Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

Futuro del Mercosur

La discusión sobre el futuro del Mercosur se volvió urgente. No se trata de un debate teórico en el vacío: hay una situación real que tiene que ser examinada a la luz de los intereses concretos del gobierno y el sector privado.

En la última reunión presidencial realizada en Argentina en julio pasado, los gobiernos tomaron la decisión de rever la política actual para hacer del Mercosur nuevamente un instrumento de apertura comercial, de acuerdo a lo previsto en el Tratado de Asunción. Las principales decisiones tomadas por los presidentes se enfocaron en las reglas económicas, el recorte de las instituciones y estudios preliminares para permitir que a partir del próximo año haya una efectiva reducción de la Tarifa Externa Común (TEC) promedio (hoy 14%) a niveles que sean similares al promedio global.

La política económica y comercial del nuevo gobierno argentino -incluso antes de ser conocida- pasó a ser una preocupación del gobierno brasileño. Según se ha informado, el gobierno estaría considerando la suspensión de Argentina y habría llegado a evaluar el impacto de la salida de Brasil del Mercosur, en caso de que las medidas proteccionistas de nuestros “hermanos” sean contrarias a las medidas de apertura de la economía y a la ampliación de la negociación externa del Mercosur.

Sin entrar en el análisis de las consecuencias comerciales para Brasil, la intención de la salida de Brasil o de la suspensión de Argentina y aún la reducción de la TEC y la transformación de la Unión Aduanera en área de libre comercio, parecen desconocer las reglas incluidas en el Tratado de Asunción, que creó el bloque regional, y otros documentos importantes.

En la hipótesis de denuncia del Tratado o de cualquier modificación, todos los países miembros (Argentina, Paraguay y Uruguay) deben aprobarlas, de acuerdo con las disposiciones incluidas en los artículos 21 y 22 del Tratado de Asunción, en el artículo 50 del Protocolo de Ouro Preto (que creó la Unión Aduanera, con la definición de la TEC) y en el artículo 18 del Acuerdo de Complementación Económica.

De esa manera, las modificaciones sustantivas del funcionamiento del Mercosur no entran en vigencia inmediatamente, ni pueden ser tomadas unilateralmente por cualquier miembro del bloque, bajo pena de representar el incumplimiento del Tratado de Asunción.

En términos concretos, esas modificaciones tendrán que ser aprobadas por todos los países miembros, después de ratificada la modificación del Tratado de Asunción. Eso significa que para salir del Mercosur se deberá enviar una comunicación por escrito a los demás países miembros dentro de los 60 días. Transcurrido ese período, cesarán todos los derechos y obligaciones previstos en el Tratado, con excepción del programa de liberalización y de la TEC. Después de que el pedido sea aprobado por todos los países miembros, la TEC aún continuará vigente por dos años a partir de la formalización del pedido de salida o de la eliminación de la TEC.

La voluntad política que permitió la creación y la evolución del subgrupo regional hasta aquí, debería prevalecer y el Mercosur debería mantenerse como una unión aduanera. Ni la salida de Brasil del bloque, ni su retroceso a un área de libre comercio van en la dirección de los intereses nacionales, tanto desde el punto de vista económico-comercial, como de política externa.

El determinismo geográfico de la vecindad es un factor que el gobierno brasileño tendrá que tener en cuenta por encima de las consideraciones ideológicas. Los dos países ya pasaron por serias crisis superadas por el pragmatismo y los intereses concretos.

Actualmente no hay una crisis con Argentina. Hay diferencias ideológicas y provocaciones de ambos lados, que no pueden contaminar la relación civilizada entre los dos países, como sucedió durante el gobierno militar entre Figueiredo y Alfonsín y, más recientemente, entre Dilma y Macri.

Los empresarios de los dos países están preocupados con la escalada ideológica de cada lado. La Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) emitió una nota en apoyo del Mercosur, resaltando que los problemas de funcionamiento del bloque deben superarse de manera consensuada entre todos los países miembros. Argentina es el principal mercado brasileño para productos manufacturados y, por eso no se puede ignorar el impacto sobre el sector industrial, en especial el automovilístico y de línea blanca.

En vez de pensar en la salida del Grupo o la suspensión de Argentina, después de conocerse el lineamiento de actuación del gobierno de Alberto Fernández, cabría una actitud de moderación y de consultas bilaterales a nivel técnico. A Brasil le interesa una Argentina que vuelva a crecer, estable política y económicamente. Parece difícil que Brasilia pueda adoptar una posición ideológica radical con relación al Mercosur sin un amplio debate con la sociedad y con el Congreso Nacional.

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