Tomás Linn
Tomás Linn

El desafío municipal

No hay actos, ni caravanas, ni banderas desplegadas en la rambla (ni las habrá), pero igual ya se siente un tímido aunque insistente clima electoral en Montevideo.

Los candidatos que más se exponen en entrevistas son los que más lo necesitan: Laura Raffo por la coalición y Álvaro Villar por el oficialismo. Los otros dos candidatos son figuras conocidas que incluso compitieron entre sí en las elecciones internas para la presidencia.

La elección de setiembre es importante. Tras 35 años de hegemonía frentista, hace falta un cambio. Pero todo indica que no será fácil y la candidata desafiante tendrá que hacer un intenso repechaje.

Una razón por la que el Frente ganaría otro período es que el montevideano es muy ideologizado. Adhiere al Frente, no importa lo que pase. No vota para castigar una mala gestión o para premiar una que podría ser buena. Ni aún cuando Di Candia haya sido intendente.

Por lo tanto, una campaña centrada en discutir qué hacer en Montevideo, cuáles obras importan, dónde invertir y qué transformaciones urbanas son necesarias, casi no tiene sentido. Una buena parte de los montevideanos ya decidió su voto de antemano.

De todos modos, más allá de lo que digan las encuestas, el país está procesando un enorme cambio. Un cambio que fue creciendo con la campaña electoral, se afianzó con el triunfo de Luis Lacalle Pou y la coalición republicana (como algunos prefieren llamarla) y que tuvo un inesperado empuje por la forma en que el gobierno enfrentó la pandemia. Mucha gente lo valoró de manera positiva y cuestionó el complicado legado dejado por 15 años de gobierno frentista que desnudó dramas sociales nunca afrontados y desprolijidades (por decir lo menos) en ASSE, en algunas empresas públicas y en el Mides.

Justo antes de la emergencia sanitaria Laura Raffo recorrió zonas muy postergadas del departamento y comprobó que en más de tres décadas, allí casi no hubo presencia municipal. Sin duda, las funciones y potestades de una intendencia no son las de un gobierno nacional. Pero se puede hacer mucho por mejorar esas zonas. Poner algunos servicios básicos como policlínicas sin duda, y eso se ha hecho, pero también obra pública: calles pavimentadas con sus correspondientes aceras, saneamiento, luz, vías de fácil acceso al resto de la ciudad. Es decir una sólida infraestructura urbana que no hará desaparecer las precarias viviendas de esos barrios, pero ayudará a cambiar la calidad de vida de la gente. Y en la medida que es obra pública, dará trabajo. La premisa que manejó Tabaré Vázquez siendo intendente, de que prefería darle una mano a un niño hambriento antes que tapar un pozo, no es genuina. Tapar pozos genera empleos y donde hay trabajo baja la pobreza.

Daniel Martínez dirá que como intendente hizo obra y esa será su bandera. La hizo, sin dudas. Varias avenidas fueron repavimentadas a nuevo, y eso está bien, pero no todas fueron ensanchadas pese a estar previsto el retiro y siendo vías de tránsito denso. El túnel de avenida Italia por debajo de Centenario es una obra impresionante, pero es llamativo que teniendo avenida Italia tres sendas de cada mano, el túnel solo tenga dos. ¿Otra vez habrá un embudo como el de Garzón? No mucha gente se hace esa pregunta ni se investiga ese tema hasta obtener una explicación satisfactoria.

Otras obras fueron buenas y necesarias. Eso es inobjetable. El problema es que Martínez dejó pasar tres años de su período antes de empezarlas y decidió hacer todas al mismo tiempo (con lo cual la ciudad entró un caos que aún persiste). En 35 años, a ninguno de sus correligionario se les ocurrió siquiera comenzarlas.

Por lo tanto, haber hecho esas obras no es mérito para votarlo ni a él, ni a los otros candidatos de su partido. Martínez es parte del mismo Frente Amplio que gobernó con desidia durante más de tres décadas.

Quizás por eso no crece en las encuestas el candidato frentista con el discurso más lúcido. Álvaro Villar se dio cuenta que no puede reivindicar lo hecho por el Frente, que hay un serio problema de gestión y que si va a ser intendente necesita hablar de las cosas que debe hacer un intendente y no de generalidades ideológicas o entrar en chicaneos políticos.

El problema es que para votar a quien cuestiona lo hecho por su propio partido, mejor es votar a una opción que no sea de ese partido.

Ahí es donde entra Laura Raffo. Por primera vez en 35 años los partidos opositores se dieron cuenta que para ganar Montevideo, la apuesta debía ser en serio. Encontraron a una candidata no solo preparada (algunos de los candidatos anteriores lo fueron), sino capaz de estimular, entusiasmar y lograr adhesiones. Además, los dos grandes partidos (blanco y colorado) están decididos a apoyarla hasta el final, cosa que no ocurrió en elecciones anteriores.

No será fácil hacer campaña en medio de la pandemia, pero las chances de Raffo solo surgirán de su capacidad de convencer, generar mística y romper ese muro, hasta hoy insalvable, de que al Frente se lo vota casi por hábito.

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