Sergio Abreu
Sergio Abreu

La recesión: “tarde piaste”

En Brasil se recuerda a un astuto Ministro de Hacienda de quien se decía que era capaz de cambiar de medias sin descalzar sus zapatos. Sus transacciones con las distintas fuerzas sectoriales terminaban en concesiones que debilitaban las cuentas públicas sin afectar su imagen de economista disciplinado.

En Brasil se recuerda a un astuto Ministro de Hacienda de quien se decía que era capaz de cambiar de medias sin descalzar sus zapatos. Sus transacciones con las distintas fuerzas sectoriales terminaban en concesiones que debilitaban las cuentas públicas sin afectar su imagen de economista disciplinado.

Algo parecido sucede en nuestro país. Mientras el Presidente cree que la reforma del Estado es la madre de todas las reformas (tema en el que coincidimos), sus principales opositores son los estatistas de su partido y un sector sindical fortalecido por el propio gobierno. Para ellos, cuanto más Estado y monopolios públicos existan menos dependencia tendremos del capital internacional y seríamos inmunes a las presiones del antiguo pero aún “taquillero” anti- imperialismo.

Insistir en este error nos condena al atraso. No sólo por lo que nos demuestran las crisis que se viven en el hemisferio norte sino por lo que exponen las experiencias de Brasil, Argentina y Venezuela en cuanto al destino de los populismos estatistas.

A pesar de eso, la soberbia frentista desafió la realidad y facilitó en el último gobierno el ingreso de cerca de 60.000 funcionarios públicos; al tiempo que por sucesivas leyes se multiplicaron los cargos de “particular confianza” así como las llamadas funciones “ indispensables”.

Por tales datos, pareció razonable que el ministro Astori sin mudar de zapatos, advirtiera al plantear el “ajuste fiscal”, que existen muchos funcionarios públicos y que de tres vacantes se llenarían sólo dos.

¿No sería de aplicación el dicho popular “tarde piaste?”; ¿en que quedó la madre de todas las reformas?; ¿en la misma frustración en que derivó la ley de Empresas Públicas? ¿Es necesario seguir con aquello de calzar los mismos zapatos y negociar varias medias? ¿No será que la estrategia política alcanza con decir una cosa y hacer otra para quedar bien y mal con todos antes que asumir costos políticos electorales? ¿El Ministro, transa con sus adversarios internos para que toleren sólo lo que diga y no lo que debería implementar en el sector público?

Lo cierto es que este proceso se dio sin que la conducción económica durante los tres gobiernos del Frente Amplio (siempre a cargo del equipo de Astori) cambiara de zapatos; pero lo que se entregó bajo la presión del Pit-Cnt, engrosó el Estado, fortaleció el sindicalismo público, potenció las empresas monopólicas y facilitó la creación por estas, de decenas de sociedades de derecho privado sin control alguno.

En ese contexto, la izquierda adoptó un gradualismo “gramsciano” como eje central de su estrategia política. De tal modo, que el gobierno ante las presiones del sector sindical fue cediendo, paso a paso, hasta que el Estado alimentado de impuestos y tarifas arbitrarias esterilizó a la madre de todas las reformas. En su lugar una burocracia pública blindada se erige hoy, como el principal obstáculo para cualquier modificación que pudiera afectar su visión de “clase”.

Ante este panorama, el Ministro ¿no es responsable de la política macro económica de los últimos quince años?; ¿y el gobierno, no puede controlar los desvaríos de algunos grupos que recomiendan más gasto público y mayor presión tributaria para financiar tremendo “desmadre”?

En la bancada de gobierno, ¿a nadie se le ocurre condicionar el 6% del PBI para la educación o los recursos que se discuten para la Universidad, el INAU y ASSE a resultados cuantificables y a una ejecución medible ?

El ejemplo de ASSE es claro. Un servicio público esencial como la Salud se conmovió con el procesamiento por corrupción de un “compañero” miembro del Directorio en representación del sindicato. Luego de meses es nombrado un nuevo representante con respaldo sindical y convoca al acto de su asunción a una “claque” al mejor estilo de los actos políticos de su Fuerza; mientras que, como contra cara, la gestión y el manejo de los recursos tienen resultados satisfactorios para los más indefensos. Y el Directorio parece asumir la plácida actitud de dar “ a cada día su pena”.

Lo más grave es que el gobierno es consciente de que el oscurantismo, la ineficiencia y la corrupción son el derivado natural de la cultura estatista, y que esta la financian los uruguayos más necesitados con impuestos y tarifas cada día altos , sin recibir los beneficios que los servicios esenciales del Estado deben garantizar.

Por tales razones, preocupa más la coraza que la “izquierda” construyó ante el descontento generado. Para ella, lo central es descalificar a los que piensan diferente; en especial, a los que no quieren renunciar a la libertad en nombre de una utópica igualdad; en resumen, en definir de “derecha” lo indefinible y de “izquierda” todo lo distinto, aunque tenga que disimular los atisbos de un fascismo corporativo en muchas de sus posiciones .

Como resultado, lo números hablan solos; el déficit fiscal se multiplicó por cuatro en solo cinco años y hoy ronda el 4% del PIB, es decir, más de 2.000 millones de dólares. Por otro lado, la recaudación viene cayendo desde febrero del año pasado mientras que la inflación es la segunda de América Latina, el desempleo ronda el 8% y la pérdida del grado inversor es lo único que conmueve al equipo económico.

En consecuencia, todos estos indicadores, sumados a una política monetaria restrictiva nos plantean un escenario recesivo; esa situación no querida por nadie tiene su causa principal en las concesiones hechas a los sindicatos y a las Empresas públicas que hicieron del contribuyente un súbdito; el único que carece de sindicato para reclamar y que se pregunta , cómo todo el País lo hace, adonde se fue su plata.

Por esta y otras razones, la oposición debe ejercerse con responsabilidad y fuerza, a través de una expresión orgánica compatible con validos protagonismos, priorizando críticas y propuestas como signo de madurez y modernidad.

Los bloques partidarios deben fortalecerse, de modo que la unidad proyecte expectativas de un buen gobierno en caso de ganar las elecciones. No obstante, esto no depende del Frente Amplio que parece hacer todo lo posible para perder; sino de la oposición, que todavía insinúa que no está preparada para ganar y gobernar.

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