Sergio Abreu
Sergio Abreu

Presidente moderno

La economía no crece, la inversión cae y el desempleo alcanza el 10%. El desequilibrio macroeconómico preocupa y la competitividad del sector productivo está comprometida.

Se afirma, y es cierto, que el costo país afecta principalmente a las micro, pequeñas y medianas empresas y que en los últimos años se perdieron más de 40.000 puestos de trabajo en el sector privado.

El Dr. Lacalle Pou lo plantea con claridad cuando relaciona esa situación con la inserción externa del país afectada por los vaivenes de la demanda de bienes y servicios a nivel global y por los precios de los productos. Su equipo económico es consciente además que la vulnerabilidad de nuestra economía es mayor debido al déficit fiscal que compromete la estabilidad macroeconómica y que la guerra comercial entre China y los Estados Unidos plantea un escenario incierto en el sistema multilateral de comercio.

El próximo gobierno deberá dar un golpe de timón a la inserción externa del país. La estrategia se relaciona con promover y participar en toda negociación en que estén en juego preferencias arancelarias y normas regulatorias; actuar más allá de las decenas de siglas de la burocracia internacional, concretando acuerdos de libre comercio que nos garanticen un mejor acceso a todos los mercados posibles.

Por otra parte, es necesario sacudir el Mercosur con propuestas inteligentes que se ajusten a este Brasil aperturista que, como dijo su Ministro de Economía, no piensa depender de la Argentina para crecer. De esa capacidad de iniciativa deberán surgir definiciones estratégicas acordes con el nuevo escenario surgido del Tratado con la Unión Europea y otros como el que insinúa el Brasil con los Estados Unidos.

El programa del Partido Nacional tiene líneas de convergencia con los otros partidos, con excepción de aquellas posiciones que asimilan el interés nacional a ideologías como la del malogrado Socialismo Siglo XXI acuñado por Chávez y Maduro. Entre estos devaneos se encuentran los gobiernos del Frente Amplio que dejaron de lado la definición geopolítica del Uruguay frontera, pradera y puerto y la importancia de la estrategia de los círculos concéntricos definiendo las relaciones internacionales entre amigos y enemigos.

En esa línea Lacalle Pou piensa su gobierno como una “usina de ideas” donde la infraestructura sea el instrumento clave de nuestra estrategia geopolítica conforme a los nuevos tiempos y con las velocidades adecuadas; bajo una conducción firme que privilegie el transporte y los servicios portuarios en consonancia con las cadenas de valor que se desarrollan en cada uno de nuestros países. Incluyendo iniciativas como la construcción de las exclusas previstas en el Salto Grande para hacer navegable el río Uruguay y canalizar hacia el Plata la producción brasileña.

Es el único de los candidatos que propone un intenso diálogo con los gobiernos de Argentina y Brasil, cualesquiera sean ellos, así como la coordinación de acciones con el Paraguay, todo lo contrario a lo que hemos vivido en estos últimos años bajo la etiqueta de esa obsoleta “izquierda progresista”; esa que no impidió el bloqueo de los puentes sobre el río Uruguay que el matrimonio Kirchner decretó durante cuatro años, así como el intento de anular el puerto de Nueva Palmira, demorar el dragado del canal Martín García y hasta invocando la doctrina Zeballos de la costa seca sin que a nuestro gobierno se le moviera un pelo. Con Brasil no fue tan diferente. Los free shops sufrieron un golpe letal por omisión y desconocimiento del comercio de frontera. Esta adquirió tal porosidad que no existió una sola reunión de Cancilleres que analizara los complejos temas de las ciudades fronterizas; en especial los de seguridad, donde hasta los comandos del narcotráfico llegaron a asaltar la ciudad de Aceguá a pesar de las advertencias.

Por otro lado, se intervino en los asuntos internos del Brasil inventando un golpe parlamentario cuando la destitución de la Presidente por cargos de corrupción. Hasta el propio Canciller llegó a manifestar que el gobierno brasileño intentó chantajear al uruguayo y expresó públicamente su deseo de que las elecciones no las ganara el candidato Bolsonaro. Finalmente este accedió al gobierno y si algo faltaba, el Ministro de Defensa propuso “sacar” al Brasil del Mercosur. Aunque duela, como respuesta aparece como lógico que se ignore al Uruguay nada menos cuando nuestro vecino abandona su viejo modelo proteccionista.

Este es el gran desafío histórico y así lo plantean el Partido Nacional y su candidato. Una política de Estado que privilegie la prosperidad y el trabajo de los uruguayos desde un proyecto geopolítico moderno teniendo la apertura comercial como la llave de nuestra productividad, y en condiciones que hagan competitiva nuestra producción. Un retorno al tronco histórico de nuestra colectividad que buscará una vez más las coincidencias necesarias para insertar al Uruguay en la modernidad. Con los mismos principios y un equipo de gobierno identificado con lo único permanente: el interés nacional.

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