Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Unidos y fuertes

Our World in Data” muestra la cantidad de vacunas suministradas en cada país por cada 100 personas. Los primeros cinco países en el mundo son: 1º) Emiratos Árabes 1,1, 2º) Uruguay 0,88, 3º) Chile 0,86, 4º) Estados Unidos 0,82 y 5º) Reino Unido 0,81.

Estoy en una franja etaria que espera le empiecen a convocar para vacunar. Somos gente que vio pasar agua bajo el puente y que ante la irrupción súbita del COVID 19 en el mundo y el país, admira la celeridad con la que se organizó a la sociedad frente al hecho. Atendiendo al esfuerzo colectivo que conoce de un sin par despliegue sanitario, a la intervención eficiente de las fuerzas armadas distribuyendo las vacunas, y a la presencia policial. Que no solo ha evitado criteriosamente desbordes sociales sino que -además- ha sacado a la seguridad pública de la agenda como tema principal y viene asestando contundentes golpes al narcotráfico que decían invencible. Lo mencionado se dice fácilmente pero nadie puede ignorar exige una movilización de recursos colectivos inesperada y complicada de implementar.

En horas aciagas para su patria ocupada por los nazis el general De Gaulle decía a su gente “al final de nuestro dolor está la mayor gloria del mundo la de los hombres que no se rindieron”. No estamos en guerra pero enfrentamos un virus que causa estragos humanos y materiales como si fuese una conflagración. Y, la ciudadanía intuye la necesidad de una conducción política única, el respeto por las opiniones de la ciencia, y el comportamiento perceptible del personal sanitario, militar y policial. Ocupando la primera línea de fuego médicos y personal de la salud que no se rinden.

Desde el 1º de marzo de 2020, al instalarse el nuevo gobierno nacional impulsado por una coherente coalición republicana, tiene a su frente agitadores impenitentes que en el campo político y sindical, hijos de una misma orientación “ideológica” y desconociendo la autoridad de los pronunciamientos mayoritarios del Parlamento libre se renuevan en la protesta y la demagogia. Aunque indeseable, ello era previsible al igual que la generosa oportunidad de publicidad que le regala el “periodismo compañero”. Vienen de superar lo tolerable. Un grupo de médicos, desde posiciones individuales que ocupan en la dirección de su gremio, arraigados en la vanguardia disolvente -está documentalmente probado- vienen de organizar una campaña artera, tendiente a aumentar la angustia popular. Alentando intervenciones individuales planificadas de colegas correligionarios destinadas a exagerar la dimensión de las dificultades de asistencia que enfrentamos, alarmando a la población. Vanguardia de esta acción notoriamente han sido el Dr. Gustavo Grecco y la Dra. Zaida Arteta, presencia frecuente en los medios, cuyas intervenciones trasuntan inocultable inspiración de odio.

No aportan nada y piden una cuarentena masiva sin sugerir cómo se hace. Tiranías brutales han llegado a cerrar la puerta de salida a los edificios de apartamentos con custodia militar. Otros han aplicado la receta con fracaso estrepitoso, como Argentina. Si este remedio sin prueba de éxito se aplicase, para cumplirle solo cabría al Gobierno nacional la aplicación de medidas prontas de seguridad, con suspensión de derechos individuales y un plan generalizado de represión ¿Esto quieren?

Ante la sinrazón recordemos siempre que luchando unidos somos fuertes.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados