Tomás Linn
Tomás Linn

Dinero que no es suyo

En estos días el MPP insistió en promover su paquete de 16 proyectos de ley con la intención de “reafirmar la ética en política”, como dicen sus legisladores.

Al parecer no todo el oficialismo está de acuerdo en apurar esos proyectos, ya sea porque tiene reparos con algunas de las ideas, ya sea porque entiende que otras necesitan una discusión más de fondo.

Entre ellas quisiera detenerme en una: la referida a la no devolución del excedente de lo aportado al Fonasa por parte de quienes ejercen cargos de particular confianza o electivos, de acuerdo a lo informado esta semana en El País.

Se trata de una versión levemente más moderada de otras que cada dos por tres proponen diferentes legisladores frentistas. Más moderada porque se limita a no devolver esa partida solo a quienes cumplen funciones políticas. El dinero sería usado para la compra de medicamentos de alto costo. Otras propuestas surgidas en el pasado, ciertamente más radicales, proponían que a nadie le fuera devuelto ese dinero.

En este caso particular, la propuesta se suma a la de crear un impuesto especial del 15% a los sueldos de quienes tienen cargos electivos o de confianza política. Lo recaudado por dicho impuesto se destinaría a la construcción de viviendas populares.

Ambas ideas tienen un fuerte tufillo demagógico. Primero, porque juegan con la seducción de confiscarle plata a los “políticos” que a veces fastidian a la población. Segundo, porque lo quitado se vuelca a destinos “buenos”.

Que se busca un objetivo demagógico lo demuestra el hecho de que se elude la medida más sencilla. Si quienes ejercen estos cargos ganan demasiado, basta con bajarles el sueldo en la próxima Rendición de Cuentas. No hace falta recorrer caminos tan sinuosos.

Lo preocupante, empero, es que se insista en la no devolución del excedente de lo aportado al Fonasa, porque si bien la propuesta del MPP se dirige solo a políticos, lo cierto es que desde hace tiempo da vueltas la idea de no devolverlo a nadie.

Si no se ha hecho es por el temor de que ello derive en una andanada de juicios. Uno de los promotores ha sido el senador Marcos Otheguy, que consciente de las objeciones de algunos constitucionalistas, piensa (de acuerdo a lo informado por El País) que es necesario buscar una fórmula que permita sortear los obstáculos legales.

No la hay. Es que además de las objeciones de los constitucionalistas, es de presumir que las habrá de penalistas. En definitiva, la propuesta significa quedarse con dinero ajeno. Si uno traduce el concepto de quedarse con dinero ajeno a un castellano bien sencillo, se encontrará con la palabra “robar”.

Está estipulado cuánto debe aportar cada asalariado al Fonasa. Por la manera en que se diseñó el sistema de cobro, alguna gente termina aportando más de lo que corresponde. Por lo tanto, el Estado recibe más de lo que tiene previsto. Le sobra dinero. Por eso mismo, sobre el segundo semestre se realiza el reembolso a todos los que pusieron de más. Como corresponde.

Sin duda que cuando se observa en su conjunto la plata a devolver, parece una inmensa fortuna. Por eso algunos de estos legisladores, con cierta frivolidad, sueñan cuántas cosas podrían hacer con ese enorme montón.

El problema es que el dinero no les pertenece. No es de ellos, no es del Estado, no le corresponde a nadie legislar para ver si de ese modo en lugar de devolverlo se usa para algo que haga quedar bien al gobierno de turno. No es plata dulce para ser usada con fines proselitistas.

El solo hecho de creer que es posible encontrar una fórmula que permita sortear un supuesto escollo legal, muestra que hay gente que piensa equivocado. No hay ningún escollo legal, a no ser que la apropiación indebida de un bien ajeno (un delito) sea considerado un “escollo legal”. No se trata de una tonta traba legal. Es más grave que eso.

Es fácil diseñar proyectos que dejen bien a determinados grupos políticos usando dinero ajeno. En este caso, se sabe quiénes son sus dueños, se sabe cuánto corresponde devolverle a cada uno, incluso en algunos casos hasta se sabe en qué cuenta bancaria hay que depositar la devolución correspondiente.

Si tanto molesta ver que en determinada época del año el Estado debe desprenderse de ese dinero sobrante, lo único que puede hacer un gobierno es cambiar el mecanismo de recaudación, de modo tal que cada uno ponga lo justo. Sin embargo, es probable que otros mecanismos sean más complicados y onerosos de aplicar y que la vía de una devolución anual sea más simple. Incluso hay quienes cuestionan al Estado por retener ese dinero durante tanto tiempo y piensan que “trabaja” con plata que no le pertenece.

Lo que no puede ocurrir es que en forma reiterada, surjan estas ideas de expropiar dinero ajeno con tanta frivolidad. Manejar los recursos que recibe el Estado es cosa seria (o al menos debería serlo) y quienes gobiernan, quienes legislan y quienes dirigen los partidos políticos, deberían tenerlo claro y evitar la tentación de quedarse con algo que no es suyo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)