Tomás Linn
Tomás Linn

Calma y confianza

El Reino Unido empezó su campaña de vacunación contra el Covid-19. Argentina, Chile y México también lo hicieron así como Estados Unidos. Luego siguió Europa. Pero la gran mayoría de las naciones del mundo aguarda su turno.

Los que empezaron lo están haciendo a ritmo lento y controlado, porque también es lenta la elaboración masiva de esas vacunas así como el procedimiento para su aprobación.

A partir de ese dato previsible, a los uruguayos les entró una súbita ansiedad de querer saber cuán pronto y de qué manera se va a vacunar y porqué estamos corriendo con tanto retraso respecto al resto del mundo.

Para empezar, Uruguay no corre con tanto retraso. Por cierto, las grandes potencias que invirtieron mucho dinero para que los laboratorios investiguen y desarrollen estas vacunas, tuvieron el primer turno. Como era de esperarse. Pero ni siquiera tener el primer turno implica una vacunación masiva a un ritmo acelerado como algunos pueden pensar.

Argentina también se lanzó a vacunar. Pero eso no tranquilizó los ánimos de los argentinos. Da la impresión que el apresuramiento en una carrera para empezar cuanto antes, puede generar inseguridad e intranquilidad en quienes eventualmente deberían vacunarse.

No es que la vacuna rusa adquirida por el país vecino sea mala, pero comparada con otras que ya están en uso, sus fases de experimentación y verificación se vienen haciendo en forma más lenta y hay gente que asegura que en Argentina lo que está sucediendo es que con su población se está experimentando la fase 3. Eso no pasa con otras vacunas, que solo después de superada esa fase iniciaron el camino para su aprobación por las autoridades de cada país. Como la información oficial en Argentina es tan confusa, contradictoria y escueta, todo hipótesis por extrema que parezca, se vuelve válida

Esto le hizo mal al prestigio de la vacuna rusa. Si se hubiera dado con todas las etapas debidamente cumplidas y corroboradas, no hubiera generado tanta desconfianza. El problema es que ahora que la hay, será difícil recuperarla cuando quede definitivamente demostrado que es buena.

Tampoco se trata de una vacunación masiva. Llegó a Argentina una partida de la primera dosis (falta ver cuando llega la segunda) que apenas daría para cubrir, por ejemplo, un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Repartida en todo el país, la cantidad de vacunados será tan solo testimonial. No hay información precisa de que sucederá luego.

Por lo tanto es bueno mirar alrededor y enfrentar la realidad con calma. Tanta ansiedad desplegada por algunos sectores recuerda a cuando en una transitada avenida aparece el apurado que va sobrepasando a los demás autos, a unos por la derecha y a otros por la izquierda, y con mucho alarde toma una tremenda delantera para luego encontrarse todos (los veloces y los lentos) detenidos por el mismo semáforo.

Hay que tener cuidado con golpes de efecto que no llevan a ningún lugar. Que un presidente vecino manifieste su intención de darle una mano a Uruguay cuando apenas consiguió una tanda no muy grande de la primera dosis de una vacuna aún en experimentación, no significa nada a no ser que algunos usen ese “gesto” para dar manija.

Ni el presidente Lacalle ni el gobierno en su conjunto debe dejarse llevar por presiones inconducentes. En algunos sectores surgió una cierta premura para que el gobierno salga a informar sobre una situación que está en proceso.

No sirven las forzadas explicaciones a medias para satisfacer jaurías hambrientas. Crean falsas expectativas que después no podrán satisfacerse. El gobierno debe explicar como vienen las negociaciones con los laboratorios cuando tenga información concreta. No puede dar paso a la especulación. Y si eso implica esperar antes de hablar, se espera.

Cuando la vacuna llegue, que lo haga de la misma forma que llegan otras. No se necesita armar un demagógico espectáculo de un avión que va hasta el fin del mundo a buscarla, ni tiene sentido pedirle a un relator de partidos de fútbol que narre, con voz engolada, ese vuelo como si fuera una gran gesta épica.

Cuando al fin se tenga la vacuna, se anuncia. Cuando esté pronto el cronograma para comenzar el operativo, se avisa. Sin bullicio ni grandilocuencia, con la misma discreción y eficacia con la que en 2020 se desarrolló, por ejemplo, la vacunación contra la gripe.

Se trata de un tema serio. Uruguay no es una potencia y por eso, al igual que en tantos otros países del mundo, el proceso de compra de vacunas será arduo. Pero se logrará. No sirven los temores creados a base de rumores, no sirven las presiones que nada cambiarán, no sirve hacer alarde de logros que no son más que los esperables.

El juego político, la manija en las redes, la mala intención no tienen lugar. Habrá que esperar y tener paciencia. Y no alentar temores infundados. No hay motivos para pensar que la vacuna nunca llegará, como tampoco jamás hubo motivos para pensar que Uruguay sería el primer país en vacunarse.

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