Sergio Abreu
Sergio Abreu

Doble discurso, una política

Una democracia sin memoria es la cuna de la demagogia y del oportunismo. Muchos dicen que los archivos los resisten pocos, pero la verdad es que son pocos los que revisan los archivos.

Por tanto, es lógico que en lo electoral predomine el doble discurso, es decir, la estrategia de barrer con las dos palas.

La población cuando es defraudada por las promesas incumplidas se vuelve indiferente. La indiferencia es la peor enemiga de la democracia. El pensamiento primario prevalece y los votos se emiten sin la mínima reflexión. La etiqueta mental sirve de guía y el desencanto alcanza para protestar sin conocer la alternativa que se acompaña.

La mayoría del Frente Amplio devaluó la democracia. No cree en ella, salvo para imponer su hemiplejia moral en las políticas públicas. Su objetivo es mantener el poder alineando su posición con los socios ideológicos. Principios como el de la no intervención o la defensa de los Derechos Humanos dependen de quién es el interlocutor. Memoria y Justicia no se refiere, por ejemplo, a los terroristas vascos ni a la protección que se les dio cuando el gobierno socialista de Felipe González pidió su extradición. Para el terrorismo hay olvido y perdón.

El ojo tapado es su primera y única expresión. Los plebiscitos que acepta el Frente Amplio son los que les dieron la razón y las inversiones extranjeras son bienvenidas si se ajustan a los tiempos electorales. Poco importa los que se dijo antes. Los archivos ya no se consultan.

Es bueno recordar que las facilidades que los gobiernos del Frente Amplio otorgan y otorgaron a las megainversiones extranjeras se aprobaron por leyes que fueron votadas en contra por sus legisladores. Entre otras, la ley Forestal, de Zonas Francas, de Puertos, incluyendo los Tratados de Promoción de Inversiones y doble tributación, firmados con los países desarrollados.

No es de extrañar entonces que la política económica haya sido también hija del doble discurso. El equilibrio macroeconómico se comprometió. Un maquillaje trata de ocultar el indecente déficit fiscal que heredará el nuevo gobierno, la alarmante tasa de desempleo, el atraso cambiario y el monto y pago de la deuda externa más alta de la historia.

Con juegos de palabras se quiere esconder el ingreso de unos 50.000 funcionarios públicos que compensaron la pérdida de otros tantos miles de empleos en el sector privado. A ello se agrega el ingreso de Petrobras al Estado como si existieran recursos para rescatarlo, en otras palabras, una nueva Pluna que nos condenará a la falta de transparencia y a la corrupción.

El despilfarro del Estado no ha tenido límite ni control. El asistencialismo subsidia la pobreza y se desentiende de los pobres. El fracaso de la educación es el causante de la desigualdad pero sindicatos y corporaciones no quieren que las personas se diferencien por sus talentos y virtudes, como dice la Constitución. ¡Cuidado! Todo joven exitoso puede transformarse en un peligroso “oligarca”. Más peligroso aún, si proviene de los estratos más bajos de la sociedad. El modelo es el cubano y el venezolano chavista; dos economías que naufragaron en las cloacas de la historia al que la ideología frentista le sigue lanzando el salvavidas de plomo.

Igual de preocupante es la pérdida de competitividad del sector productivo. Los tributos, las tarifas y los salarios, se asociaron ahora al atraso cambiario: ¿puede ignorarse que de nada sirve abrir mercados si el exportador no puede competir en el exterior? ¿Acaso se desconoce que el grado inversor puede perderse? Al gobierno nada le importa la observación de la OIT por insistir en normas laborales abusivas. Mientras tanto, el doble discurso ha permitido firmar el Tratado del Mercosur con la Unión Europea en el oscurantismo. El contenido del Acuerdo no se conoce y todo se procesa con la complicidad del Frente Amplio. Si el Tratado con Chile demoró un año y medio en ser aprobado por el Parlamento ¿cuántas excusas tendrá el Poder Ejecutivo para demorar la aprobación de este?

Lo cierto es que el gobierno juega a las esquinitas con los principios que hicieron respetable al Uruguay. Las dos caras de Jano resumen nuestras relaciones internacionales. El Brasil y la Argentina continuaron con su vieja trenza bilateral. Macri y en especial Bolsonaro, nos ignoran. Y tienen razón, porque nuestro gobierno insiste con que en el Brasil se dio un golpe de estado parlamentario y el expresidente Mujica recibe en su chacra a Alberto Fernández mostrando su afinidad con la fórmula de la corrupción en la Argentina.

¿Acaso se piensa que se puede actuar como Trump marcando las reglas por Twitter? El Frente Amplio, ¿cree respetable una Política Exterior que se ahoga en la semántica?

Los derechos humanos en Venezuela y en Nicaragua ¿son de alienígenas? ¿El Secretario General de la OEA, Almagro, no es el mismo que Mujica atornillaba en su asiento cuando afirmaba que lo político está por encima de lo jurídico? ¿Quién está en lo cierto, el Almagro de antes, el de ahora, o ninguno de los dos?

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