Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

Elecciones en EE.UU.

Durante mi reciente viaje a Estados Unidos pude acompañar de cerca las primarias de las elecciones presidenciales en noviembre de este año.

Durante mi reciente viaje a Estados Unidos pude acompañar de cerca las primarias de las elecciones presidenciales en noviembre de este año.

El sentimiento de frustración y desesperanza, sobre todo de la clase media, blanca, que fue la que más perdió durante la crisis económica que sufrió EE.UU. hace algunos años, se hace evidente por la crítica generalizada a la clase política, a los intereses de los grupos económicos y, en especial, a los liderazgos partidarios (“establishment”) de Washington. El populismo ganó espacio en la sociedad norteamericana. Es muy similar a lo que ocurre hoy en algunos países sudamericanos por las prácticas poco éticas de muchos políticos, por la ausencia de un debate serio sobre el futuro del país, por la falta de liderazgo firme en el gobierno y en la oposición.

En vez de enfocarse en los problemas sociales, económicos y de política externa en el país más poderoso del mundo, incluso el tema de los inmigrantes ilegales, de la nueva ola de refugiados de Oriente Medio y la percepción de una amenaza terrorista, está volcada al violento intercambio de pesadas acusaciones entre los candidatos dentro de sus propios partidos. La sociedad norteamericana está dividida y radicalizada. El Congreso, de mayoría republicana, es disfuncional por la parálisis resultante de la radicalización en la actuación del bipartidismo. La división en las bases ideológicas paralizó las iniciativas del gobierno demócrata que dependían del Congreso, lo que no impidió que el liderazgo del presidente Obama pudiese defender los intereses nacionales y consiguiese, sin el apoyo del Legislativo, terminar las negaciones del acuerdo comercial más importante con los países asiáticos, del histórico acuerdo sobre el programa nuclear con Irán, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba y de la reglamentación de la venta de armas.

En enero, en su discurso ante el Congreso (“State of the Union”), Obama hizo un valiente relato de las enfermedades políticas de Washington y pidió una reforma del sistema político del su país: “Tenemos que reducir la influencia del dinero en la política por medio de la modificación de las reglas de financiación de las campañas para evitar que un puñado de familias e intereses oscuros controlen las elecciones… Esos cambios solo ocurrirán cuando el pueblo exija los cambios en el proceso político”.

En las primeras 15 elecciones primarias, más que programas y visiones de futuro, lo que se ve y escucha son ataques personales cada vez más intensos dentro de cada uno de los partidos. Por el lado republicano, las candidaturas de Donald Trump, multimillonario y exitoso empresario, y Ted Cruz, senador por el estado de Texas, las más reaccionarias y conservadoras, están en el liderazgo con un discurso radical contra los inmigrantes, mexicanos, mujeres, musulmanes, contra el terrorismo y contra todo lo que el gobierno Obama representa en términos políticos, económicos, sociales y de política externa. “Trump representa una amenaza a los valores conservadores”, repiten algunas figuras de proa de la dirección de los partidos en los programas de radio, televisión y prensa escrita, y que intentan de alguna manera contener su victoriosa campaña por medio de acciones poco republica- nas. El apoyo de SarahPalin, miembro del Tea Party, facción ultraderechista de los republicanos y candidata a la vicepresidencia en las elecciones de 2008, acentuó la radicalización electoral. En el Partido Demócrata, Hillary Clinton, favorita para una victoria considerada fácil, enfrentó la oposición de un senador socialista, Bernie Sanders, de un estado pequeño, de quien uno de sus adversarios dijo ser un candidato perfecto para Suecia…

Los resultados hasta ahora son un indicio de lo que podrá suceder en los próximos meses. El campo quedó reducido a tres candidatos republicanos (Ted Cruz, Donald Trump y Marco Rubio, senador por el estado de Florida) y la demócrata Hillary Clinton. Trump, que lidera las encuestas a nivel nacional, tiene grandes posibilidades de consagrarse candidato de su partido en la convención de julio. Visto por muchos como un oportunista, el fenómeno Trump puede ser explicado por la facilidad de comunicación con los medios, especialmente en TV, por la reacción a las desgastadas posiciones políticamente correctas al adoptar un discurso desabrido, directo, sin medias palabras sobre todos los temas, que galvanizó las audiencias conservadoras en todo el país, y por el desencanto de los electores con la clase política de Washington, vista co-mo ineficiente y corrupta.

El mundo sigue con atención y perplejidad la mayor campaña electoral del mundo por las consecuencias extremadamente negativas que tendría tanto para EE.UU. como para la comunidad internacional, si la agenda republicana xenófoba, aislacionista y anticomercio internacional llegara a prevalecer.



(*) Rubens Barbosa, presidente del Consejo de Comercio Exterior de Fiesp [Federación de Industrias del Estado de San Pablo].

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