Sergio Abreu
Sergio Abreu

Disculpas y elección

Estamos en el tramo final de la instancia electoral. El debate del miércoles dejó claras las potencialidades y propuestas de Luis Lacalle Pou y de Daniel Martínez.

Dos estilos, dos proyectos, pero también dos personalidades en que la semiótica analizó la gestualidad, las miradas y hasta el mínimo pestañeo como señales que mostraran la relación entre las expresiones y los movimientos de los candidatos. La diferencia en cuanto a sus visiones como hombres de Estado quedó muy clara.

Todo eso forma parte de avances en que la tecnología involucra un nuevo lenguaje de comunicación entre los dirigentes y el pueblo. Y si bien los escenarios son distintos, todavía se recuerda el debate Nixon-Kennedy en el que el maquillaje, el calor del estudio y la transpiración del primero fue clave en la proyección de una imagen que definió la elección a favor del segundo.

Por otra parte, no es nueva la construcción de personajes reñidos con lo natural o lo esperable. Las circunstancias son diferentes pero no es extraño que muchos actores asuman conductas impredecibles, en particular en la vida política. Poco se recuerda la actitud del líder soviético Nikita Kruschev en la Asamblea de las Naciones Unidas golpeando con el zapato su propio estrado protestando a los gritos contra las expresiones del presidente de la delegación filipina en 1960. Quizás se retengan más las expresiones de Trump sobre Hillary Clinton en la última contienda electoral calificándola de “mujer asquerosa”, más todavía, los insultos de “basura, imbécil y de estúpidos” por parte de Maduro hacia todos los que se hacen eco del informe de la expresidenta Bachelet al denunciar, en su calidad de alta Comisionada de la ONU, la sistemática violación de los derechos humanos en que incurre su dictadura.

Tampoco puede olvidarse cuando el expresidente Mujica dijo ante las cámaras de televisión que los dirigentes de la FIFA eran una “manga de viejos h… de p…” o que “los blancos deberían cuidar a sus mujeres en vez de ocuparse de las pavadas del BROU”. Ni que hablar cuando el entonces ministro de Defensa Fernández Huidobro acusó de “imbéciles y taraditos” a los miembros de la Serpaj (el Servicio de Paz y Justicia).

Los que tienen buena memoria en el Uruguay, que no son pocos, recuerdan decenas de episodios en que los excesos a los niveles más altos fueron más allá de lo razonable. Por eso, luego de haber cometido uno de ellos en una expresión no dicha en vivo al retirarme de un programa periodístico radial, debo ofrecer mis disculpas que en nada afectan mis convicciones. Siento esa necesidad por respeto a la sociedad, a los que me conocen y a los que más me quieren en la cercanía familiar. Por otra parte, en nada me perturba este “mea culpa”, que lo hago desde la idea de que solo los necios son incapaces de reconocer sus errores, pero además, como aporte a Luis Lacalle Pou que manejó con admirable serenidad una agotadora campaña política marcada por los golpes del Frente Amplio angustiado por la posibilidad de dejar el poder.

En nuestro Uruguay no hay más espacio para insistir en divisiones que hacen irreconciliable la convivencia democrática. Más sustantivos y menos adjetivos reclamaba el recordado Profesor Juan Pivel Devoto al tiempo que hacía hincapié en la importancia de la “sufragancia” frente a la militancia. Es así que en pocos días hablarán las urnas en la seguridad de que el resultado no será alterado por ningún fraude electoral como los cometidos por el dictador Maduro y el expresidente Evo Morales, justamente el tema que intentábamos probar en el frustrado encuentro periodístico. Será una de las formas de terminar con el recurso de externalización de culpas a que recurre el Foro de San Pablo cada vez que sufre un revés en su intento hegemónico de concentración de poder en toda la región.

Fuera de todo triunfalismo somos optimistas. Nuestra madurez política no se verá afectada por las interferencias de otros Jefes de Estado, como la del recién proclamado Presidente de la Argentina Alberto Fernández. Y aun cuando los expertos opinan que la aguja no se movería en cuanto a la preferencia electoral del domingo 24, el sabio dicho del truco debe aplicarse, “la primera en casa”, después veremos.

El Partido Nacional es mayoría en una coalición de gobierno. Su vocación y su misión es ahora el manejo del Estado, y hoy más que nunca el ejercicio del poder para rectificar rumbos y darle consistencia a una buena gestión durante los próximos cinco años. Para eso todos debemos compatibilizar firmeza con serenidad. El FA no pudo comprender que a medida que la coalición fue reafirmando valores asumidos por todos los partidos aumentó sus coincidencias, disminuyendo los ámbitos de enfrentamiento. A la relación civilizada entre mayorías y minorías es que debemos apostar; la única forma de consagrar el respeto recíproco y la erradicación de esa verdad única que el FA y sus socios en la región se empeñaron en imponer.

En resumen: las disculpas y el llamado al esfuerzo para que el resultado electoral asegure el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. La cuestión es, que más allá de ganar la elección, la victoria “valga la pena”.

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