Sergio Abreu
Sergio Abreu

Cuello y callos duros

El Uruguay siempre se destacó por el principismo y el realismo de su Política Exterior.

El Uruguay siempre se destacó por el principismo y el realismo de su Política Exterior.

Hace cincuenta años integró el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas representado por Carlos María Velázquez. Corría el año 1965 y los Estados Unidos habían invadido Santo Domingo. El discurso de Velázquez retumbó en el Consejo con la fuerza de una denuncia, como una sentencia condenatoria a todo Estado que interviniera en los asuntos internos de otro.

En representación de nuestro país afirmó que la “Intervención” era una palabra maldita. Y de allí tomó vida el principio que la Asamblea de la ONU hizo suya en la Resolución 2026.

El Uruguay impulsó años después la creación del grupo de Contadora y del Grupo de los Ocho que tuvieron como resultado el Tratado de Esquipulas en Centroamérica y el otorgamiento del Premio Nobel de La Paz al ex- Presidente de Costa Rica.

Luego se lanzó desde Punta del Este, la Ronda Uruguay del GATT que incluyó en la Agenda los nuevos temas del comercio internacional y culminó con la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Marrakesh.

Por otro lado, el Tratado de la Hidrovía ubicó al puerto de Nueva Palmira como su Terminal, mientras que la firma de las notas reversales que decidieron el dragado de los canales de Martín García y la extradición de los terroristas etarras, resistida por el actual gobierno sin excepciones, fueron, entre otros , logros concretos de una Política coherente y respetada.

El Mercosur fue también el inicio de un Proyecto de integración, que con nuestra iniciativa invitó al Paraguay para consolidar la vieja expresión de la política de los meridianos en nuestro rol de bisagra de la Cuenca del Plata. Y que a pesar del estado caquéxico en que se encuentra, está unido a nuestro destino estratégico si fuéramos capaces de recuperar el concepto de apertura a favor de una dinámica inserción externa de nuestra producción de bienes y servicios.

Asimismo, la extensión de la Plataforma continental fue desde el principio una toma de conciencia de la importancia de nuestros intereses marítimos junto con el fortalecimiento de nuestra presencia en la Antártida, mientras nuestras Fuerzas Armadas han estado al servicio de la Paz internacional en el marco de los Capítulos regulados por las Naciones Unidas.

Lamentablemente, en un lento pero implacable cambio nos transformamos en los referentes del anti-imperialismo, los enemigos mortales del “neo liberalismo” (todavía una etiqueta sin definir), los partidarios de la integración ideológica, los anti ALCA, los amigos de Chávez y su petro-socialismo, los aspirantes a viajar en el estribo de Brasil, los victimarios una vez más del Paraguay, los anti Fuerzas de Paz, los amigos del execrable violador de su hijastra, el Presidente de Nicaragua (homenajeado con las llaves de la ciudad de Montevideo); los sumisos vecinos de la esquizofrenia argentina, los abanderados del principio de que lo político prevalece sobre lo jurídico, los impulsores de ingresar y de salir del TISA; en suma, los defensores de los izquierdos humanos a diferencia de los derechos humanos.

Lo importante hoy, no es la fuerza ética del principio de igualdad, sino de qué lado están los “amigos” ideológicos, los mismos que siguen vinculados al terrorismo y consideran al Estado de Derecho como una expresión burguesa al servicio de un capitalismo “salvaje y bucanero”.

Este populismo incandescente no tiene otro destino que ingresar en un circuito de disolución moral; la corrupción es su moneda común y la mayoría de estos gobiernos cuenta con cientos de jerarcas marxistas que, reivindicando la lucha de clases para derrotar al capitalismo, han decidido hacer su propio capital, simplemente, robando.

La honestidad, era y es, lo mínimo que alguien puede exhibir tanto en la esfera privada como en la pública; sin embargo, en este “solidario” club exclusivo del nuevo escenario regional, se asesinan fiscales, se censura a la prensa, se inventan conspiraciones, se encarcela a la oposición, se roba para la “Corona” con valijas que viajan repletas de dólares y se mira para el costado cuando los revolucionarios “compañeros” de países vecinos son condenados a años de cárcel por robar la plata del pueblo.

Y así vemos, como termina desfilando ante los Poderes Judiciales de la región una extraña asociación de ladrones de cuello duro y ladrones de callos duros sin que entre ellos se encuentre diferencia alguna.

Una historia verdadera nos deja el mejor mensaje. En el XX Congreso del Partido Comunista, Nikita Khruschev daba cuenta de los mil crímenes atribuidos a Stalin (el Gran Conductor). Un papel escrito a mano pasaba como quemando entre los miles de delegados hasta que llegó a poder del orador. Khruschev se detuvo y leyó en voz alta lo que estaba escrito en él: “Si ustedes sabían todas esas cosas, por qué las permitieron? ¿Por qué no las denunciaron?”

Un pronunciado silencio se instaló en el auditorio. Entonces, Khruschev preguntó en voz alta “¿quién escribió esto? ¡Que se ponga de pie!”, insistió. El silencio fue la respuesta. Entonces, comentó en un tono más bajo, pero para que se oyera: “Bien; las mismas razones que tiene el autor de este mensaje para no asumir su responsabilidad, las teníamos nosotros, los que rodeábamos a Stalin, para callarnos la boca”.

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