Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

Amazonia y la 5G

Cada vez más, los países tendrán que enfrentar en su economía los impactos de decisiones tomadas en el exterior, sobre las cuales no tienen influencia.

Los efectos negativos de la pandemia continuarán afectando el crecimiento de la economía global y del comercio internacional con renovadas amenazas proteccionistas. Surgirán nuevas prioridades como la preocupación con el cambio climático y la desigualdad. Incertidumbres y desafíos internos y externos serán pruebas que deberá enfrentar Brasil en 2021. Dos asuntos serán cruciales para definir proyecciones más positivas de crecimiento económico en la década que comienza: la ratificación del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea (UE) y la decisión sobre la implantación de la tecnología 5G.

Tanto la firma del importante acuerdo de libre comercio con la UE, como su ratificación dependerán de la percepción externa sobre el cumplimiento por parte de Brasil de los compromisos asumidos en los acuerdos de medio ambiente y cambio climático firmados desde 1992, y sobre la fiscalización y represión de actos ilícitos de deforestación, incendios y explotación minera en la Amazonia.

Más recientemente, la UE comunicó a los países miembros del Mercosur su intención de firmar una declaración conjunta, que se anexaría al acuerdo, definiendo los compromisos ambientales y sociales de los dos bloques para reforzar la confianza de los países europeos en cuanto a la posición del Mercosur, en especial de Brasil sobre la Amazonia.

En 2021 deberán realizarse dos importantes reuniones relacionadas con el Acuerdo de París sobre el cambio climático en Glasgow, Escocia, y sobre Biodiversidad en China, lo que abre oportunidades para que Brasil muestre los avances en lo referente a la Amazonia.

Argentina en el primer semestre y Brasil en el segundo semestre tendrán que actuar fuertemente ante los líderes políticos y los parlamentos para hacer que el acuerdo pueda ser firmado y ratificado.

En lo que concierne a la tecnología 5G, Brasil está en la incómoda posición de haberse colocado entre Estados Unidos y China en la creciente confrontación estratégica entre las dos mayores economías del mundo y sus dos mayores socios comerciales. La disputa entre las dos superpotencias por la hegemonía económica, comercial y tecnológica global continuará en las próximas décadas y ganará nuevas características con el gobierno Biden a partir de enero.

Como la confrontación no tiene las mismas características ideológica y bélica de la vieja disputa entre EE.UU. y la Unión Soviética, la importancia de la sociedad comercial con China por parte de muchos países ha hecho que Alemania, Japón, Indonesia, entre otros, busquen equilibrarse sin tomar partido de un lado o del otro en cuanto a la definición de la tecnología 5G, a pesar de la presión norteamericana.

El 55% de las mayores economías ya adoptaron la tecnología china, mientras aún hay un número elevado de países del grupo sin decisión formada sobre el tema. Alemania llegó a elevar al Parlamento una ley de seguridad de redes que permite el uso de la tecnología de Huawei en redes 5G a cambio de garantías de la empresa china sobre la protección de las informaciones en sus equipos. Para Brasil, la tecnología 5G será importante especialmente para permitir la modernización de la industria cuyo desarrollo se vio afectado por las dificultades económicas internas y por la pérdida de competitividad. Apenas el 10% de la industria brasileña puede ser considerada en el estado de la cuarta revolución industrial (4.0). Las redes particulares propiciadas por la 5G facilitarán el proceso de recuperación y actualización de la industria local con beneficio para la economía y para las exportaciones brasileñas.

El actual gobierno tendrá la responsabilidad de adoptar las medidas correctas en política ambiental y cambio climático para permitir la ratificación del acuerdo de libre comercio.

En caso contrario, la creciente demanda de los gobiernos, pero ahora también del sector privado, en especial de las grandes empresas e instituciones financieras y de los consumidores sobre la preservación de la Amazonia, tendrá medidas contrarias a los intereses nacionales: el agronegocio perderá ante las restricciones a las exportaciones y los boicots a los productos brasileños, proyectos de interés del gobierno serán perjudicados por la suspensión de financiación para las empresas interesadas.

La responsabilidad por una decisión ideológica y geopolítica, en el caso de la 5G, tendrá consecuencias por el atraso de dos a tres años en la utilización de una tecnología que va a revolucionar al mundo y por el costo de millones de dólares que el cambio de infraestructura existente va a traer para las empresas de telecomunicaciones y para los consumidores.

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