Tomás Linn
Tomás Linn

Las fechas patrias

A mucha gente le parecerá un asunto menor, pero no lo es.

El presidente Luis Lacalle Pou resolvió revalorar y celebrar las fechas patrias. Entendió que es importante que se recuerden los principales mojones de una historia que fue consolidando al Uruguay tal como lo conocemos hoy. Empezó a hacerlo, casi en soledad, el pasado 19 de abril en la playa de la Agraciada, en el momento más delicado de la cuarentena.

Estas celebraciones tuvieron un perfil bajo, quizás demasiado bajo, en los últimos años y a veces a una misma fecha se le daba además otro significado, no necesariamente negativo pero sí distinto del sentido original.

Hubo quienes entendían que tales recordaciones alimentaban un patriotismo malsano y por lo tanto eran mal vistas. Sin embargo, celebrar los feriados no significa alentar una veta ultranacionalista, cerrada y xenófoba, sino tan solo buscar en nuestras raíces históricas elementos que nos permitan entender quienes somos hoy.

En ese sentido, fueron oportunas las palabras del ministro de Educación y Cultura Pablo da Silveira, elegido por el presidente para hacer la oratoria del acto central el martes pasado en Florida. Su discurso se dirigió a apuntalar el significado de “luchar por la independencia en el siglo XXI” cuando apenas faltan cinco años para celebrar el bicentenario de aquella histórica declaratoria.

Da Silveira dio una clara definición de patriotismo, adecuada para estos tiempos. Ser patriota, dijo, “es sentirse partícipe en la construcción de una casa común, que es de todos los que hemos nacido en ella y de todos los que llegan para sumarse a la convivencia”. Ofreció además una clara síntesis de lo ocurrido en estos 195 años, lo logrado y lo que aún está en construcción: “Los orientales, convertidos en uruguayos, nos dedicamos a construir un país. Defendimos nuestros límites territoriales, nos esforzamos por hacer funcionar las instituciones, nos comprometimos con un modelo de convivencia -mezcla de cercanía, republicanismo y apertura al mundo- que hoy nos distingue entre las naciones”. Y agregó, “nada de esto se hizo sin tropiezos ni nuevos intentos. Pero lo cierto es que hubo un rumbo”.

En una época en que las redes sociales y las pasiones humanas toman los más variados rumbos, es oportuno recobrar esta valoración. Nunca faltan los que ridiculizan los símbolos patrios como expresión de sentimientos cursis y vacíos de contenido. Esos mismos son los que luego enarbolan la bandera para apoyar al seleccionado y gritar con toda la fuerza que los pulmones permiten: “Vamo’arriba, como Uruguay no hay”.

Está bien. Nuestras glorias deportivas son, junto con otros aspectos, una parte importante de esa construcción del país en que los uruguayos nos hemos embarcado.

También se puso de moda adoptar poses de desdén cuando en un cine, un día feriado, se toca el himno. Son los hijos de quienes 40 años atrás se ponían de pie y a voz en cuello lo cantaban estrofa por estrofa, para marcar un espíritu libertario y rebelde contra la dictadura. Ahí el himno importaba, claro que sí. Siempre importa.

En estos tiempos en que al país le cuesta cerrar las etapas más dolorosas de la historia reciente, es bueno volver a la historia más remota para entender nuestro devenir. Como bien dice un amigo, “los hechos no nacen de gajo”. Hay realidades actuales que se enlazan con otras anteriores y así sucesivamente.

Generó cierto asombro en las redes que una oficina departamental anunciara que el pasado martes 25 era el día de “la jura de la Constitución”. Sin embargo, si se hiciera una compulsa entre estudiantes de aceptable nivel, no todos sabrían qué conmemoran los feriados, otros quizás sabrían su denominación pero no su significado y si se les pide que organicen los feriados por orden cronológico (es decir por el año en que ocurrieron), varios de ellos se sentirían muy perdidos y jamás se les ocurriría que el primero en esa lista debería ser el 12 de octubre. Si 1825 es demasiado atrás, 1492 les resulta prehistórico.

También es bueno destacar que estas recordaciones respetan un ceremonial y que como toda ceremonia, tienen un sentido que pide respeto. A nadie se le ocurre ir a un casamiento y a metros del altar donde se casa una pareja, desplegar pancartas y empezar a gritar consignas con un megáfono. No es el lugar ni el momento adecuado.

El año tiene 365 días y cualquiera de ellos es bueno para reclamar y hacer protestas. Elegir justo el día en que se hace un homenaje de fondo, parece totalmente fuera de lugar. No le están arruinando la fiesta al presidente de turno (que en este caso se lo tomó con buen talante), están despreciando al público que se congregó para ese festejo, y en esta ocasión al pueblo de Florida.

Un acto de estas características no es una concentración militante. Es el gobierno, en representación de todos los uruguayos y con la participación de la gente que asiste, por fuera de banderías, conmemorando un hecho histórico que fue, y sigue siendo, importante para el país.

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