Tomás Linn
Tomás Linn

Los malos perdedores

Se supone que el 1º de marzo será una fiesta celebrada por un pueblo que valora la democracia, y más que nada por la parte del país que ganó las elecciones.

La parte que perdió, al aceptar el resultado reconocerá que el turno es de otros.

Sin embargo eso no está pasando.

Hay malos perdedores, gente que no acepta la derrota ni que hubo una mayoría en octubre y noviembre que votó por el cambio. Esa gente habla de retrocesos y pretende que el gobierno electo no cumpla lo que prometió hacer. Habla de que este será ahora un gobierno solo para ricos, como si hasta ayer no los hubiera habido. Los hubo y varios votaron al gobierno saliente.

Los sindicatos no se quedan atrás en ese resentimiento. Hicieron un homenaje a Tabaré Vázquez, exhibiendo un desembozado partidismo; después se enojan cuando los periodistas al escribir sus crónicas aclaran a qué sector de izquierda pertenece cada dirigente. Pretenden ser independientes, pero muchos terminan siendo candidatos al Parlamento. Hay, es verdad, honrosas excepciones y ello muestra que algunos tienen honestidad intelectual.

Algo que les gusta hacer, y el sindicato de los profesores de secundaria ya lo puso en marcha, es empezar el año político y lectivo con un paro. No esperan a ver qué pasa ni reclaman aumentos salariales. Tan solo cuestionan el proyecto de ley de urgente consideración porque propone innovaciones en el área que a ellos les concierne. O sea, hacen el paro por razones políticas, no sindicales.

No entienden que el nuevo gobierno ganó porque sus votantes querían esos cambios en la educación. Tras 15 años de gestión frentista quedó demostrado que se manejó muy mal la educación y la gente se dio cuenta. Por eso votó a los partidos de la coalición y luego a Lacalle Pou en la segunda vuelta. A los sindicalistas no les corresponde orientar y concretar cambio alguno, no es su tarea, no es su función y en ese terreno, no representan a nadie.

La medida resultará antipática para buena parte del país. ¿Tienen derecho a hacer una huelga? Sí, claro que lo tienen. Aunque el motivo sea hacerle daño a un gobierno asumido dos días antes, aunque usen argumentos antojadizos y arbitrarios y perjudiquen al común de la gente.

Peor aún, y más preocupante, son los sectores radicales que llaman a la “resistencia” con el aval del Frente, ya sea porque algunos lo expresan de modo explícito, ya sea porque otros omiten un juicio crítico. La resistencia, como se sabe, es para combatir un ejército extranjero que ocupa un país, o para enfrentar una férrea dictadura, sólidamente instalada.

No pasa eso en Uruguay. Lo único que hay es un cambio de gobierno que incluye un cambio de partidos. Si durante 15 años se gobernó desde la centroizquierda, ahora el país tendrá un gobierno de centroderecha. No es más que eso, aunque sin duda tiene un fuerte mandato a resolver temas de inseguridad, de educación, de orientar una política exterior sensata y la necesidad de lograr un país productivo que ponga fin al creciente desempleo y al enorme déficit generado.

Son tareas ineludibles y tal vez algunas resulten, al comienzo, antipáticas. Pero esa es la realidad que enfrenta el país y para solucionar esos temas es que este gobierno fue votado.

Por eso, la sola intención de provocar movimientos de “resistencia” muestra que hay gente muy desubicada y dispuesta a jugar con fuego y a desestabilizar el país por el solo hecho de que pese a haber perdido, igual se sienten los dueños de la verdad.

El cuplé de una de las murgas que compiten en el Teatro de Verano es un ejemplo de ello. Más que un cuplé es una belicosa arenga que llama a la sublevación. Lisa y llanamente. La multitud que aplaudió a esa murga, obviamente es su hinchada y está viendo la realidad desde una óptica distorsionada y muy peligrosa.

Se podría concluir que estas reacciones demuestran que dentro del Frente Amplio hay, y siempre hubo, sectores antidemocráticos. Pero saberlo no resuelve el problema. Estos grupos, por pocos que sean, se han vuelto belicosos y están contaminando el clima político. Sería bueno que la otra izquierda diga y haga algo.

El 1º de marzo será, les guste o no a los resistentes, un día de fiesta. En marzo de 2005 al asumir Tabaré Vázquez por primera vez la presidencia, invitó a sus compatriotas a festejar. Lo hizo con su célebre consigna “festejen uruguayos, festejen”. Una parte de la población, la mayoritaria, celebró ese día. La otra entendió que debía aceptar lo que el soberano había votado. Ahora es otra mayoría la que invita a festejar. Y así deberá ser asumido. Es como funciona una democracia. El soberano decide. Y va cambiando de idea, según las circunstancias y necesidades de cada momento. Nadie gana una elección para quedarse para la eternidad. Sabiamente, el funcionamiento democrático habilita una alternancia que permite los cambios, las correcciones y que desde el llano, el perdedor se recomponga para seguir luchando en el debate de ideas y la persuasión, hacia las siguientes elecciones. Como corresponde.

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