Thomas L. Friedman
Thomas L. Friedman

Un nuevo acuerdo verde

En 2007, escribí una columna en la que pedía un "Nuevo Acuerdo Verde". Barack Obama retomó el tema e introdujo un Nuevo Acuerdo Verde como parte de su plataforma de 2008, pero la idea simplemente no levantó el vuelo.

Por lo tanto, me emociona que la nueva congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez y otras personas hayan postulado sus propias opiniones respecto de un Nuevo Acuerdo Verde, y ahora en verdad se está recibiendo atención.

El Nuevo Acuerdo Verde que ha expuesto Ocasio-Cortez aspira a fortalecer la economía estadounidense con un 100% de energías renovables en 12 años y exige "un programa de empleo garantizado para que todas las personas que quieran un trabajo puedan tener uno con sueldo base", y "atención médica universal" financiados, al menos en parte, por impuestos más altos a los ricos. Los críticos argumentan que es técnicamente inviable y que combinarlo con propuestas social- democrátas ahuyentará a los conservadores que se necesitan para su aprobación.

A mí me gusta la urgencia y la energía que ella y grupos como el Movimiento Sunrise están aportando a esta tarea. Así que, por ahora, diría lo siguiente: ¡que florezcan cientos de ideas para Nuevos Acuerdos Verdes! Veamos qué llega y qué se queda a medio camino.

Mi definición de un Nuevo Acuerdo Verde, la cual ha evolucionado desde 2007 pues la tecnología ha mejorado y el problema climático ha empeorado, se sigue centrando en cómo una revolución verde en EE.UU. puede generar innovación, estimular nuevas industrias y mejorar nuestra seguridad.

La energía limpia es un problema de escalas. Sin una escala, es un pasatiempo. Primero que nada, solicité un Nuevo Acuerdo Verde para expresar que este proyecto requería una respuesta inmensa y urgente, proporcional a la escala y el tiempo que presentaba la aceleración de un clima disruptivo.

Durante demasiado tiempo, "verde" fue sinónimo de un proyecto boutique, despilfarrador, liberal, afeminado y un poco francés. Quise reestructurar "verde" como geoestratégico, capitalista, económico, innovador y patriótico. Mi lema era "Verde es el nuevo rojo, blanco y azul". Pensaba que los verdes debían ser tan estridentes, audaces, inspiradores y provocadores como cualquier ejecutivo petrolero.

Sin embargo, para lograr la escala, mi visión era que no solo los liberales debían acoger un Nuevo Acuerdo Verde. Se debía llegar a los conservadores e incluso a las personas que niegan el cambio climático. Mi manera de hacerlo fue concentrarme en algo en lo que todos pudieran estar de acuerdo: las matemáticas. En la actualidad, hay cerca de 7.600 millones de personas en el planeta y, según Naciones Unidas, habrá 8.600 millones en 2030. Mil millones de personas más que conducen un auto, vuelan en avión, comen proteínas, construyen casas y beben agua, en tan solo poco más de una década.

Si todos adoptan los hábitos de consumo per cápita de los estadounidenses de la actualidad, quemaremos, calentaremos, araremos, ahogaremos y acabaremos con el planeta, ya sea que el clima cambie o no. Esto quiere decir que la energía limpia, los autos limpios, la manufactura limpia, el agua limpia y la eficiencia energética deben ser las próximas grandes industrias a nivel mundial… si no, los humanos seremos un experimento biológico que salió mal, ya sea que el clima cambie o no.

¿Quién cree que Estados Unidos puede seguir siendo un gran país sin estar a la cabeza de la siguiente gran industria global? Yo no. En otras palabras, un Nuevo Acuerdo Verde es una estrategia a favor de la seguridad nacional, la resiliencia nacional, la seguridad natural y el liderazgo económico de EE.UU. en el siglo XXI. Yo creo que algunos conservadores podrían apoyar esto, ¿no?

Sin embargo, ¿cuál Nuevo Acuerdo Verde? El mío está enfocado en la innovación. Creo que solo hay una cosa que puede igualar el tamaño de la Madre Naturaleza, y es el Padre Avaricia… alias, el mercado. Soy un capitalista verde. Creo que solo alcanzaremos la escala que necesitamos dando una nueva forma al mercado. Si hoy redactáramos un Nuevo Acuerdo Verde, implementaría un aumento constante en el ahorro de combustible, la manufactura y las normas de emisiones; códigos de construcción mejor definidos; y precios del mercado de carbono que le dirían a nuestras industrias y nuestros innovadores: estas son las metas, este es el nivel de energía limpia o eficiencia que debes cumplir todos los años… y que gane la mejor empresa.

En pocas palabras, mis metas serían "los cuatro ceros" que propuso el innovador de la energía Hal Harvey: 1. Edificios con cero dependencia energética de las redes: inmuebles que puedan producir toda la energía que consuman. 2. Manufactura con cero desperdicios: estimular a los manufactureros para que diseñen y fabriquen productos que usen menos materias primas y que sean fáciles de desarmar y reciclar. 3. Una red eléctrica de cero emisiones de carbono: si podemos combinar la generación de energías renovables a la escala de una planta eléctrica, que algunos consumidores usen sus propios paneles solares y molinos de viento integrados a la red, y que se usen baterías de almacenaje a gran escala, en verdad algún día podríamos electrificar todo sin emitir carbono. 4. Transporte de cero emisiones: un resultado de combinar vehículos eléctricos y transporte público eléctrico con una red eléctrica de cero emisiones de carbono.

Ese es mi Nuevo Acuerdo Verde. En esencia, dice: olviden la carrera espacial. No necesitamos un hombre, o una mujer, en Marte. Necesitamos una carrera terrestre: una competencia de libre mercado para garantizar que la humanidad pueda seguir prosperando en la Tierra. Un Nuevo Acuerdo Verde es la estrategia para lograrlo. Puede hacer que Estados Unidos sea un país más saludable, más rico, más innovador, con más energía segura, más respetado y que los dictadores del petróleo sean más débiles en todo el mundo.

Estoy ansioso por ver qué proponen otras personas, pero no podemos darnos el lujo de desperdiciar otra década. Tal vez sea nuestra última oportunidad para crear las tecnologías necesarias a la escala del desafío que enfrentamos con el tiempo que aún tenemos —según los científicos— a fin de manejar los aspectos inevitables del cambio climático y evitar los que no se pueden manejar.

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