Thomas L. Friedman
Thomas L. Friedman

Joe Biden y Afganistán

Durante años, las autoridades de Estados Unidos usaron una breve frase para describir la misión en Afganistán, la cual siempre me molestó: “Estamos ahí con el fin de entrenar al ejército afgano para que luche por su propio gobierno”.

Eso resultó ser un resumen de todo lo que estuvo mal con nuestra misión: la idea de que los afganos no sabían pelear y que solo unas lecciones más en contrainsurgencia servirían. ¿En serio? Los afganos saben pelear. Durante mucho tiempo han estado peleando contra los británicos, los soviéticos o los estadounidenses.

Nunca se trató de la manera en que nuestros aliados afganos peleaban. Más bien siempre se trató de la disposición de pelear a favor de los gobiernos corruptos pro Estados Unidos y Occidente que ayudamos a levantar en Kabul.

Y desde el principio, las fuerzas talibanas más pequeñas -a las cuales ninguna superpotencia estaba entrenando- tenían una voluntad más firme, así como la ventaja de ser vistas como que luchaban por los postulados del nacionalismo afgano: la independencia de los extranjeros y la preservación del islam fundamentalista como la base de la religión, la cultura, la ley y la política. En países que a menudo están bajo ocupación, como Afganistán, en realidad muchas personas prefieren que gobiernen sus propios compatriotas (sin importar qué tan terrible sea esto) y no los extranjeros (sin importar sus buenas intenciones).

Todo lo cual nos conduce a una pregunta dolorosa pero fundamental: ¿La misión de Estados Unidos en ese país fue un fracaso absoluto? Todo lo que en verdad es importante sucede la mañana después de la mañana siguiente, es decir, cuando se imponen todo el peso de la historia y los implacables contrapesos del poder.

Y así será en Afganistán; tanto para los talibanes, como para el presidente Joe Biden.

Comencemos con los talibanes. Hoy están celebrando en grande que derrotaron a otra superpotencia. No obstante, ¿acaso los talibanes van a retomar lo que dejaron hace 20 años, al dar refugio a Al Qaeda, imponer fervientemente su islam puritano, así como al someter y maltratar a las mujeres y a las niñas?

No lo sé. Lo que sí sé es que heredaron la responsabilidad de todo el país. Pronto tendrán que enfrentar presiones enormes para instaurar el orden y darles empleo a los afganos. Y para ello se necesitará la ayuda y las inversiones de países sobre los que Estados Unidos tiene gran influencia: Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Pakistán y los países de la Unión Europea.

Los talibanes también tendrán que gestionar su supervivencia mientras nadan solos con algunos tiburones de verdad: Pakistán, India, China, Rusia e Irán. Tal vez quieran conservar el número telefónico de la Casa Blanca en su memoria de marcado rápido.

Las primeras señales no son alentadoras.

Cuando Estados Unidos invadió Afganistán en 2001, ni siquiera existían los teléfonos inteligentes, Facebook o Twitter. Hoy, Afganistán no solo está mucho más conectado con el mundo, sino que también está conectado por dentro. No será tan fácil que los talibanes le oculten al mundo y a sus compatriotas todos sus atropellos. En 2001, casi nadie en Afganistán tenía un celular. Ahora, más del 70% de los afganos posee uno y muchos de ellos cuentan con teléfonos inteligentes habilitados con internet.

Un informe sobre Afganistán que apareció el 7 de julio en la revista Time señaló: “Cuando en 2001 las fuerzas respaldadas por Estados Unidos derrocaron a los talibanes, casi no había niñas en las escuelas del país. Ahora hay millones, así como decenas de miles de mujeres que asisten a la universidad”.

Tal vez los talibanes les ordenen que vuelvan a usar burkas y cierren sus aulas. Pero quizás, precisamente debido a las semillas del cambio social, educacional y tecnológico sembradas por Estados Unidos, también se topen con reacciones negativas con las que nunca antes se habían topado por parte de las esposas y las hijas. No lo sé.

¿Y qué tal si los afganos más instruidos intentaran emigrar -incluyendo los servidores públicos, los plomeros, los electricistas, los técnicos de computadoras y los mecánicos- y la mañana después de la mañana siguiente se quedaran en el país un montón de maleantes talibanes casi analfabetos para administrarlo? ¿Qué harán entonces?

En cuanto al equipo de Biden, es difícil imaginar una peor mañana siguiente para él en Kabul.

El equipo de Biden será juzgado por cómo maneje la mañana después de la mañana siguiente. Biden afirmó que Estados Unidos estaría más seguro y mejor capacitado para enfrentar las amenazas terroristas si saliera de Afganistán que si se quedara incrustado en ese país (cosa que fue compartida por el equipo del expresidente Donald Trump), debido a los costos en gente, energía y focalización.

El equipo de Biden señaló que el modo anterior de tratar de proteger a los Estados Unidos de los terroristas de Medio Oriente mediante la ocupación y la construcción de una nación no funciona y que existe una mejor manera. Tiene que decirnos cuál es esa manera y demostrarlo.

Durante los últimos 20 años, Estados Unidos trató de defenderse del terrorismo procedente de Afganistán al intentar cuidar la estabilidad y la prosperidad mediante el fomento a la pluralidad de género, de la religión, de la educación y de la política.

Esa teoría no era incorrecta. Estamos entrando a una era sin precedentes en la historia de la humanidad, dos cambios climáticos simultáneos y muy desafiantes al mismo tiempo: uno en el contexto de la tecnología y otro en el contexto del clima.

No obstante, la teoría se basó en que hubiera suficientes afganos dispuestos a que exista más de esa pluralidad. Muchos lo estaban. Pero demasiados no. Así que Biden decidió que teníamos que detener este esfuerzo, salir de Afganistán y reajustar nuestra estrategia de defensa. Hago votos por que esté en lo correcto. Pero se le juzgará por lo que suceda la mañana después de la mañana siguiente.

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