Sergio Abreu
Sergio Abreu

Valor de la oposición

Estos días han sido movidos; como todo lo que sucede en Uruguay, cuando abundan noticias con el debido “gancho periodístico”. Los espacios han sido ocupados por rapiñas, homicidios, procesamientos, anuncios sindicales, retiro de negociaciones en foros internacionales (como el TISA); la discusión de un Presupuesto mas cerca a una jungla que a una definición de Programas cuantificables; la actitud de varios gobiernos, incluso el nuestro, frente a la conducta del presidente Maduro contra Colombia, la OEA, y todo aquel que pueda ser identificado como enemigo externo para enfrentar las elecciones de diciembre.

Estos días han sido movidos; como todo lo que sucede en Uruguay, cuando abundan noticias con el debido “gancho periodístico”. Los espacios han sido ocupados por rapiñas, homicidios, procesamientos, anuncios sindicales, retiro de negociaciones en foros internacionales (como el TISA); la discusión de un Presupuesto mas cerca a una jungla que a una definición de Programas cuantificables; la actitud de varios gobiernos, incluso el nuestro, frente a la conducta del presidente Maduro contra Colombia, la OEA, y todo aquel que pueda ser identificado como enemigo externo para enfrentar las elecciones de diciembre.

Sin embargo, ninguno de estos temas nos conmueven como deberían. Y eso se debe a que los grandes conflictos internos que viven estos gobiernos, tanto en sus fracasos económicos como morales responden a resentidos improvisadores que siguen disfrazando sus gestiones con visiones igualitarias, mientras que la oposición no las combate, como debe ser, por miedo a perder apoyo en el mercado electoral.

De tal forma es preocupante, que ante a la esquizofrenia frentista, somos rehenes de su discurso, y evitamos tomar posiciones que nos reconcilien con los principios que defendemos, simplemente, porque se piensa que defender la libertad, la propiedad privada, el Estado eficiente y Empresas Públicas menos “ vedetistas”, nos coloca bajo la arbitraria etiqueta que define la “derecha”.

Venezuela, Argentina y Brasil participan con nosotros de un ambiente inflacionario fuera de control. Han impulsado un populismo financiado en el pasado por buenos precios internacionales (como el petróleo) y que ahora, ante una señal inquietante de China, se dan cuenta que el camino del despegue económico sigue acoplado a los cifras positivas o negativas de las grandes economías

Nada de esto llama la atención del gobierno. El autoelogio y “las certezas” que se vendieron electoralmente han dejado paso a una lucha fratricida entre el propio FA; tan así, que tras bastidores o públicamente cruzan duros adjetivos jerarcas “compañeros” de los primeros niveles de gobierno.

Sin embargo, eso parece hasta natural, porque la soberbia es tal, que nadie quiere reconocer que cometió un solo error.

Por eso, aprovechando la vorágine diaria muchos se contradicen, otros se insultan y se adjudican responsabilidades, pero no reconocen que el desempleo ronda el 8%, que el déficit fiscal supera el 3.5% y que la inflación y el dólar van juntos de la mano hacia las alturas. Ni que hablar de la arrolladora fuerza sindical.

En estos temas hay que ser claro; en realidad, no se quiere reconocer, que los malogrados modelos, desde el socialista hasta el gráfico “estribo brasileño” nos han inundado de incertezas económicas y de falencias morales que por compromisos ideológicos disimulamos sin gesto vergonzante.

Nunca estuvimos tan rodeados de gobiernos “amigos” que nos llevaron a ser co-autores, cómplices o encubridores de vulgares ladrones disfrazados de justicieros sociales y de nefastos resultados. Los millones de dólares fueron y vinieron y no somos capaces de cerrar regularmente bien los números.

Los países nada tienen que ver, ni siquiera con esa tonta mención a la inexistente hermandad.

Muchos de los diálogos metálicos (léase armados) fueron parte de una convergencia ideológica regional, de la misma forma que funcionó la rechazada reacción de las dictaduras militares; también esa es la verdad, pero, lo que no puede aceptarse, es que , quienes alcanzan el Poder legítimamente por medio de “instrumentos burgueses” como la democracia pluralista, roban, matan, restringen las libertades y llevan tras las rejas a todo aquel que levanta su voz para defender a las minorías.

No nos equivoquemos, todos sabemos que se trata de la misma gente que ni siquiera pudo soportar a un patético Sr. Amodio que nos quiso llevar a los subterráneos mas ocultos de la miseria humana.

Pues así vamos, desde pajaritos inspiradores, pasando por Fiscales que mueren sin que quiera aclararse, por prisión de jóvenes condenados a años por discrepar, o grados de corrupción de los que no escapa, nuestro gobierno, y menos aún, los “vocingleros” revolucionarios de las economías más grandes del Continente.

Mientras tanto la oposición, reitero, peca de una estratégica omisión. Los espacios de confrontación al ser llenados por la misma fuerza de Gobierno la inhibe, es mas, la retrae en la defensa de los principios liberales más reconocidos, y que refieren a la importancia de la tolerancia, la convivencia democrática y de una necesaria eficiencia estatal bajo estrictos controles. Hasta es capaz de tener una política tributaria ajustada mas a la ocasión que a lo esencial de su pensamiento.

Desde que tenemos razón aprendimos que quien defiende la libertad no tiene otro enemigo que el despotismo. Y si este avanza directa o indirectamente sobre la Constitución o la ley, cada paso que da es un derecho menos que los ciudadanos pueden reclamar. La firmeza y la claridad son compatibles con la valentía y la humildad.

No nos confundamos

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