Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

El lugar de Brasil

Las elecciones presidenciales de octubre van a abrir un espacio para discutir el lugar de Brasil en el mundo y su posible influencia en el escenario internacional.

Como telón de fondo se debe reconocer que América del Sur está en la periferia de las transformaciones económicas y tecnológicas; está lejos de los principales centros dinámicos de comercio (Asia) y, por ahora, no está contaminada por la amenaza terrorista y las grandes crisis sociales, guerras y refugiados (Europa y Medio Oriente); en compensación, está más cerca de la principal potencia militar, económica, financiera, comercial y política con enormes incertidumbres (Donald Trump) en los próximos años (EE.UU.).

Encontrar el lugar y la voz que debe tener en el mundo, compatible con el papel de una de las diez mayores economías globales, es una prioridad impostergable para Brasil. Urge la definición de los intereses reales del país. ¿Cómo posicionarse frente al sistema liberal internacional y al nacionalismo económico? ¿O qué quiere Brasil de las relaciones con Estados Unidos, con China, con la Unión Europea, con los vecinos sudamericanos, con el Mercosur y con los Brics? Esas definiciones no deberán ser fáciles por la división existente hoy en la sociedad brasileña.

Gran parte del gobierno, del sector empresarial y de la comunidad académica están aún presos a conceptos y percepciones superadas. No hubo hasta ahora una renovación en el pensamiento estratégico. Como insertar a Brasil en ese nuevo orden internacional en mutación con nuevos conceptos y nuevas maneras de ver lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Brasil está aislado de las negociaciones comerciales globales y atrasado en la absorción de innovaciones y tecnología. Ha crecido menos que la economía global. Por todo eso, la discusión sobre la apertura de la economía ya empezó. El Mercosur en los últimos 15 años negoció tres acuerdos comerciales con Israel, Egipto y la Autoridad Palestina. La situación comienza a revertirse con los entendimientos con la Unión Europea, que se espera puedan estar concluidos hasta fin de año y con Canadá y la Asociación Europea de Libre Comercio (conocida por sus siglas en inglés EFTA).

Para discutir lo que Brasil puede aspirar en el nuevo escenario internacional de grandes y rápidas transformaciones, deberán considerarse aspectos políticos, comerciales, económicos y tecnológicos. En especial, integrar a Brasil en los flujos dinámicos de comercio exterior y de la economía global (lo que significa ampliar la competitividad de la producción nacional con la simplificación de los procesos decisorios y regulatorios); poner fin al aislamiento de Brasil en los entendimientos comerciales con la ampliación de las negociaciones bilaterales y con mega bloques, como la Unión Europea y aún con Asia; promover la apertura gradual de la economía y la modernización de las reglas y reglamentos para aproximarlos de padrones internacionales; asumir mayor protagonismo en América del Sur, con políticas proactivas para agilizar el Mercosur y fortalecer la integración económica y comercial en la región; reducir el papel del Estado, aprobar reformas estructurales (tributaria, de seguridad social) y proyectos de infraestructura que refuercen la competitividad de la economía y de la producción nacional; definir políticas para atraer inversiones en áreas de interés estratégico para promover las industrias con ventajas comparativas y para aumentar las exportaciones.

Brasil está saliendo de la crisis económica más grave de su historia, después de una profunda recesión que dejó casi 14 millones de desempleados. En los dos últimos años, la economía se estabilizó, la inflación en torno al 3% y la tasa de intereses en 6,26% van a permitir que en 2018 la economía crezca 3%. En caso de que el nuevo gobierno mantenga la autoridad fiscal y profundice la reforma del Estado, la tributaria y la de seguridad social, podrá crear las condiciones para que Brasil pueda reducir el déficit fiscal y crecer de manera sustentable con tasas mayores al 3% de este año.

Así como ocurre con la política económica, la discusión sobre el papel de Brasil en el mundo y la definición de lo que queremos en nuestras relaciones externas, va a estar en la agenda de la elección presidencial.

La elección de octubre próximo será un divisor de aguas. Los electores van a decidir entre dos modelos de desarrollo: el Brasil abierto, inserto en el escenario internacional y avanzando en las reformas modernizadoras con la vuelta de crecimiento sustentable y del empleo o el neo-desarrollismo, con el fortalecimiento al mercado interno, el abandono de las reformas y el cierre de la economía y la profundización de la crisis fiscal y la caída del crecimiento.

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