Roberto Vázquez Platero
Roberto Vázquez Platero

Las preguntas que no hacemos

La exportación de ganado en pie es noticia nuevamente, por las voluminosas exportaciones registradas en lo que va de 2018.

La discusión gira siempre alrededor de la misma pregunta: ¿debemos mantener la libertad o restringirla? Un estudio realizado el año pasado agregó un elemento a la discusión al calcular el valor agregado que se pierde por exportar animales vivos en relación a lo que hubiera ocurrido al engordarlos y exportar carne. Basado en más supuestos que realidades, el estudio concluyó que se pierden 320 dólares por cabeza.

No entraré en los detalles del trabajo pero es sorprendente que se concluya que hay una pérdida de valor a nivel de la invernada, sin explicar el supuesto de lo que ocurre con los recursos de tierra, trabajo, capital, etc. que se liberan al exportar animales de 280 kilos. El comercio mundial de animales vivos. Mirando lo que ocurre a nivel mundial podremos descubrir algunas preguntas más importantes que las que nos estamos haciendo.

En 2017 se comercializaron en el mundo más de 10 millones de vacunos vivos, por lo que la exportación uruguaya no llega al 3% del total. Unos 4 millones de cabezas se mueven en la Unión Europea donde se destacan las exportaciones de Francia y Alemania y las importaciones de Italia, España y Holanda. Otros 2 millones de cabezas se mueven entre los tres países del Nafta, donde sobresalen la exportación de terneros del norte de México para ser engordados en feedlots del sur de EE.UU. y las exportaciones de Canadá a EE.UU., tanto de ganado terminado como destinado a feedlots.

Lo importante de estos dos circuitos es que existe libertad de comercio (sin ningún tipo de regulación discrecional) y que dado el alto grado de integración de las respectivas ganaderías, determina gran estabilidad en los flujos, los que a su vez van "modelando" la estructura de los rodeos de cada país individual. Un tercer circuito de importancia corresponde a la demanda de los países ubicados al sur y este del Mediterráneo, que importaron 1,6 millones de cabezas en 2017. El mayor importador de esa región es Turquía con 750.000 cabezas el año pasado, siendo Uruguay su mayor proveedor, seguido por Brasil y la UE. Este destino es casi el único de significación.

El mercado de Turquía, a diferencia de lo que ocurre en la UE y el Nafta, es totalmente intervenido por regulaciones estatales e importa animales en pie por decisiones políticas, a través de aranceles diferenciales y autorizaciones de importación estatal. Lo hace para reducir los altos precios de la carne y para defender a sus productores que ven en las importaciones de carne, un enemigo mucho más temible que la entrada de animales en pie como herramienta para bajar precios.

Tenemos una exagerada dependencia de Turquía y las razones que justifican la importación; políticas discrecionales y coyunturas económicas pueden cambiar y es posible que esta corriente se interrumpa en algún momento en el futuro.

Entonces, dado que como lo ha señalado el Ing. Ignacio Buffa con claridad, la exportación en pie está cambiando la estructura del rodeo nacional, aumentando la proporción de vacas de cría, la interrupción súbita de las exportaciones tendría un impacto muy negativo e importante sobre nuestra ganadería.

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