Tomás Linn
Tomás Linn

¿Eran los mejores?

A dos semanas de las elecciones, muchos empiezan a preguntarse si votaron bien el día de las internas, cuando determinaron quienes serían los candidatos a competir.

¿Fueron estos los mejores posibles? La pregunta, claro, se refiere a los tres que debieron enfrentar una competencia interna: Martínez, Lacalle y Talvi.

Desde aquella noche en que se conocieron los resultados de las internas, es mucho lo que sucedió y la foto inicial de los triunfadores se fue modificando, en algún caso más de lo esperado.

Aún así, todo hace pensar que los candidatos terminaron siendo, de acuerdo a la realidad de cada partido y las opciones en oferta, los únicos posibles.

Es verdad que desde adentro del Frente Amplio (además de los que no lo votarán) se le hacen muchas críticas a Daniel Martínez, tanto por algunas posturas (el candidato es más moderado que su grupo político) como también por su estilo, su escaso carisma y hasta su forma de hablar.

La designación de su compañera de fórmula, en un trabajoso y entreverado trámite, encontró soterradas resistencias internas. Un problema similar surgió con el tan comentado “episodio Gucci” en que hasta su sucesor en la Intendencia lo cuestionó.

Podrá especularse con la posibilidad de que el Frente tuviera mejores alternativas que Martínez, pero en todo caso no estaban en carrera. Contrapuesto contra los que sí corrían, sin duda que era la mejor opción.

Hubo tal vez quienes prefirieron dejar pasar esta ocasión pensando, como hacen tantos partidos en el mundo, que al ver que este año la elección no venía para el Frente, lo mejor era reservarse para otro momento.

El triunfo en las internas que sí tuvo impacto fue el de Ernesto Talvi en el Partido Colorado. El economista que siempre estuvo cerca de la política pero que no era político, obtuvo una abrumadora victoria sobre su contrincante Julio María Sanguinetti, que salía de un largo ostracismo y generaba renovado interés entre su gente.

Fue tal el impacto que muchos especularon que de seguir la oleada, quizás Talvi llegara a la segunda vuelta. Hoy, todo indica que esa expectativa se desinfló, tal vez por algún tropiezo del candidato o porque esa expectativa nunca fue real. De todos modos, el objetivo clave para el Partido Colorado es el de votar mejor que en 2014. Sería imprescindible para que los opositores de hoy formen el gobierno de coalición de mañana. Si es que eso quiere Talvi.

En un momento Talvi se impuso con una imagen que se fue modificando con el tiempo. Es una persona inteligente, lúcida, clara para expresarse y de sólida formación. Pero por momentos trasmite una imagen quejosa y contradictoria. Cuando tras el debate dijo no sentirse representado por Lacalle Pou, ¿quiso acaso decir que Martínez sí lo representó mejor? No parecería ser así, pero esa necesidad de diferenciarse del posible futuro aliado más que del genuino adversario (una necesidad legítima) obliga a ser muy cuidadoso en sus expresiones, no vaya a ser que la gente interprete mal tales mensajes.

Por otra parte, la prédica de Talvi de ofrecer un partido renovado, con recambios fuertes y mirando al futuro (a la vez que habla del batllismo histórico como modelo) hace que la campaña colorada tenga sus peculiaridades. Los colorados votan por Talvi, claro, pero es como si corrieran por carriles paralelos que no se tocan. Sanguinetti y su gente va por un lado, Talvi y la suya por otro. Habrá que ver si eso tiene efecto real sobre los votantes, pero el fenómeno se percibe a simple vista.

No es lo que está pasando con Lacalle Pou. Decir a esta altura que es el candidato de mejor perfil llevará a que muchos consideren que mi evaluación es tendenciosa. Sin embargo es evidente en sí mismo que es así. Como ningún otro candidato supo cohesionar a un partido con tradición de díscolo. Cada sector puja por sus candidatos al senado, es verdad, pero todos tienen claro cual es el líder y, lo que es más importante, el líder tiene claro a quienes lidera y apoya a cada grupo, uno por uno, en forma deliberada y visible. Hay una sobriedad y una seriedad (quizás excesiva, pero eficaz) en su aspecto y su forma de hablar, que hacen que mucha gente (lo vote o no) ya lo vea como presidenciable.

Desde donde se lo mire ha hecho la mejor campaña. Tiene objetivos claros y aun sabiendo que por el camino aparecen distracciones que no pasan de ser divertimentos pasajeros, se atiene a su plan. Lidera a su gente, escucha a sus asesores; su partido (y no solo su sector) lo sigue. Se presenta como un eficaz capitán de equipo, algo que probablemente los votantes vean como necesario para los tiempos que vienen.

Esto cualquier analista puede observarlo tomando en cuenta diferentes aspectos para entender y explicar lo que pasa. Pero por sesudo que sea el análisis de un columnista, no es eso lo que cuenta. Más de dos millones y medio de votantes, cada uno con su propia visión, con sus valores, convicciones e intereses, votará en 15 días como mejor le parezca, no como piense el columnista. Y a eso habrá que atenerse.

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