Tomás Linn
Tomás Linn

Puntapié inicial

Al ponerse en marcha el proceso para aprobar la Rendición de Cuentas, quedó claro que para el gobierno la educación es su prioridad. 

Eso implicaría fondos para el Ministerio de Educación y Cultura, para la (ANEP), para el Plan Ceibal y para las instituciones de ciencia y tecnología que dependen del Estado.

El objetivo de ANEP y del ministerio es impulsar los centros de estudio María Espínola y abrir otros 31 para llegar a los 60 en 2025. En principio se habló de contar con esos 60 centros en 2022 pero la pandemia atrasó la ejecución del programa.

La importancia de este proyecto es tal que la cifra de centros a abrir impresiona y a la vez parece insuficiente. Al tratarse de una muy buena propuesta, lo deseable sería que ya hoy funcionara a nivel masivo.

La propuesta se aplicará en la educación media básica (liceos y UTU) en zonas socialmente vulnerables. El plan se basa en dos pilares fundamentales: el seguimiento cercano y permanente de los estudiantes y el apoyo a la labor docente por parte de los equipos de gestión. Funcionan a tiempo completo, ocho horas que se reparten en cursos, almuerzo dentro del local, tutorías y deportes. A directores y docentes les serán adjudicadas horas por tres años para que haya real dedicación y compromiso: que no sean meros profesores “de paso”.

El aprendizaje se hace por proyectos, con un seguimiento personal del profesor para trabajar sobre temas concretos con criterio interdisciplinario y así alentar el desarrollo de competencias. Según la ANEP, “no se trata meramente de ampliar los tiempos de permanencia, pues ‘más de lo mismo’ en quienes transitan con dificultades su escolarización puede resultar peor que lo anterior”.

Por eso importa el rol que en cada lugar tendrán directoras y profesores. Se busca fortalecer cada centro educativo para que su gestión logre mayor autonomía y liderazgo.

La sola puesta en marcha sacudirá la modorra en el sistema de educación.

Los nuevos centros deben extenderse a paso firme y ser el puntapié inicial para transformar la educación.

Por supuesto ya aparecieron las objeciones. Pero la historia de los cambios en la educación ha sido así desde el retorno de la democracia. No importa cual sea la reforma, la regla es oponerse a ella a tal punto que sus argumentos por previsibles, carecen de seriedad y credibilidad.

Si el país optara por considerar y tener en cuenta todos los reparos que ponen los sindicatos, nunca habrá cambios ya que las críticas se remiten a la cansina cantinela del “esto no se puede”, en una reacción conservadora y paralizante.

Mi único temor es que la experiencia no pase de ser eso, una experiencia. Hay una larga lista de planes pilotos y microexperiencias que dieron buenos resultados pero luego no se extendieron. A fines de los 60 algunos liceos aplicaron el llamado “plan piloto”, con un modelo que dio resultado pero nunca se extendió. En los años 90 se diseñó la llamada “microexperiencia Gabito-Corbo”, positivamente evaluada pero que tampoco se expandió. En 2012 surgió el Plan Pro Mejora, una propuesta impulsada por Daniel Corbo, entonces consejero en el Codicen por la minoría. Funcionó bien pero no se generalizó.

Por lo tanto los Centros Espínola deben extenderse a paso firme y ser el puntapié inicial para transformar en breve todo el sistema educativo. Si bien fue pensado para las zonas más vulnerables del país, donde es prioritario concretar estas reformas, debe recordarse que ha sido también en los liceos públicos y privados comunes donde surgieron los decepcionantes resultados de PISA y donde INEEd marcó problemas preocupantes. Ello incide en la baja preparación que los estudiantes llevan a la universidad y más que nada en la deserción liceal, que si bien no es tan alta como en las zonas vulnerables, igual es excesiva.

Según como funcionen los centros Espínola, el modelo deberá adaptarse y ampliarse al resto de los liceos. Y cuanto antes mejor.

Los cambios parecen poner fin al falso concepto de “incluir” que se manejó en los últimos años y que paradójicamente solo logró ensanchar la exclusión. Lo que importaba era que los estudiantes estuvieran en el liceo, más allá de si aprendían o no. De ese modo figuran como haber hecho estudios pero no están capacitados para conseguir buenos empleos, bien remunerados y así salir de la exclusión en que aún viven.

Habrá que ver cómo impactan estos centros en Primaria, considerada como la rama más organizada de la enseñanza pública. Sin embargo, algunos de los serios problemas que surgen en Secundaria posiblemente se arrastren desde la escuela.

La base de estos cambios, según la ANEP, está en lograr una transformación curricular general para toda la educación, incluso fortaleciendo la formación en ciencias a través de lo que suele llamarse “metodología Steam”, sigla tomada del inglés que significa ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas. En ese terreno hay un enorme déficit y es de esperar que las promesas no queden en palabras.

El motor del cambio estará en los centros Espínola. Se trata de un proyecto extraordinario y sin duda sobre esas ideas deberá moldearse todo el sistema educativo.

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