Tomás Linn
Tomás Linn

Una respuesta consistente

No se gana para sustos. Cuando aparecen buenas señales, por pocas que sean, también aparecen de las otras, las que oscurecen.

Una buena señal es que el fiscal Luis Pacheco pidió el procesamiento de Raúl Sendic y otros exdirectivos de Ancap por las denuncias hechas respecto a irregularidades en la gestión de esa empresa pública. La mala es que algunos directores del Banco República, entre 2000 y 2005 habían usado su tarjeta corporativa para gastos que nada tenían que ver con su función.

El fiscal Pacheco no pidió el procesamiento por todas las denuncias que recibió, y eso puede resultar frustrante. Pero arremetió con aquellas que no había dudas de que eran delictivas. Y cuestionó una gestión que prácticamente fundió a Ancap.

El fiscal pidió el procesamiento sin prisión preventiva y los expertos entienden que de acuerdo al antiguo código, por el cual se daría el proceso, esto significa que en caso de dictarse una sentencia que incluya un tiempo de prisión, no irán presos. Gozarían de libertad condicional como suele ocurrir cuando no se pide prisión preventiva.

En momentos en que tanto se cuestiona, y con buenas razones, el uso abusivo de la prisión preventiva cuando aún no se dictó sentencia (ni se comprobó que el procesado es culpable), si este ha de ser el resultado inexorable, ello explica por qué es habitual pedir la prisión preventiva aunque parezca abusiva. Así planteadas las cosas, será todo judicialmente correcto, pero alejado de un elemental sentido común.

De todos modos, que Pacheco haya pedido el procesamiento indica que encontró motivos suficientes para dar ese paso. Quiere decir que cuando los líderes opositores presentaron sus casos a la Justicia, sabían lo que hacían.

Habían trabajado de manera exhaustiva en una comisión parlamentaria convocada a pedido del Partido Nacional. Luego blancos, colorados e independientes, elaboraron sus denuncias y en un mismo día las presentaron ante la Justicia. La Unidad Popular, por su parte, también presentó sus denuncias. Sumadas demostraron que lo investigado en la Comisión Parlamentaria permitió reunir suficientes evidencias como para que las cosas no quedaran en la nada.

En momentos en que el país parece estancado, este episodio dio al menos la señal de que algunas cosas se mueven. Que lo mucho que se dijo sobre Ancap, la pésima gestión de sus directores y en especial de su presidente, tenía asidero. El despilfarro en Ancap fue realmente monstruoso.

Si lo presentado por los partidos fue o no una jugada electoralista, como sostuvo el oficialismo, poco importa. No podían dejar pasar el tema y era su obligación y responsabilidad proceder como procedieron.

Cuando son tantas las voces que se elevan para mostrar su disconformidad con una oposición que, se dice, tiene reflejos lentos y no siempre acertados o que simplemente no se hace ver cuando más se la necesita, este hecho al menos deja claro que en los grandes temas, está. Cumple con su función de vigilar a quien gobierna y defender el dinero de quien paga impuestos y tarifas por servicios públicos.

La gente tiene grabado en su cabeza lo del inexistente título universitario de Raúl Sendic y lo de las tarjetas corporativas. Esos hechos explicarían su renuncia a la vicepresidencia de la República.

Pero ni la gente es tonta ni las cosas son tan sencillas. No es fácil entender cómo se logró despilfarrar tanto dinero en una empresa pública y, sobre to-do, monopólica. El país entero intuía quiénes tenían la culpa. Cada vez que Sendic lo explicaba pasándole la culpa a terceros (que nunca eran los mismos en cada salida suya ante la prensa), los uruguayos se daban cuenta de que algo no cerraba, aunque les resultaba complicado desentrañar esa madeja. Lo del título y lo de las tarjetas fue la forma fácil de entender lo difícil. Ahí era claro ver cómo funcionaba la cabeza del entonces vicepresidente y si así actuaba con su grado terciario o sus tarjetas, entonces era lógico que tuviera igual responsabilidad por su manejo más confuso (¿turbio quizás?) en las grandes cifras de Ancap. Lo anecdótico permitió entender lo intrincado.

Algunos partidos opositores ahora enfrentan un nuevo y enorme desafío. Están obligados a dar el siguiente paso, coherente con este. Al saberse que exdirectores del Banco República se comportaron de igual modo que Sendic con las tarjetas, no pueden demorar en dar una respuesta clara, tajante y decidida. Una que no deje dudas.

Convocar a Directorios y juntas éticas será el procedimiento correcto, pero no pueden llevar a dilaciones inaceptables.

Es verdad que el oficialismo ha sido muy permisivo con la conducta de Sendic. Nunca hubo de parte del Frente Amplio, una condena rotunda y explícita.

Los partidos opositores no pueden caer en lo mismo. No pueden ser ambiguos. Si se pretende cerrar una forma de hacer política e iniciar una era de mayor trasparencia, deben dar una respuesta inequívoca ya. Solo así el esfuerzo que derivó en el pedido de procesamiento de Sendic y los otros, habrá tenido sentido.

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