Tenemos un problema

IGNACIO DE POSADAS

Los dos partidos tradicionales, pero voy a referirme sólo al mío. Porque le tengo cariño y porque creo que sigue teniendo, en su cerno, la mezcla de valores, sueños y coraje que el Uruguay precisa abrazar para dar sentido y contenido a su existencia.

También el Frente comienza a padecer el síndrome del desencanto. Pero es posible que, a pesar de los esfuerzos que están haciendo, consigan matar antes del 2015 toda la esperanza y lealtad de sus seguidores.

Hace unos días, asistiendo a un debate entre estudiantes, como parte del curso de Ciencia Política, me impresionó la imagen que muchos tenían de los partidos tradicionales y del FA. No era una discusión partidaria y las visiones pesimistas acerca de los primeros no nacían de simpatías frentistas o animadversiones. Tenían más bien una clave de tristeza: "qué lástima…!"

¿Cómo los veían? Para empezar, manejan como algo obvio y natural el calificativo de "derecha", al cual suman en su imagen que son conservadores, están dirigidos por viejos, repiten siempre lo mismo, les falta renovación y no dejan espacio para la gente joven. Por el contrario, aún cuando denotaban no simpatizar con él, tenían del Frente una imagen menos gris.

No deja de ser curioso (a la vez de preocupante), cuando uno piensa que las opiniones se daban al tiempo que el FA culminaba una elección interna con candidatos viejos o antiguos o las dos cosas y es el partido que ha tenido menos renovación, empezando por el Presidente que supera largamente los setenta años. En la misma línea, si uno compara, en cuanto a usinas de ideas, a Lacalle con Vázquez y Mujica, no puede, más allá de si se discrepa o no con las ideas, desconocer que Lacalle les tiró el bochín lejos. Otra: si uno mira una foto de los integrantes del Senado, no puede apuntar con el dedo a blancos y colorados como más viejos o antiguos que la bancada frentista. Podríamos seguir enumerando ejemplos concretos que deberían invalidar totalmente el imaginario señalado. Pero persiste.

Lo mismo ocurre en materia de políticas económicas y sociales: los partidos tradicionales tienen firmemente colgado el letrero de neoliberales y conservadores, ajenos a los pobres. La realidad, también aquí es bastante diferente: dudo que se puedan mostrar hechos que permitan tachar a Sanguinetti de neoliberal, hijo del Estado batllista como es y siempre quiso ser. Lacalle aparentemente, calzaría mejor en el estereotipo, por su afán desregulador y desmonopolizador y los intentos por reducir el tamaño y la presencia del Estado. Pero es igualmente cierto que casi ninguna de las privatizaciones y desmonopolizaciones fueron dejadas sin efecto, ni se cambiaron mucho los parámetros básicos de las políticas macroeconómicas, al tiempo de que jamás se vio una proliferación de privatizaciones, encarnadas en sociedades anónimas propiedad del Estado, como ahora (ni de extranjerización del capital). De última, ¿qué son las famosas PPP si no un (hábil) instrumento privatizador?

En cuanto a Batlle, más allá de sus inclinaciones, tuvo que concentrarse en apagar incendios.

Otro tanto es válido decir de las preocupaciones sociales de los gobernantes blancos y colorados: habrá diferencias de grado y de estilo, pero el gobierno uruguayo, de cualquier pelo, nunca fue ni insensible, ni neoliberal.

Imagen más fuerte que la realidad. Un tremendo problema para el Partido Nacional. ¿Cómo se corrige eso?

No es nada fácil.

¿Cambio de discurso? ¿De propuestas? ¿De estilo? ¿De símbolos?

Para empezar, nada de lo anterior tiene grandes chances de impactar si proviene de las mismas personas. El ideal en el plano de la comunicación es un cambio de figuras. El Partido Colorado está dando evidencias de eso.

Pero los líderes no se fabrican y, andando cierto tiempo, ni siquiera se producen.

Ergo, hasta que suceda (y no puede el Partido sentarse a esperar) hay que jugar las cartas que se tienen.

Algunas son obvias:

-Los líderes no se fabrican, ni suelen dar un paso al costado. Pero, si son medianamente vivos, deberían rodearse de caras nuevas.

En nuestro país, las cosas tardan en penetrar y a pesar de haber ocurrido tres elecciones desde la creación del balotaje, el grueso del electorado vota en la primera vuelta a presidente como si fuera la única. El Partido haría muy bien en hacer una campaña educativa de la importancia del voto al Parlamento en primera vuelta y abonarlo con excelentes planchas de candidatos.

-Lanzar ideas novedosas no es fácil y arriesga la incredulidad, cuando no el hastío.

-En cambio, un discurso y un lenguaje nuevo y moderno, sí ayudaría.

Dicho todo lo cual, tenemos un problema adicional, único al Partido Nacional. La gran cantera de votos está en el centro izquierda. Quien pretenda ganar no puede ignorarlo. El trabajo de Bordaberry es más fácil porque aún tiene mucho para crecer en el resto del espectro. Nosotros enfrentamos un dilema: si acomodamos el cuerpo buscando votos más a la izquierda, arriesgamos que nos pesquen, por la derecha, los que ya tenemos. Es más fácil perder la credibilidad que tenemos que hacernos creíbles más lejos.

Hace algunas semanas, al influjo de gente joven y moderna, el Partido empezó una experiencia novedosa, con una versión propia del "gabinete sombra". Más allá del contenido del proyecto, que espero sea muy exitoso, la visión y el discurso de presentación son jóvenes y modernos. Busca tocar las fibras profundas del ser Blanco.

Tenemos un problema. Pero el país tiene uno mucho mayor: debemos solucionar el nuestro, porque no hay otros que puedan encarar como se precisa, los males de nuestro Uruguay.

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