Tomás Linn
Tomás Linn

Coalición vs. coalición

El ruido electoral entre la primera y segunda vuelta es muy distinto al de una campaña electoral tradicional.

Lo es por la naturaleza misma de esta etapa. El problema es que no todo el mundo entiende cómo funciona la campaña por el balotaje y no se da cuenta que al hacer tanto ruido, pierden la oportunidad de haber guardado un silencio que les hubiera sido más redituable.

Uno de los ruidos es el referido a la coalición. El Frente Amplio, que debe hacer un enorme esfuerzo para remontar la situación si quiere ganar la segunda vuelta, optó por desacreditar la lógica de coalición que propone la oposición y que gestiona con sumo cuidado el candidato Luis Lacalle Pou.

Lo paradójico es que para recuperar sus votos perdidos, el Frente Amplio debe recomponer y fortalecer su propia lógica de coalición, que eso es desde sus orígenes.

Por cierto, en muchos sentidos el Frente Amplio funciona como un partido pero al final del camino, cuando debe tomar decisiones que importan, no tiene más remedio que actuar como coalición y tener en cuenta los intereses y posturas de los diferentes grupos que lo componen.

Esto se vio en la conformación de cada gabinete en los tres gobiernos que ejerció el Frente. En todos los casos la retórica fue de poner a las personas más capacitadas para la respectiva función, pero en los hechos se terminó cuidando los equilibrios internos. Sucede que cuando un gobierno es de izquierda, está bien “cuidar los equilibrios internos”; cuando no lo es, hay un oscuro “reparto de cargos”.

Tal manera de ver las cosas ha sido dañina. Al buscar un eufemismo para negar que se reparten cargos, convierten en malo algo que es bueno y necesario. En una coalición hay reparto de cargos. Debe haberlo. Los socios de ese gobierno necesitan asumir su cuota parte de responsabilidad mediante la gestión misma. El acuerdo programático exige eso. Por lo tanto, el reparto de cargos es inherente a su lógica y está bien que se haga. Sin admitirlo, eso estuvo haciendo el Frente Amplio en estos quince años.

Es más, lo está haciendo otra vez. En estos días el candidato presidencial anunció quiénes ocuparían algunos de los ministerios en un eventual gobierno suyo. Es decir, empezó con el reparto de cargos.

Solo que limitó el anuncio a algunos cargos. Dijo a quienes proponía para un puñado de ministerios y casualmente los nombres que da son los de personas que vienen del ala moderada del Frente. Es decir que da a conocer solo los nombres capaces de atraer los votos que se fueron.

¿Significa esto que los demás ministerios irán a los sectores más radicales? ¿Que por esa razón mejor es no dar sus nombres hasta después de la segunda vuelta para no asustar a ese voto moderado?

De todos modos, la lista asusta. ¿José Mujica para el ministerio de Ganadería? Ni él mismo se lo cree y de alguna forma lo dio a entender. Pero claro, dar su nombre es una forma de recordarle a los votantes perdidos que “a Pepe lo queremos todos”. Quizás siga siendo querido, pero ya no tanto como antes: por eso se fueron esos votos que ahora procuran recuperar.

El otro nombre llamativo es el elegido para la cancillería. ¿Realmente desea Danilo Astori hacerse cargo de un ministerio que hasta ahora ha sido manejado por la militancia frentista radicalizada? ¿Cederá a sus presiones como lo hizo Rodolfo Nin Novoa, que comenzó su gestión como un ministro razonable y sensato y terminó vociferando como el más ideologizado del Frente? Astori ya dijo que lo de Venezuela era una dictadura. ¿Podrá mantener esa posición una vez que sea ministro? Por lo general se mostró mejor dispuesto a acuerdos de libre comercio que dinamizaran la economía del país. ¿Se dejará mandar por los grupos aislacionistas radicalizados del Frente que se niegan a ello?

Esas son las dificultades que plantea un cuarto gobierno formado por una coalición de grupos y partidos que tienen más diferencias entre ellos que aquellos que conforman la coalición que quiere armar Lacalle Pou.

La argumentación, pues, es floja y no parece dar resultado. De todos modos el Frente encontró otros recursos retóricos de muy mal gusto para golpear al adversario. Amenaza con que se viene un brutal giro a la derecha. Sin embargo, no hay en la oposición partidos de ultraderecha como se ven en otros países de la región. En todo caso, los extremismos ideológicos están en la coalición de izquierda.

Sin embargo, el Frente insiste en esta prédica con intención de asustar. Además advierte que un cambio de gobierno puede llevar a un estallido social como ocurre en algunos países de América del Sur. ¿Y cómo saben sus agoreros que ello ocurrirá? ¿Será que están preparando a su propia gente para que tales estallidos ocurran?

A veces pronosticar para asustar votantes puede tener un efecto pernicioso para el presunto profeta. Anuncia que pasarán determinadas cosas, porque tal vez esté preparando el camino para que ello ocurra. Eso no atrae los votos perdidos, los ahuyenta aún más.

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