una nueva etapa. Mucha gente harta del Frente parece dispuesta a pagar el precio que sea con tal de sacarlo del gobierno. Sin duda, la oposición deberá sumar esfuerzos y liderazgos para acceder al gobierno en 2020. Pero no cualquier suma sirve. El surgimiento de nuevas propuestas de dudosa seriedad o de cuestionable republicanismo no ayuda a la suma. Los llamados ‘outsiders’ parecen inventados para arruinar una fiesta que algunos ya estaban anticipándose a festejar.

No sería prudente para nadie, a un lado y a otro, celebrar hasta que se cuente el último voto, el último domingo de noviembre.

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