Tomás Linn
Tomás Linn

El cemento de Martínez

En su afán por hacer obra y asentar su imagen como buen gestor, el intendente Daniel Martínez propuso una transformación radical de la principal avenida montevideana. Su propuesta generó fuerte reacciones, lo que lo llevó a postergar, pero no eliminar, su proyecto.

Mientras tanto prosigue echando cemento por muchos lugares de Montevideo. Y continua apostando a nuevos proyectos, algunos ambiciosos como el soterramiento de avenida Italia en el cruce con avenida Centenario y Garibaldi. Un video municipal lanzado a las redes muestra ese túnel, con dos carriles de cada lado, cuando la avenida tiene tres carriles desde antes de llegar al túnel y una vez que sale de él. ¿No generará más embudos? ¿Otra vez estarán tomando mal las medidas?

La Intendencia está haciendo ensanches en otros tramos de avenida Italia, amplió Camino Carrasco y renovó el pavimento de numerosas calles barriales.

Es probable que tanta obra beneficie la imagen presidencial de Martínez. Está hecha con un “timing” formidable. Los trastornos se sufren hoy, pero para cuando todo ese cemento seque y se vean sus beneficios, el país estará muy cerca de las elecciones y el intendente aspirará a llevarse algún crédito por ello.

En realidad, no le correspondería ninguno por cuanto lo que está haciendo es ponerse al día con un gigantesco atraso en obras públicas. Ninguno de su antecesores hizo mucha cosa en estos 30 años en que gobierna el Frente Amplio. Tomó años completar el ensanche de Bulevar Artigas, o la conexión por debajo de las vías de Propios con la avenida Garzón. Se hizo algo sobre 18 de Julio, estuvo el tan maldecido corredor de Garzón y poca cosa más. Se terminó, sí, la modernización de la red sanitaria.

Cuando se piensa en que pasaron tres décadas, las obras fueron escasas. Montevideo no vivió una transformación fundamental de su funcionamiento.

Los ensanches hechos en zonas donde están los grandes centros comerciales no se cuentan como “un logro”: fueron posibles porque tuvieron la ayuda financiera de esos centros y solo se hicieron en las cuadras frente a ellos. Se pudo haber ensanchado unos metros más de Luis Alberto de Herrera al otro lado de avenida Rivera. Tampoco se hizo bien la conexión en el cruce con general Flores, con el argumento de que deben preservarse tres casas antiguas, en estado ruinoso y cuyo nivel de deterioro hace difícil pensar que se puedan reciclar. Sin embargo allí quedaron.

En resumidas cuentas, Martínez simplemente está poniéndose al día con un pasmoso retraso. Y aun cuando haga mucha cosa, el retraso es tal que siempre habrá quienes piensen que otras tantas mejoras siguen sin hacerse.

A eso viene lo de los arreglos en 18 de Julio. El proyecto plantea dudas fáciles de resolver. Es genuina la objeción sobre el trazado de la bicisenda en la mitad de la avenida. Parece una solución peligrosa en la medida que el reflejo natural del tránsito, en caso de necesidad, es siempre abrirse hacia la izquierda. Es decir, contra la bicisenda. Parece atinada, en cambio la idea de reducir el pasaje de vehículos comunes por la principal avenida; eso está ocurriendo de hecho. Hace rato que el grueso del tránsito prefiere circular por las paralelas y no 18 de Julio. En su sensatez, la gente se adelantó a lo que ahora algunos quieren formalizar.

Sin embargo, el cuestionamiento más serio es el que pone en duda su necesidad: ¿por qué volver sobre la principal avenida, cuando hay otras vías que reclaman urgente atención?

Luis Alberto de Herrera es una de ellas. Es de las pocas que atraviesan la ciudad desde el noroeste al sudeste. Conecta zonas muy activas de Montevideo y pasa por numerosos y variados barrios. Sin embargo en casi todo su recorrido es apenas un angosto camino al punto que en un tramo (que va desde la conexión con Centenario, en la esquina de la calle Asilo, hasta avenida Italia) es de una sola mano, pese a que hay un retiro dispuesto para su ensanche. Esta es una obra pendiente desde hace décadas. ¿No tendría alguna prioridad frente a las tres o cuatro avenidas que siempre se están rehaciendo sobre sí mismas?

La Intendencia ensanchó Camino Carrasco, eso fue bueno. Pero hay otras que esperan. Rivera es una. Constituyente es otra. La lista puede seguir y algunas de esas obras esperan su turno desde hace décadas: 18 de Julio no es la prioridad.

En este contexto, es importante recordar que si bien se puede pensar que tanto ímpetu por parte del intendente se explica por su vocación presidenciable, en realidad solo está cumpliendo con su función. Nada tiene de extraordinario. Es más, apenas si está poniendo al día una larga lista de cosas que sus antecesores, frentistas como él, no hicieron. Por lo tanto, no tiene mayor mérito. Son obras que en su momento omitieron cumplir Tabaré Vázquez, primer intendente frentista de Montevideo, o Mariano Arana, que tanto cariño y conocimiento tenía de la ciudad pero que nada de ello se vio reflejado en su gestión.

Martínez está tapando una deuda. Y lo está haciendo solo parcialmente, tan grande es esa deuda. Fuera de eso, no hay nada más.

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