Sergio Abreu
Sergio Abreu

Sin seriedad ni coherencia

Hace 25 años finalizó la Ronda Uruguay del GATT que dio lugar a la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La Ronda con el nombre de nuestro país fue lanzada en Punta del Este en el primer gobierno del Partido Colorado siendo Canciller Enrique Iglesias. El Tratado se firmó en Marrakech durante el gobierno del Partido Nacional, en tiempos de cambios tecnológicos, de la caída del socialismo real y de la economía estatal planificada.

El surgimiento de la OMC fue un logro del sistema multilateral de comercio que, desde 1947, se planteó como objetivo la apertura comercial y el desmantelamiento del proteccionismo arancelario en bienes. La Ronda Uruguay incluyó el comercio agrícola a favor de los países menos desarrollados y nuevos temas como la propiedad intelectual, los servicios y el trato a las inversiones. Ajustó también el mecanismo de solución de controversias que desde la Ronda Tokio intentaba dar seguridad jurídica al funcionamiento del sistema.

En esa década del 90 los EE.UU., la Unión Europea y el Japón eran las economías principales y de ellas dependía un acuerdo previo que destrabara las negociaciones para cerrar la Ronda. Alcanzado este, las últimas etapas se precipitaron bajo la conducción de Peter Sutherland

Es bueno recordar que el Uruguay fue reconocido co-mo un actor de referencia en el GATT, en particular por la figura del Embajador Julio Lacarte Muró. También se sabe que nuestros representantes acompañaron el avance del sistema multilateral por décadas, siendo parte en Ginebra de las reuniones reservadas a aquellos países que se destacaban por su aporte estratégico sin perjuicio de sus intereses.

Luego de la creación de la OMC, el ingreso de China y Rusia determinó un salto copernicano en el comercio internacional. La planificación estatal y la producción del Estado desaparecieron del mercado global comprobando que la realidad siempre es más compleja que la rigidez ideológica. La innovación tecnológica, la ubicación geográfica, la localización de los recursos naturales, la cultura, los valores sociales, las normas estables, la iniciativa privada y la inversión confirmaron la importancia de la "productividad de todos los factores", en otras palabras, que el sistema productivo no dependía exclusivamente del capital y el trabajo sino también de la tecnología.

En este contexto, la globalización muestra que 2/3 del comercio mundial se realiza intrafirma y que el 60% de los bienes exportados son semiterminados. Esto quiere decir que las cadenas de producción se establecen en diferentes países agregando valor en función de los avances tecnológicos y de los menores costos. La innovación y el conocimiento provocaron el salto tecnológico de los Tigres Asiáticos y el constante crecimiento de la economía china, hoy la primera exportadora de bienes del mundo y la tercera de servicios. Eso explica la feroz competencia que se plantea en el comercio internacional con un fuerte impacto sobre el sector industrial de economías como la uruguaya. Sin embargo, los profetas ideológicos sostienen que el liberalismo es el causante de nuestra vulnerabilidad, cuando en realidad esta se debe a la pérdida de competitividad de la producción por desajustes en el tipo de cambio, altos intereses resultantes de los déficits fiscales y por los asfixiantes tributos y tarifas públicas.

A todo esto, el sistema multilateral sigue siendo la mejor respuesta al unilateralismo y a la guerra comercial planteada en el mercado global. Los aranceles dejaron de ser objeto de las negociaciones y las normas y regulaciones en inversiones, propiedad intelectual y restricciones no arancelarias son actualmente los temas centrales.

Lamentablemente, Uruguay perdió el rumbo en la definición de su inserción externa olvidando que las negociaciones deben llevarse a cabo dentro de la OMC librando la batalla contra las asimetrías y las hipocresías. La primera, como reacción a la insistencia de los países industrializados en liberar servicios sin abrir sus importaciones a los productos agrícolas; y la segunda, contra la imposición de cláusulas sociales y requisitos ambientalistas que actúan como barreras no arancelarias. Eso, sin dejar de insistir en que el mecanismo de solución de controversias de la OMC tiene que recuperar su credibilidad afectada hoy por el desinterés que los EEUU y China muestran en su ilegal enfrentamiento al margen de las normas multilaterales.

Pero además de su desinterés, el Uruguay incurrió en un papelón internacional al entrar y salir del TISA (Acuerdo sobre el Comercio de Servicios) en los gobiernos del FA y al negarse a participar en negociaciones que incluyen los nuevos temas del comercio internacional. Como resultado, nuestro país perdió seriedad y coherencia preso de una ideología superada por la modernidad.

Por esa razón, el multilateralismo debe retornar como un punto compartido por todas las fuerzas políticas. Nuestro subdesarrollo no es solo económico y tecnológico. Es político. Nos bloquean estructuras disfuncionales y una máquina ideológica burocrática generadora de absurdas distorsiones. Lo importante parece ser el Foro de San Pablo y sus postulados y el doble discurso en defensa de la dictadura de Maduro. Así nos va.

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