Tomás Linn
Tomás Linn

Seducir y convencer

Ahora sí se largó la carrera. Los dos grandes contendientes para ganar la Intendencia de Montevideo en mayo, definieron sus candidaturas y están en campaña. Ambos procesos fueron entreverados y lo fueron por distintas razones.

Como resultado, sus acuerdos también son diferentes. En el caso del Frente Amplio, se presentarán tres candidaturas. En el caso de la coalición de gobierno, solo una.

El Frente tendrá, como ventaja, la posibilidad de sumar votos de cada uno de los candidatos y así fortalecer su resultado final. La coalición en cambio, renunció a esa estrategia y optó por una que no garantiza esa barredora de votos que procura el Frente, pero consolida a la coalición como tal, aún a riesgo de perder. En este momento, esa consolidación no es un objetivo menor.

La semana pasada, en mi anterior columna expresé mi desconcierto por el desorden con que la coalición manejó el tema y me pregunté si realmente quería ganar en Montevideo.

El resultado muestra que la coalición pudo eventualmente controlar ese desorden, lo que no es poca cosa. La candidata y sus suplentes (al menos los dos más conocidos) son figuras interesantes, mediáticas, excelentes comunicadores y de mucho prestigio en sus círculos. No son políticos y eso puede ser un problema. Aunque no me atrevería a decir que Andrés Ojeda no lo sea, ya que dada su juventud se puede argumentar que está en la edad perfecta para empezar.

Al final las cosas salieron bien y la coalición pasó, con notorias dificultades, su dura prueba.

Esto se explica por dos razones. La primera es el liderazgo que ejerce el propio Luis Lacalle Pou. Al principio no estuvo en el tema, como es obvio, ya que su tarea ahora es tener todo pronto para asumir el gobierno nacional, pero cuando las cosas se complicaron pidió silencio y prudencia y en cierta medida lo logró. También él, en silencio, fue tratando de acomodar las piezas. En otras palabras, pese a que las generaciones mayores tienen dificultad para entenderlo, desde 2014 empezó a gestarse un liderazgo de estilo distinto a lo que los uruguayos están acostumbrados, pero que funciona. Y para que el nuevo gobierno tenga éxito, deberá seguir funcionando en estos cinco años.

Pero también se debe a que los partidos miembros de la coalición empiezan a entender las reglas de juego para que ésta no solo sobreviva, sino que se fortalezca. Se recelan mutuamente, pero al final saben que necesitan entenderse.

La conformación de una fórmula que a primera vista aparece atractiva, no garantiza un triunfo electoral. Montevideo tiene un fuerte arraigo frentista y, como ocurrió en la “remontada” de la segunda vuelta, los burócrata-militantes cuentan con buena información (tomada quizás del Mides o de otros proyectos oficiales) respecto a qué puertas tocar para asustar votantes con el cuento de retrocesos en sus derechos. Lo hacen como si ellos, los militantes, fueran los dueños de esos derechos ajenos.

De todas formas tengo la impresión (no la tenía hace dos semanas) de que la coalición está gestando por primera vez una alternativa que podría amenazar la hegemonía frentista que lleva 30 años en la capital. O sea que ahora sí tal vez empiece a trabajarse en serio en dirección a un resultado que podrá o no darse en este mayo pero que apunta por lo menos al 2025 y más aún. El Frente Amplio empezó a ganar Montevideo el día de su fundación en 1971 y logró su objetivo recién en 1989. Sabía que era una apuesta a largo plazo y trabajó denodadamente para ello.

A falta de tres candidatos, la coalición deberá diseñar una estrategia donde la titular, Laura Raffo y los candidatos a suplentes jueguen un rol coordinado. Eso comprometerá a los cinco partidos en esta campaña y exigirá que al menos dos de sus suplentes (Ojeda y Gerardo Sotelo) por ser los más conocidos y mediáticos, tengan más exposición y junto a Raffo compongan un trío capaz de desarrollar una fuerte conexión con el electorado. Necesitarán, además, el contínuo respaldo de todos los partidos coaligados: no pueden quedar solos como ya sucedió en elecciones anteriores.

La otra tarea es mostrar qué piensan hacer con Montevideo, cuáles serán sus planes y proyectos, cómo imaginan a la ciudad del futuro y al departamento en general. Será una tarea inmensa porque no tienen mucho hecho, pero están obligados a presentar y defender una propuesta que seduzca. Montevideo se ha vuelto una ciudad descuidada, sucia, mal desarrollada, improvisada, fea, desatendida y hostil. ¿Cómo se revierte todo eso? Hay que presentar buenas ideas y mostrar que la candidata es la persona ideal e idónea para ejecutarlas. No puede quedar instalada la idea de que si Christian di Candia llegó a ser intendente, cualquiera que pase por la puerta del Palacio Municipal puede serlo.

En la medida que el Frente Amplio tiene parte de la ciudad ganada, más por razones ideológicas que otras, le corresponde a quien se le oponga hacer un esfuerzo redoblado para seducir, como dije líneas arriba, y finalmente para convencer.

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