Tomás Linn
Tomás Linn

Lo terrible del Plenario

El ruido a veces distrae respecto a lo que es sustancial.

Se hizo ruido con la satisfacción y el orgullo mostrado por algunos dirigentes frentistas ante la suspensión, por un año y medio, de los derechos como adherentes del Frente Amplio al exvicepresidente Raúl Sendic y al senador Leonardo de León. Entendían que como sector político, el mensaje emitido era claro y que había cuestiones de conducta que no podían ser aceptadas.

Tanto orgullo pasa por alto por lo menos tres aspectos. El primero es que hace un año, los mismos que hoy condenan a Sendic lo defendían a capa y espada y cuestionaban a los partidos opositores y amedrentaban a los periodistas que lo denunciaban. Lo segundo es que se sigue minimizando la gravedad del hecho. Se sigue insistiendo que el uso de la tarjeta corporativa es por nimiedades, cuando todo el país sabe que eso es tan solo la punta del iceberg.

¿Dónde fueron a parar los 800 millones de dólares que Ancap perdió? Por cierto no fueron a modernizar en seguridad y eficacia la planta de la Tablada. Más allá del enojo que provocó el paro de hace 15 días que dejó sin combustible a buena parte del país, las explicaciones de la gremial de camioneros que operan en esa planta, dieron para pensar. Sin estridencia, con calma, en tono reposado, pasaron lista a los serios problemas que hay. Si lo que contaron fue verdad, y todo indica que lo es, la situación es dramática.

A eso se suma el derrame de petróleo en una manga que conecta la boya de José Ignacio con tierra firme. Si bien enseguida se tomaron medidas para reducir el impacto, el derrame existió. Es verdad que los accidentes suceden y no siempre por motivos sencillos. Pero queda la duda de si hubo mantenimiento ahí. No parece probable que ese dinero perdido de Ancap haya sido destinado a mejorar y modernizar la boya.

Por lo tanto, no se trata de unos pequeños gastos hechos con una tarjeta corporativa (que por supuesto, grave es), sino mucho más.

Lo tercero que mostraron esas sanciones impuestas por el plenario del FA es que al analizar con presunto orgullo lo referido a Sendic y de León, se intentó disimular una sanción muy grave e imposible de explicar: la expulsión del secretario general de la OEA, Luis Almagro, canciller del expresidente José Mujica.

A quien usa en forma irregular e ilegal la tarjeta corporativa se le aplica una suspensión de 17 meses. A quien defiende la democracia, el estado de derecho y cuestiona las dictaduras que violan derechos humanos, encarcelan líderes políticos, arremeten contra la libertad de prensa y reprimen con violencia las manifestaciones callejeras, se lo expulsa sin más explicaciones.

El mensaje es gravísimo. Asusta, alarma. En forma clara y explícita el Frente Amplio demostró que le importaba un bledo la democracia, las instituciones, las libertades individuales. Dio a entender que seguirá defendiendo sin pudor las más atroces dictaduras de América Latina. Negó solidaridad a un pueblo oprimido olvidando que en la época de la dictadura, sus militantes exiliados recorrían el mundo pidiendo esa misma solidaridad con los perseguidos uruguayos.

La respuesta de Almagro fue contundente. De esas que impactan y dejan sin palabras. No se mostró ni dolido ni ofendido por la expulsión. Pero sí le advirtió al Frente Amplio que tarde o temprano sería recordado y maldecido por esta actitud vergonzosa, indigna y mezquina.

Es que así como han sido condenados al desprecio del mundo entero los que apoyaron antaño a Hitler, Mussolini o Stalin, así como ahora reciben ese mismo desprecio los que fueron cómplices de dictadores como Videla y Pinochet, así también algún día pagarán estos.

La democracia, tal como la valoran los uruguayos, es separación de poderes, es estado de derecho, es libertades individuales, es garantías para el ciudadano, es libertad de expresión y de prensa. Implica que el Poder Ejecutivo administra el país, lo gobierna, pero no tiene ningún poder absoluto, pues este está repartido. El eje de una sociedad libre es el soberano, el ciudadano que vota y paga sus impuestos.

Esa es la democracia constitucional, moderna y liberal. Algunos razonablemente suelen hablar de democracia republicana, aunque en Europa, las democracias más antiguas del mundo tienen monarcas como jefes de estado.

El Plenario del Frente Amplio demostró, al expulsar a Almagro, que estos valores que configuran una genuina democracia, son irrelevantes. Los desdeñan, los repudian. Y al hacerlo han ido a contrapelo del sentir general de los uruguayos.

Esto fue lo terrible del plenario.

Lo de Sendic y de León, se hizo para acomodarse a los vientos que soplan. De haber sido honesta su postura, lo hubieran sancionado hace un año y con más dureza.

Lo de Almagro en cambio va más a fondo. Desnuda su adhesión a los déspotas y su rechazo a todo quien con mera sensatez, defienda algo tan elemental como la democracia. No creen en ella. No la quieren para los uruguayos.

Debemos por lo tanto, estar advertidos.

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