Rubens Barbosa
Rubens Barbosa

La agonía de la OMC

Las grandes y rápidas transformaciones en el escenario internacional en el campo político y económico dejaron, de cierta manera, su marca en las instituciones multilaterales. La Organización Mundial del Comercio (OMC) no fue la excepción en la crisis general del multilateralismo.

Las grandes y rápidas transformaciones en el escenario internacional en el campo político y económico dejaron, de cierta manera, su marca en las instituciones multilaterales. La Organización Mundial del Comercio (OMC) no fue la excepción en la crisis general del multilateralismo.

La complejidad de las negociaciones internacionales, la diversidad de intereses entre los 160 países miembros y las dificultades generadas por el proceso decisorio, han imposibilitado el avance real y la conclusión de la Ronda de Doha. La OMC ganó mandato para intentar en un año retomar las negociaciones de la Ronda de Doha, pero fracasó.

Si a eso se le agrega el desinterés de los EE.UU. y de la Unión Europea en discutir fórmulas multilaterales para otorgar la apertura de mercados y la liberalización comercial, queda explicado el final melancólico de las negociaciones de los ministros de comercio exterior en Bali.

A pesar de las evaluaciones iniciales positivas, los acuerdos alcanzados (facilitación del comercio, medidas en el área agrícola para garantizar la seguridad alimentaria e incentivos a países más pobres) no fueran suficientes para salvar la agenda para el Desarrollo creada en Doha, en 2002, ni para resucitar la credibilidad de la OMC como foro de negociaciones globales.

El limitado resultado de Bali prolongó la agonía de la OMC, que difícilmente conseguirá obtener la reducción del proteccionismo.
El acuerdo de facilitación del comercio, que tiene por objetivo simplificar los procedimientos aduaneros y la burocracia en las fronteras para las importaciones y exportaciones – que podría beneficiar más a los países desarrollados –, sería positivo para el sector privado del Mercosur, dado que, por ser obligatorio, forzará al gobierno a tomar medidas concretas de desburocratización.

Sin embargo, el reciente veto de India inviabilizó el acuerdo y trajo una crisis para la organización, amenazada de volverse irrelevante para el comercio internacional.

La organización tendrá que pasar por un profundo proceso de reforma institucional si quiere contar con el apoyo efectivo de los países desarrollados. El proceso decisorio consensual, como se hace evidente ahora, no se ajusta más al gran número de países miembros; los principios del tratamiento especial y diferenciado y la imposibilidad de acuerdos aislados (single undertaking) están siendo cuestionados.
Los acuerdos parciales multilaterales, que no involucren a todos los países miembros como hoy, tendrán que ser aceptados, incluso en lo que se refiere a las reglas OMC plus. Ese es el precio que los países en desarrollo tendrán que pagar.

Las nuevas formas de comercio internacional, basado en la integración de las cadenas productivas globales y de mayor valor agregado – agenda de la mayoría de los acuerdos bilaterales y de los mega acuerdos regionales de comercio – están siendo discutidas y negociadas fuera de la OMC.

Las reglas que regulan esos acuerdos – inversión, competencia, propiedad intelectual, servicios, de origen, compras gubernamentales – están siendo discutidas por grupos de países en Asia, por medio del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico y entre los EE.UU. y la Unión Europea. En el caso del acuerdo Trans-Atlántico, se están examinando también las reglas relacionadas con la estandarización de bienes y servicios.

Cuando esos acuerdos se concluyan, los productos agrícolas de Brasil y del Mercosur, que tienen en Europa su mayor mercado, pasarán a competir con los productos de los EE.UU., mayor potencia agrícola global, y con certeza reducirán sus exportaciones.

El fin de las negociaciones multilaterales de comercio en el ámbito de la OMC tendrá profundas consecuencias para los países del Mercosur. Para insertarse en las nuevas formas de comercio global en el contexto de las cadenas productivas, los países miembros del grupo deberán ajustarse, en el futuro, a las reglas que sean definidas sin su participación y que reflejen los intereses de los países desarrollados.

Lo que sucede en el mundo afecta directamente los intereses del sector productivo del Mercosur. Gobierno y sector privado deberán coordinarse para cambiar la actual estrategia de negociación comercial externa, influenciada por consideraciones políticas y partidarias.

Con la Unión Europea, cuyas negociaciones han durado más de doce años, según se anuncia, habría habido acuerdo entre los gobiernos de los cuatro países y estaría pronta una propuesta para que se inicien los acuerdos entre Bruselas y los países miembros del Mercosur. Espero que esta sea la situación real, aunque tengo dudas.

Finalmente, por lo menos en este caso, estamos viendo más pragmatismo y menos consideraciones ideológicas por parte del Mercosur.

* Rubens Barbosa, presidente del Consejo de Comercio Exterior de Fiesp de Brasil.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados