Tomás Linn
Tomás Linn

¿A qué le temen?

En qué están pensando? ¿Tienen miedo que los uruguayos descubran que no sirven para nada? ¿Qué desempeñan una tarea para la cual no están preparados? ¿Les asusta pensar que una simple prueba pueda desnudar su incompetencia?

La decisión del sindicato de profesores del liceo 18 de ocupar el edificio para impedir la realización de las pruebas PISA podrá parecer un acto de prepotente soberbia, pero en el fondo solo refleja el terror a que las pruebas desnuden su incapacidad para enseñar a sus estudiantes a escribir bien, a comprender los textos que leen y a sumar y restar.

Otra explicación no hay.

La prueba debió realizarse el jueves pasado pero ante la dura medida tomada por los profesores, se postergó. Según estos profesores, la prueba PISA "es tendenciosa" y solo evalúa algunas disciplinas "funcionales al mercado de trabajo y a la privatización". Por lo tanto, se niegan a que ella se haga en el liceo donde trabajan.

Además dicen que "no aporta información sobre las condiciones de vida de los estudiantes" y recuerdan que al liceo 18 (ubicado en el Prado, sobre avenida Millán y a dos cuadras del arroyo Miguelete) concurren estudiantes "de los quintiles de ingreso más bajo".

La prueba PISA no fue pensada para saber cómo son los alumnos de un determinado liceo. Solo busca saber si los estudiantes incorporaron conocimientos básicos. No mide realidades sociales, mide conocimientos. Serán las autoridades de la educación quienes luego, con esos datos, y su propia evaluación de la realidad de cada liceo, establecerán las estrategias para superar los problemas que las pruebas señalan.

Que los estudiantes de un determinado liceo provengan de sectores postergados, no justifica que por eso deban aprender menos y mal. Para equilibrar esa desigual realidad, son quienes deberían recibir mejor enseñanza. La necesitan más que nadie.

La lógica sindical parece ser la contraria: los chicos son pobres por lo tanto está bien que no aprendan. Tal razonamiento expone una cruda exclusión social que con un cinismo pasmoso, se lo hace pasar como una forma de "inclusión".

Todos estos argumentos son de terror. Lo grave es que lo dicen en voz alta, sin pudor, sin temor a que la gente los vea como ridículos.

Dicen que las pruebas "evalúan disciplinas que son funcionales al mercado de trabajo" ¿Qué quiere decir que son "funcionales al mercado de trabajo"? ¿Y cuál es el problema que lo sean? Se supone que los jóvenes estudian para estar mejor preparados para enfrentar la vida. Quieren ser sólidos a la hora de buscar trabajo. Un problema que afecta al país es que la pérdida de calidad educativa (y la tendencia a dejar los estudios liceales antes de tiempo) perjudica la posibilidad de conseguir los mejores trabajos. No están preparados y al final más que empleos, consiguen "changas" mal pagas.

¿Qué creían estos profesores? ¿Qué los padres mandan a sus hijos para que aprendan a tocar el violín en las verdes praderas? ¿Qué escriban con pluma y tinta china, sus románticos poemas? No; los mandan al liceo para que reciban una educación sólida. Y si vienen de familias "de los quintiles de ingreso más bajo", pretenden que sus hijos reciban una educación que les ayude a salir de esa realidad social.

Pero además, la pruebas miden solo los conocimientos de jóvenes de 15 años en tres cuestiones básicas, casi elementales, como las matemáticas, las ciencias y la lectura. Un proyecto educativo puede proponer diferentes alternativas y objetivos, o completar la educación en disciplinas heterodoxas, pero nunca puede faltar formación en estos tres asuntos claves, el pilar sobre el cual se apoya cualquier propuesta educativa.

Las pruebas, dicen los profesores, son funcionales "a la privatización". ¿De qué están hablando? Desde que se hacen estas pruebas cada tres años (y esta es la sexta vez que se hace en Uruguay), nadie vio ni una escuela ni un liceo público privatizado, ni que el ANEP haya sido comprada por un poderoso consorcio empresarial.

La educación pública sigue tan pública como antes. Se mantiene con los impuestos que pagan los uruguayos. Nadie, ni en la política ni en la academia, está hablando de privatizar el sistema educativo. Sostener que una simple prueba es funcional a una presunta privatización muestra que carecen de argumentos y cualquier verso les viene bien.

Tampoco es verdad que las conclusiones de estas pruebas, "sirven para denostar la educación pública". Pero sí deja en evidencia los muy serios problemas que tiene la educación (pública y privada). Es bueno que los uruguayos lo sepan y que nadie se esconda detrás de un secretismo inoportuno.

Como viven encerrados en su mundo sindicalizado, es difícil que estos profesores se hayan percatado de cuanto enojó su frívola postura. Ni siquiera se dan cuenta que quienes quedaron mal, fueron ellos. Es que al actuar de esta forma, de alguna manera reconocen sus culpas sin que nadie hasta ahora los haya señalado como culpables.

Es muy absurdo todo esto.

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