Sergio Abreu
Sergio Abreu

Una alternativa, un partido

El expresidente Mujica insulta, utiliza el lenguaje más procaz, opina sobre todo y se cree inimputable. Pero cuando una pintura ejerce la libertad de interpretarlo, el “viejo anarquista” confeso, reclama límites que no conoce ni nunca respetó; al tiempo que su señora -senadora ella- lanza improperios propios de las épocas en que ambos hacían hablar a la “tartamuda” en su lenguaje de plomo.

El expresidente Mujica insulta, utiliza el lenguaje más procaz, opina sobre todo y se cree inimputable. Pero cuando una pintura ejerce la libertad de interpretarlo, el “viejo anarquista” confeso, reclama límites que no conoce ni nunca respetó; al tiempo que su señora -senadora ella- lanza improperios propios de las épocas en que ambos hacían hablar a la “tartamuda” en su lenguaje de plomo.

Por otro lado, la prensa ha hecho público que los coordinadores de Desarrollo Social y Cultura de Salto festejaron la muerte del expresidente Batlle, lo insultaron soezmente, y concluyeron, para no dejar lugar a dudas, que lo “peor” es que aún viva el expresidente Sanguinetti. En otros tiempos (más allá de las disculpas de su Partido) estarían en sus casas, por lo que permanecer en sus cargos constituye un lamentable mensaje para la reconocida cultura del pueblo salteño.

Pero también hacia el exterior se extiende el conflicto entre los partidarios de un TLC con China y los que desde las sombras conspiran contra su concreción. Y, por si fuera poco, se agrega que en la región el dictador Maduro sigue protegido por el Frente Amplio así como el sandinista presidente Ortega -violador de su hijastra- que aspira a ser reelecto una vez más.

El doble discurso es escandaloso. Basta recordar la reacción ante los inexistentes “golpes de Estado” en el Paraguay y Brasil liderada por el Frente Amplio y la “cancillería” del Pit-Cnt frente a la conducta de los mismos actores ante las dictaduras de los hermanos Castro y de Nicolás Maduro. Estos déspotas todavía son considerados ejemplos de democracia, igualdad social y respeto por los derechos humanos.

La dualidad es tan flagrante que la ciudadanía colombiana expresó, con su voto y su indiferencia en el último referéndum, que no hay paz creíble y duradera cuando tan “calificados padrinos” son los garantes del proceso.

Es lógico, por lo tanto, que la política doméstica sea un reflejo de ese multicolor escenario. De ahí se derivan los reclamos de tanta gente que, disconforme con el gobierno, quiere respaldar a otros partidos y candidatos siempre que “ganar valga la pena”.

En esa línea, el Partido Nacional debe unificar criterios y cada sector tiene que contribuir a consolidar la voz partidaria, teniendo en cuenta que hasta el propio gobierno con conflictos en su “madriguera” trata de comportarse como fuerza política a pesar de sus diferencias.

Hay que insistir, una y otra vez, en que la Constitución se viene transformando en un librito secundario que se hace valer solamente cuando la Justicia (a la que se quiere limitar) se pronuncia restableciendo derechos que desde las alturas han sido vulnerados sin la menor prevención o cautela.

En consecuencia, rescatar la vigencia de la divisa que da sentido a nuestro compromiso partidario es lo primero. Y eso porque cuando se representa a los “Defensores de las leyes” el Partido se eleva sobre las figuras más resonantes de su historia, tomando lo mejor de ellas y de las otras colectividades.

Las nuevas generaciones deben asumir que el Estado de Derecho y la libertad son los pilares básicos que dan sentido histórico al Partido Nacional. Por esa razón, todo dirigente tiene la obligación de asegurar la tolerancia interna y privilegiar la expresión partidaria. No hay espacio para aisladas aventuras personales.

El ejemplo de la Educación es claro. Tenemos que empezar por reconocer que en ella, como en la Seguridad, todos tenemos nuestros fracasos, sin perjuicio de la responsabilidad de los gobiernos frenteamplistas. Estos, disponiendo de mayorías legislativas, cedieron a las presiones sindicales y comprometieron valores que como la familia y el respeto hacían a la esencia de nuestra sociedad.

Por tanto, un ministro más o un ministro menos convocado apenas se ve como una batalla parlamentaria más con resultado conocido. Así, al ejercer el control, la oposición tiene que fijar la idea de que una sociedad mejor, más segura, más educada y más tolerante solo puede construirse a través de diálogos partidarios. De lo contrario, el oportunismo o el amor propio de los intransigentes nos hará recordar a Hobbes en su idea de que el hombre ante sus semejantes puede llegar a ser una fiera en su lucha por el poder.

No es bueno alcanzar el gobierno porque el Frente Amplio se desgasta. Como colectividad política tenemos que mostrar lo mejor de nuestro Partido, en dirigentes, propuestas, contenido ético y programático; sobre todo porque las pocas veces que gobernó dejó la marca de su modernidad y capacidad de gestión.

No todos tienen el compromiso con la libertad que distingue al Partido Nacional. Y ello se percibe. Por eso, es tiempo de recuperarla en toda su extensión para evitar que nuevamente algunos iluminados nos prometan la igualdad pidiendo a cambio toda o parte de esa libertad.

Derrotar a un mal gobierno no es una tarea tan difícil, pero ser la alternativa de un gobierno más que una victoria es un honor. Si no se colma tanta esperanza acumulada los únicos responsables seremos nosotros. No podemos permitir que el país profundice su retraso y que con él, los Partidos y el sistema político se vuelvan viejos. 

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