Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

28 años después

El Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Venezuela está suspendida), cumplió 28 años el pasado 26 de marzo. De acuerdo al Tratado de Asunción, el grupo comercial tiene como objetivo la apertura de mercados y el libre comercio.

Como una unión aduanera, los países deberían tener un intercambio libre de restricciones y barreras entre sí y una tarifa externa común con relación a otros socios.

En sus casi tres décadas de existencia, el proceso de integración de los países del cono sur alternó períodos de fuerte expansión y estagnación, tanto desde el punto de vista económico, como institucional, acompañando, en la mayoría de los casos, las oscilaciones en el comportamiento de las economías de Brasil y Argentina. En general, desde el punto de vista del sector privado, el ejercicio fue positivo.

Después de 28 años, algunos productos como el azúcar y los automóviles aún no están incluidos en el Mercosur. El año pasado se sacaron casi 90 por ciento de las 78 trabas que existían en el comercio intrabloque. En ese período se firmaron solamente cuatro acuerdos de libre comercio (la OMC registra más de 250) y la tarifa externa común se aplica en menos del 40 por ciento de todos los productos.

En los últimos años, se enfatizaron las discusiones de cuestiones políticas y sociales en detrimento a los objetivos comerciales del bloque, transformando al Mercosur en un foro de discusiones que poco tenía que ver con las transacciones comerciales.

Los acuerdos sobre residencia, trabajo, seguridad social, integración educativa y turismo, de ese período son positivos, pues representan un beneficio para los países y sus ciudadanos, pero no tienen nada que ver con los objetivos iniciales del Mercosur.

Recientemente, se buscó que el Mercosur volviera a sus orígenes, reducir los obstáculos y las reducciones existentes de modo a recomenzar las negociaciones de acuerdos con terceros países. Ahora se busca fortalecer el Mercosur, ampliar las negociaciones con otros países, pero también flexibilizar el Tratado y hay propuestas para bilateralizar las negociaciones, sin que quede claro lo que eso quiere decir.

Se propuso la reducción gradual de la Tarifa Externa Común (TEC) con el objetivo de llegar a un nivel cercano al promedio global para cada una de las tarifas, con la expectativa de que hasta fin de año se pueda llegar a una decisión.

Como en ocasiones anteriores, hoy la dificultad para una mayor apertura en el ámbito del Mercosur está en la grave situación económica argentina y en las medidas que van a contramano de las intenciones liberales para el grupo.

Los próximos pasos a seguir por los gobiernos de los países miembros en 2019 serán cruciales para el futuro del Mercosur.

Después de tantos años, no se podrá posponer más una evaluación del funcionamiento de los mecanismos institucionales y de las políticas del grupo si es que se quiere mejorar y profundizar el proceso de integración entre los países miembros. El Protocolo de Ouro Preto, que creó la Unión Aduanera, prevé en su artículo 47 que los países miembros podrán convocar una Conferencia Diplomática con esa finalidad. Sería un error no realizar esa Conferencia antes de fin de año para un sinceramiento entre los socios del Mercosur.

Al mismo tiempo, deberían profundizarse los entendimientos entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico para la facilitación del comercio, la armonización de los reglamentos y la negociación de reglas que complementen el área de libre comercio que está siendo creada en 2019 con la reducción de las tarifas a cero para casi la totalidad de los bienes negociados entre todos los países sudamericanos. Además, frente al impasse en las negociaciones con la Unión Europea, en caso de que no se completen las negociaciones hasta fin de año, el Mercosur debería pensar seriamente en terminar los entendimientos.

La agricultura continúa siendo un problema para la UE, como quedó evidenciado con la salida del sector agrícola de las negociaciones comerciales en curso entre Bruselas y Washington. El flujo de comercio no sería afectado, quedaría en evidencia el desequilibrio del acuerdo y demostrado el desinterés de la UE. Al mismo tiempo, los países miembros del Mercosur deberían volcarse más hacia Asia y proponer la adhesión al Acuerdo Transpacífico (TPP, en inglés), acuerdo que incluye a Japón, Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Singapur, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú y Vietnam.

Con eso el Mercosur negociaría de una sola vez con once países, nivelaría las preferencias tarifarias y eliminaría las ventajas de los productos de esos países que disputan el mercado asiático con nuestros productos agrícolas, como la soja y el maíz, entre otros.

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