Tomás Linn
Tomás Linn

Las cosas son así

Las dos coaliciones que ocupan un lugar preponderante en el quehacer político enfrentan un momento crucial. Ambas deberán asumir sus roles respecto a la Ley de Urgente Consideración (LUC) y una de ellas generó expectativas a partir de su cambio de autoridades.

Para el Frente Amplio, ese cambio puede ser una oportunidad para reordenarse y aclarar sus prioridades, algo que no logra hacer desde las elecciones de 2019. A la coalición de gobierno, el eventual referéndum le permitiría realinear sus filas en defensa de una ley que define a esa coalición y cuyo funcionamiento es más laxo que la coalición opositora. No en vano los frentistas no dicen ser una coalición de partidos, sino un “partido de coalición”.

El Frente arrancará su campaña en contra la LUC con nuevas autoridades. Javier Miranda se fue y asumió la presidencia Ricardo Ehrlich. Más allá de ser un cambio importante, se dice que será solo transitorio. Además los centros de decisión y poder están en otros lados, no en la presidencia; algunos incluso por fuera de la fuerza política, como es el caso del Pit-Cnt.

De todos modos, el solo retiro de Miranda ya da una señal. Malherido tras las elecciones, el Frente Amplio se niega a reconocer que muchas cosas no son como antes (ni en el país ni dentro del propio Frente) y eso obliga a reformular estrategias y también proyectos. El desafío para Ehrlich es difícil. Tiene prestigio personal pero no es un referente ni por sus ideas ni por su liderazgo. Como intendente (2005 2010) fue anodino. Pero al menos es una figura más abierta que su antecesor. Es que Miranda fue uno factor de discordia hacia adentro y hacia afuera.

Es recordado su duro ataque al gobierno cuando en enero el ministro Daniel Salinas recibió a Miguel Fernández Galeano y al propio Ehrlich y el presidente a Marcos Carámbula para informarles sobre como sería el proceso de vacunación. Cuestionó que no se recurriera a las instancias formales. El reproche, si cabía, debió ir en realidad a los referentes frentistas que accedieron ir. Ese hostil cuestionamiento desnudó a un Miranda celoso por no haber sido invitado él.

Es que los que mandan, no presiden la Mesa Política: por un lado están los intendentes frentistas Carolina Cosse y Yamandú Orsi. Su influencia es fuerte pero no absoluta. Si bien tener un territorio a gobernar pesa, no siempre pueden contra las inercias frentistas.

Orsi ya lo probó. Se enojó con Lacalle Pou y con el secretario de la Presidencia porque los ediles de la coalición republicana no votaron el fideicomiso que pedía. Sorprende su sorpresa (y su airada reacción) ya que el Frente Amplio no ha hecho más que bombardear todo lo que el gobierno hace desde el día que asumió.

Sin embargo, lo realmente revelador es que quizás hubiera conseguido ese fideicomiso (el enésimo que la Junta Departamental le otorga a la intendencia canaria) si a su vez la oposición frentista votaban los solicitados por los intendentes de Río Negro y Rocha. El Frente no los votó pese a que Orsi intentó que así fuera, lo que muestra que si bien pretende ser presidenciable, el propio Frente no siempre está dispuesto a seguirle la corriente.

La otra fuente de influencia está en los parlamentarios frentistas. En especial en los no moderados: es decir el grueso de la bancada de diputados jóvenes, dogmáticos, poco sólidos y de escasa cintura política. En el Senado está el comunista Óscar Andrade que se mueve como si fuera el dueño del Frente Amplio.

Este es el sector que, junto con el movimiento sindical y con Javier Miranda cuando estaba en la presidencia, muestra el rostro más belicoso.

Encarna aquella actitud de “resistencia” contra un gobierno que emergió de las urnas. Como tantas veces se ha dicho, el término “resistencia” se aplica solo a la oposición soterrada hecha contra una dictadura liberticida o contra un ejército extranjero que invade y ocupa un país. Nunca contra quien es elegido y gobierna según las pautas de un libre Estado de Derecho.

Enseguida después de la derrota, el Frente quedó atrapado con las elecciones departamentales, la recolección de firmas y eventualmente con la consulta popular para derogar la LUC. En esa deliberada vorágine demora un proceso ineludible de readaptación a una nueva realidad y la renovación de sus liderazgos (que harían posible esa readaptación).

Es en este clima que asume su nuevo presidente. Hasta que no culmine el proceso respecto a la LUC, su margen de acción es casi inexistente, aún sabiendo que esa obsesiva hostilidad contra el gobierno no rinde. Las encuestas son claras, incluida una de Opción que no solo muestra que la coalición mantiene el mismo apoyo que obtuvo en 2019 sino que dentro de la coalición se estaría fortaleciendo el partido Nacional, o sea el partido del presidente.

De acá al día del referéndum, en caso de que se haga, falta tiempo y la realidad puede cambiar mucho y en forma impredecible. Pero por ahora, las cosas son así.

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